Lo que pienso sobre la serie de Netflix que retrata a una esposa que necesita sexo

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En medio de la sequía de buenas series nuevas que estamos viviendo en el streaming, resulta inevitable no dar oportunidades a los estrenos semanales con la esperanza de encontrar la obsesión seriéfila de turno. ¿O no? Porque seamos sinceros, después de devorar maravillas como Mare of Easttown en HBO, El ferrocarril subterráneo en Prime y Feel Good en Netflix, los estrenos recientes no han conseguido estar a la altura en ninguna plataforma. Pues bien, en esa búsqueda diaria muchos caímos en las garras de Sexo/Vida, la nueva apuesta de Netflix que vuelve a explotar la vena erótica que tan bien le suele funcionar. Pero en esta ocasión, con tantos desnudos, secuencias sexuales y fantasiosas que Cincuenta sombras de Grey se queda corta.

Y si me atrevo a generalizar en la reacción plural del público (donde me incluyo) es porque el título lleva varios días siendo la serie más buscada de Netflix en Google, hay miles de tuits hablando de ella y desde hace una semana ocupa las primeras plazas del ranking de lo más visto en la plataforma.

Sin embargo, no estamos ante un argumento de calidad o recomendable, y aun así está provocando un enganche masivo. ¿Por qué? Fácil.

Sarah Shahi como Billie y Adam Demos vomo Brad en Sexo/Vida (Amanda Matlovich/Netflix ©2021)
Sarah Shahi como Billie y Adam Demos vomo Brad en Sexo/Vida (Amanda Matlovich/Netflix ©2021)

Sexo/Vida es una serie de ocho episodios que relata la fantasía sexual que Billie (Sarah Shahi), una madre de dos niños, comienza a tener con una relación de hace ocho años. Se trata de un ex llamado Brad (Adam Demos), un productor musical que la marcó a fuego, por la pasión y complicidad sexual que compartían, las experiencias y aventuras vividas, con desengaños, peleas y reconciliaciones intensas. Ahora está casada con un hombre ideal, el experto en inversiones Cooper (Mike Vogel), ha formado una familia idílica y disfruta de solvencia económica. En teoría, su satisfacción debería ser plena, sin embargo, de repente descubre que la perfección que le rodea no es suficiente. Que se ha perdido a ella misma en la rutina, en el papel de madre y esposa, y comienza a anhelar a la mujer que fue años atrás y al hombre con quien vivió su ‘yo’ más pasional. Así las cosas decide expresar sus pensamientos, deseos y fantasías en un diario íntimo que ¡oh sorpresa! su marido descubre en el ordenador. Y en ese momento todo cambia. Cooper descubre con lujo de detalles las experiencias sexuales que su esposa echa de menos con otro hombre. Comienzan los celos, la persecución, la obsesión por darle lo que quiere olvidando ser él mismo, mientras Brad reaparece como por arte de magia, volviendo a la vida de Billie en su momento más vulnerable.

Confieso que los dos primeros episodios me hicieron pecar de ingenua. Que la protagonista fuera una madre de dos niños pequeños (el segundo todavía es un bebé de pecho), con fantasías eróticas y deseos egoístas ajenos a su familia, me aventuró a creer que quizás estaba ante una serie dispuesta a derribar tabúes y romper una lanza a favor de la mujer. Que madre o no, ninguna deja de ser una persona independiente con sus propias necesidades. Pero cuánto me equivocaba. Esa apariencia de mujer real, indecisa e imperfecta, con sus propias dudas y deseos carnales más allá del rol como madre, pronto se convierte en un personaje agotadoramente tedioso y egoísta. Sus fantasías y deseos sexuales se transforman en la razón de su confusión, haciendo que la serie pierda ese rumbo prometedor de sus inicios para convertirse en una telenovela erótica.

Sarah Shahi como Billie y Adam Demos vomo Brad en Sexo/Vida (cortesía de Netflix ©2021)
Sarah Shahi como Billie y Adam Demos vomo Brad en Sexo/Vida (cortesía de Netflix ©2021)

En consecuencia, la calidad argumental brilla por su ausencia y Sexo/Vida sucumbe a la simpleza del grafismo sexual y los cuerpos perfectos como técnica infalible para cautivar a la audiencia. Y aquí encontramos la clave de su éxito: el sexo vende, más cuando es gráfico, prohibido, tabú o contra las normas sociales. La calidad de la trama es secundaria, es tan simple como eso.

