La piel de este sapo puede darnos nuevos antibióticos

J Toledo y José de Toledo
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Uperoleia mjobergii, la especie de sapo australiano que genera un péptido antibacteriano en su piel.  Crédito: P. Doughty/WA Museum
Uperoleia mjobergii, la especie de sapo australiano que genera un péptido antibacteriano en su piel. Crédito: P. Doughty/WA Museum

Los animales nos protegemos de las enfermedades de maneras muy complejas. Y de muchas de ellas podemos aprender los humanos y sacarles un beneficio. Como por ejemplo, de las proteínas que genera un sapo australiano, con las que cubre su piel para protegerse del ataque de bacterias.

Porque eso es básicamente lo que ocurre: la piel del sapo genera un péptido, que no es más que una proteína de pequeño tamaño, que recubre su piel preparada para proteger al animal en caso de que alguna bacteria intente colonizar o parasitar al sapo.

¿Cómo lo hace? Esta es la parte interesante del artículo que ha publicado un equipo de investigación de Technion – Instituto de Tecnología de Israel y el Laboratorio de Biología Molecular (EMBL) de Hamburgo, Alemania que tiene una sede en España.

El péptido antibacteriano tiene una estructura espacial, una estructura 3D, muy particular. Cambia entre dos configuraciones, una con propiedades antibacterianas activas y otra inactiva. Como si se tratase de un interruptor, para entenderlo de manera sencilla.

Y cuando el sapo sufre un ataque, los péptidos se activan atacando la pared celular. Las bacterias tienen sus células recubiertas de una capa protectora, conocida como pared bacteriana. El péptido de los sapos ataca esta envoltura protectora de las bacterias y acaba con ella, y por lo tanto con la bacteria.

Interesante, ¿verdad? E inspirador. Por lo menos se espera que este péptido y su estructura sirvan de inspiración para nuevos fármacos. Conociendo el mecanismo de acción del péptido, se puede intentar copiar su función. Tanto para encontrar fármacos antibacterianos como en la lucha contra el cáncer.

Esto último queda más lejos, y es más complicado, pero resulta muy interesante. Si se consigue producir un péptido que viaje por el cuerpo inactivo, sin atacar células sanas, pero que se active y acabe con células tumorales, sería un gran avance contra el cáncer. Y el péptido de la piel del sapo australiano es un buen lugar para comenzar.

También se espera que este descubrimiento sirva para otra cosa: generar un recubrimiento para materiales que tengan que ser estériles. Pensemos en una prótesis. Hay que conseguir que la prótesis esté libre de bacterias, porque si no, al implantar la prótesis en un paciente se puede causar un grave problema. Y estos péptidos de los sapos podrían generar una capa protectora sobre la prótesis igual que lo hacen sobre la piel del sapo.

Ninguna de las aplicaciones está ya hecha, pero todas se pueden poner en marcha. Y pueden hacerlo gracias a que se ha estudiado una pequeña proteína de la piel de un sapo australiano.

VÍDEO | Un pequeño sapo con una gran voz

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