'Pesadilla en el paraíso' toca fondo y ya no da para más

Carlos Sobera y Lara Álvarez en imagen promocional de 'Pesadilla en el paraíso' (Irving Studio, cortesía de Telecinco)
Carlos Sobera y Lara Álvarez en imagen promocional de 'Pesadilla en el paraíso' (Irving Studio, cortesía de Telecinco)

Eterno. Así se nos está haciendo Pesadilla en el paraíso. Uno de esos experimentos televisivos que ha pasado por todas sus fases y la prueba de con el público no se juega. Si bien el reality ha tratado de todo para enmendar el error de un estreno estrellado, no ha habido manera de enganchar. Casi tres meses después del comienzo de sus grabaciones en Cádiz, empieza a convertirse más en una losa que en un programa de entretenimiento. O acaba o se queda compuesto y sin audiencia.

Pesadilla en el paraíso ha caído en un bucle. Los temas se repiten, las historias son poco creíbles y nada fluye de manera natural. También es cierto que sus protagonistas están agotados. No olvidemos que llegaron a la sierra gaditana a finales de agosto y hasta a ellos mismos se les escapa decir eso de que ya es demasiado tiempo. Y lo que les queda.

No solo están agotados psicológicamente por todos los follones que han pasado, también porque se lo curran mucho. Por muy bonita que sea la granja, es un trabajo físico muy fuerte. De eso poco se habla. Se levantan con el canto del gallo para hacer todas las tareas del lugar como limpieza, alimentación y cuidado de animales. Eso, día tras día, tiene como resultado un cansancio ya casi crónico que les lleva, o estar con ganas de nada o a discutir por tonterías. Y eso también nos cansa.

Se les nota al límite y con ganas de volver a casa. De hecho, de los originales que quedan, Víctor Janeiro, Daniela, Israel y Dani ya tienen mucho más que decir porque lo han hecho casi todo y no se les ve muy dispuestos a más. Sus contenidos fuertes ya los han dado y no de donde no hay, no se puede sacar. Hasta el novio de Bea Retamal, con sus constantes peleas con ella, se ha convertido en un tema desquiciante. Es más y más de lo mismo, una relación con tintes tóxicos que, además, no tiene visos de dejar de serlo. Así que hasta ellos mismos están aburridos de su propia historia.

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Si encima le sumamos la disminución de la efervescencia de los nuevos, apaga y vámonos. Entraron con unas ganas locas de protagonismo, de crear contenido y hacer explotar la granja. En cierta forma, lo hicieron. Parecía que sabían que había que subir la audiencia y entraban con los deberes hechos.Tal es así que las tramas más fuertes, a excepción de la historia entre Steisy y Dani, han sido las suyas. Manuel con Danna, Iwan con Daniela y Bea con Dani. Pero igual se ha ido consumiendo esa energía. Lo que sube con tanta fuerza, se termina estrellando con mayor intensidad.

Es tal el pasotismo y hartura que vemos en los participantes, que a veces entretiene más lo que uno ve en plató que en la propia granja. Las peleas entre los colaboradores y familiares han creado nuevas tramas más allá de la casa de campo. Y, la verdad, se agradece, porque si no fuese así, esto se haría mucho más difícil de digerir.

Entre Nagore Robles haciendo rabiar a Beatriz Trapote al bautizar como mueble mayor a su marido Víctor y las riñas entre las madres de Bea y Dani, aquello se convierte en una corrala muy divertida. Y no digamos de las intervenciones de Pipi Estrada que, aunque no son muy razonables, dan un respiro a tanta bronca y escenas previsibles.

En definitiva, que una cuenta los días para que el programa acabe. Sinceramente, llegué a pensar que con los números iniciales de audiencia rozando el 10% de share, el descontento de la gente y el atascamiento al que llegó en cierto momento, lo sacarían de antena más pronto que tarde. Pero no ha sido así. Telecinco ha apostado por esta propuesta y ha escuchado al público haciendo los cambios que le pedían. Eso sí, sin demasiado éxito. Si bien es cierto que han levantado los porcentajes, no ha sido para tirar cohetes.

Recordemos que el comienzo de Pesadilla en el paraíso no tiene nada que ver con lo que es ahora. Son dos programas distintos en cuanto a su desarrollo. Para empezar, todo era grabado. Allí no había conexiones en directo de ningún tipo, todo eran videos enlatados que se comentaban en plató. Aquello era rarísimo y no encajó, al contrario, espantó. Así que, poco a poco, fueron añadiendo conexiones en vivo hasta que el show ya se ha convertido en una especie de Supervivientes a la española. Ahora los participantes ven los videos de la semana y se les da la oportunidad de comentarlos, lo que lleva a una mayor interacción y movimiento.

También cambiaron el tema de las expulsiones, ahora no hay sierra ni pruebas que produzcan la salida de los granjeros. Es el público el que decide, como debió ser desde siempre. Los primeros participantes, muchos de ellos muy queridos, se vieron obligados a salir por eso mismo, porque perdieron la prueba de la sierra por falta de fuerza física con respecto a su contrincante. Si hubiera tenido que ser el público el que eligiera, muchos de ellos no se habrían ido porque los habrían dejado, bien por simpatizar con ellos o para que siguieran dando guerra. Es el caso de Aly Eckmann, Pipi Estrada, Marina Ruiz o Mónica Hoyos, entre otros.

Pero eso ya no se puede cambiar. Se aprecia su intento por mejorar las cosas y las ganas de reconfortar a la audiencia, pero, visto desde una perspectiva más lejana, el programa no termina de cuajar, así que no es muy difícil que las cadenas de la competencia le arrebaten público. Con la llegada de El Novato, el programa de entrevistas del futbolista Joaquín Sánchez en Antena 3, les ha quitado mucho terreno, lo han tenido chupado para colocarse en el número uno con unas cifras muy decentes.

No ayuda mucho que las galas de Pesadilla en el paraíso, ya sea el debate o la principal, duren casi 4 horas. Comienza a las 22:00 y acaba casi a las 2 de la madrugada. Les sobra por lo menos una hora. Claro está, eso no depende mucho de ellos sino de la publicidad que, por cierto, es un no parar y se hace interminable.

Personalmente, cuento los días para que acabe. De momento no se ha confirmado la fecha de su último programa, pero esto tiene pinta de alargarse unas cuantas semanas más. Hay mucha parrilla que ocupar y ya que han decidido estirar el chicle, hay que aguantar. Así que me da la sensación de que tendremos granja hasta pasados unos cuantos días de diciembre.

Lo único bueno de este tropezón de Telecinco es que dudo que vuelvan a cometer el mismo error. Les ha salido caro en todos los sentidos. Desde que acabó Gran Hermano ha ido dando bandazos con el tema de relaties. En su intento por sustituir este formato tradicional, se han inventado de todo y nada ha terminado convenciendo. Quizá sea un momento de darle un respiro y dejar el terreno a las glorias de siempre, como Supervivientes, y lo nuevo que viene arrasando desde hace menos años, como La isla de las tentaciones. Hay ciclos para todo y me parece que aquí se debe de cerrar uno.

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