Y para comprobarlo solo hay que ver la cantidad de reacciones que ha conseguido la serie en una semana en Twitter a pesar de las malas críticas y las bajas puntuaciones de usuarios (en RottenTomatoes el desaprobado es del 31% de los especialistas, y 40% del público y en Metacritic del 46/100 los primeros, y 5.5 los segundos). Como también observar que ha sido la serie de la plataforma más buscada en Google durante los siete días que lleva disponible:

Resultados de las búsquedas de Netflix en la última semana de Google Trends
Resultados de las búsquedas de Netflix en la última semana de Google Trends

Así como prestar atención al ranking de lo más visto en Neflix en los últimos días: #1, la cuarta temporada de Élite (con una obsesión juvenil preocupante por el sexo); #2, el nuevo reality sexual Jugando con fuego (donde concursantes en bañadores tienen que resistirse a no cruzar la tentación sexual mientras hacen juegos candentes) y #3, Sexo/Vida.

Y voilà, tenemos fenómeno evidente.

Ranking de Netflix al 2 de julio
Ranking de Netflix al 2 de julio

Entre los recuerdos sexuales de Billie, los encuentros deseados con el ex y los intentos de Cooper por ser un león sexual muy a su pesar, la serie termina por estar repleta de sexo. Básicamente hay más de una secuencia erótica en cada capítulo, con cuerpos desnudos a tutiplén, incluido el plano frontal de un miembro reproductor masculino que se ha convertido de las escenas más comentadas en redes.

En consecuencia, el fenómeno de Sexo/Vida responde más a una fórmula centrada en elementos de enganche infalible que forman parte de los deseos internos de cualquier ser humano (como el erotismo, la química sexual y fantasías), que en el esfuerzo por crear algo original genuinamente recomendable. En resumen, estamos ante un producto basado en potenciar la química y el sexo sobre la calidad y el argumento. Una conclusión a la que he llegado después de verla al completo ante la curiosidad que sentí por descubrir a qué se debía el fenómeno que estaba creciendo en redes.

Y fue precisamente el verla en su totalidad que descubrí una serie con escasez de diálogos interesantes, de superficialidad banal y ridiculez literal en su argumento (¿o a alguien le parece normal la videollamada que hace Brad para que Billie lo vea mantener relaciones con su mejor amiga sin el consentimiento de la chica? ¿o lo que sucede en la fiesta/orgía? ¿o el discurso que hace Cooper ante sus amigos en pleno acto escolar?). Pero el contenido sexual y la historia de un triángulo amoroso apelan a una curiosidad primaria que la convierten en un maratón inevitable. Un verdadero fenómeno para el estudio sociológico.

Incluso Netflix ha apelado a esta fórmula superficial para su campaña en redes recurriendo a la escena que más está dando que hablar. Hablo del plano frontal de un miembro masculino que sucede cuando el marido persigue a la fantasía de su esposa hasta un gimnasio, espiándolo en las duchas. Allí, Brad se da la vuelta y revela un órgano viril de tamaño considerable, llevando a Cooper a reaccionar con frustración golpeando la pared. Una secuencia cómica después de todo pero que no deja de colocar a los hombres bajo una lupa superficial e irrisoria. Netflix la utilizó para promocionar la serie, pidiendo a sus usuarios que comenten cómo reaccionaron al momento en cuestión.

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¿Qué pienso entonces de la serie? Que es superficial y banal, que tenía una base interesante para romper una lanza a favor de las madres con una apuesta que podría haber llevado su historia por una tangente más inteligente. Que por idealizar el rol sexual de la mujer cae en el terreno de la exageración obsesiva, convirtiendo a sus personajes en objetos sexuales que reprimen su inteligencia por egoísmo carnal.

Sin embargo, no deja de ser un fenómeno curioso y contradictorio. Como serie de calidad se lleva un desaprobado rotundo y no la recomendaría si alguien me pide títulos nuevos que ver estos días. Pero no puedo negar lo evidente, que estamos ante un éxito que se apoya en una fórmula infalible para lograr el enganche viral. Si bien me costó terminar los últimos episodios por el absurdo que inunda la trama a medida que avanza, llegado a ese punto quise saber cómo termina. Si Billie se decidía por Brad o se quedaba con Cooper, consecuencia directa de la química de sus personajes y el juego de fantasías que usa la historia.

Por eso, creo que el motivo de que haya enganchado y esté provocando tanta conversación, es muy sencillo: ocho episodios que recurren a la fantasía sexual invitándonos a evadir la realidad con una historia superficial sin profundidad. De esas para no pensar, con triángulo amoroso incluido, en pleno verano. Aunque la serie, en sí misma, deje mucho que desear.

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