Peters y Pichardo, dos puñetazos en Eugene

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Photo credit: Patrick Smith - Getty Images
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Cuando los rivales aún ajustaban sus mallas, Pedro Pablo Pichardo y Anderson, los dos de verde y rojo, ya tenían medio oro al cuello en el triple salto y el lanzamiento de jabalina. Un golpe seco. Peters y Pichardo, con P de puñetazo.

Photo credit: Patrick Smith - Getty Images
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Pedro Pablo Pichardo es un portugués de 29 años. Con 21, ya saltaba 18 metros. Claro que entonces era cubano y reinaba Christopher Taylor, el hombre de oro en los últimos cuatro mundiales, que hace un año se rompió el Aquiles y no pasó la clasificación en Eugene. En 2017, como tantos otros, huyó de Cuba (y así está el país caribeño, que por primera vez en su historia no se llevará medallas del Mundial, después de que Lázaro Martínez, campeón mundial bajo techo en marzo en Belgrado hiciera tres nulos) y ahora vive con su padre y entrenador en Lisboa, representa al Benfica y en Tokio le dio al país vecino su único oro olímpico.

El caribeño era el segundo atleta que se ponía en el pasillo. Una carrera rayana a la perfección, un gran hop, un step infito, como suspendido en el tiempo que llevó a otro largo jump y aterrizó en 17,95 metros, el salto más largo en el planeta 2022, honor que le quita a Jordan Díaz, otro fugado de la isla que espera que la normativa de nacionalizaciones le permita competir lo antes posible como español.

Al salto respondió el burkinés Hugues Fabrice Zango, otro hombre de más de 18 metros, con 17,55m y pareció que podría darle batalla. Era solo un espejismo, porque la final, tras otro gran salto de 17,92m en el segundo de Pichardo, se convirtió en una sucesión de intentos erráticos. En ese segundo turno, el chino Yaming Zhu llegó a 17,31m, su mejor prestación del año, y sacó del podio al italiano Andrea Dallavalle (17,25m). Y desde entonces no pasó nada. Pichardo se llevó por fin su oro mundial tras dos platas con 40 centímetros de margen en una final baratísima por las medallas.

Anderson Peters nació hace casi 25 años en Granada, una isla caribeña de apenas 125.000 habitantes capaces de producir asiduos medallistas universales del atletismo como él o Kirani James, subcampeón de los 400m de Norman. En Londres 2012, un James adolescente fue campeón olímpico y el lanzamiento de jabalina lo ganó, para pasmo general, Keshorn Walcott, un lanzador de Trinidad y Tobago que en Eugene no alcanzó la final. "Sí él, que vive a media hora de barco puede, yo también", se dijo Peters, y empezó a lanzar.

Photo credit: ANDREJ ISAKOVIC - Getty Images
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Siete años después ganó el oro en el Mundial de Doha y este sábado en Hayward Field se convirtió en el primer jabalinista en repetir título mundial desde Jan Zelezny. Su dominio resultó bastante más contundente de lo que indica el ranking mundial. Sus tres mejores lanzamientos le habrían dado el oro: 90,21m en el primero, 90,46m en el segundo y 90,54m en el tercero. Con un inicio así, apagó la respuesta de sus rivales. El campeón olímpico Neeraj Chopra, otro exotismo de la jabalina nacido en la India, llegó en el cuarto a 88,13 metros y el checo Jakub Vadlejch, heredero único de la tradición europea de la prueba, se marchó a 88,09m en el tercero, cerrando un podio que ya no sorprende a nadie.

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