'Pesadilla en el paraíso': nunca Telecinco había metido la pata tanto con un reality

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La nueva gala de Pesadilla en la cocina ha hecho historia. Y no precisamente por un edredoning, una discusión explosiva o un drama digno de reality. Las noticias que llegan sobre la gran apuesta de Telecinco son poco alentadoras y a la cadena le está pasando factura el aventurarse con un programa así. Este jueves el romance entre Omar y Marina rozaba su punto más álgido y Mónica Hoyos era la segunda expulsada, pero ninguno de estos hechos evitó que ocurriera el desastre.

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Desde el escándalo de los supuestos abusos de José María López a Carlota Prado en Gran Hermano de 2017, el mundo de la telerrealidad en Mediaset anda dando bandazos y sin un destino fijo. Con la pausa del formato, el reality estrella de la cadena durante más de dos décadas cerró un capítulo en la historia del show. Aunque tuvo sus etapas de bajón en la audiencia, siempre despegaba de nuevo y lograba reconciliarse con su público.

Pero con su salida definitiva de la parrilla, a Telecinco no le quedó otra que buscar soluciones a ese vacío con experimentos que no le han ido como esperaba. Desde La caja fuerte, pasando por Secret story y ahora mismo, Pesadilla en el paraíso. Fue así que trataron de recuperar, con otro nombre, la esencia de este formato donde los participantes VIP volvieron a ser protagonistas. Pero ninguna de las fórmulas ha funcionado de la misma manera, siendo su última apuesta en los campos de Cádiz uno de sus mayores batacazos.

En la gala de este jueves, la que se supone debería ser su noche estrella, obtuvieron su mínimo histórico con un 11.2%. Fue ganada por goleada, primero por el minuto de oro de El Hormiguero con el futbolista Joaquín Sánchez y, posteriormente, por la mini serie de Antena 3, La esposa, la cual alcanzó un 19.2% de share.La cadena lleva varios jueves pasándoles con mucha ventaja, algo que no había sucedido con tanta asiduidad y, sobre todo, diferencia en números.

La pregunta que nos hacemos es, si el público está ávido de realities y Telecinco lo que hace es darle lo que quiere, ¿por qué este bajón tan estrepitoso? Creo que nunca podremos llegar al porqué exacto, pero sí me vienen a la cabeza dos razones, que conste, muy personales, de este cambio de dirección. Una de ellas es algo tan obvio como el desgaste. Lo comparo un poco con una relación de pareja de muchos años a la que llega la rutina de vivir siempre lo mismo. Al final, uno puede querer mucho, pero también se cansa. Eso no quiere decir que haya divorcio o separación, sencillamente, hay una crisis y hay que superarla. Tiempo, innovación y paciencia serían tres maneras de afrontar esas grietas.

Pues, por un lado, eso es lo que creo que está pasando. Cada vez son más y mejores las propuestas de otras cadenas, las series son ahora el plato fuerte y la gente tiene ganas de ver historias ficticias para olvidarse un poco, precisamente, de la realidad. De ahí que ésta esté siendo una de sus principales opciones. Tampoco nos olvidemos que con Netflix y compañía ofreciendo jugosos contenidos, mucha parte de ese público de realities ha cambiado de ruta y optado por esta nueva dinámica. Esto es como cuando allá en los 80 solo teníamos la 1 y la 2, y pare usted de contar. De ahí no salíamos, pero con la llegada de las privadas en los 90, nos desperdigamos por otros lugares que nos resultaron más interesantes y descubrieron mundos nuevos, al menos en la pantalla chica.

A ese desgaste hay que sumarle el mareo de Telecinco de ofrecer nuevos formatos al público para ocupar lugares que no tienen sustitutos. Gran Hermano es un clásico de la tele y como tal no puede ser opacado por ningún otro reality, por muy similar que sea en contenido. Recordemos que somos animales de costumbres y si nos sacan de nuestra zona de confort, estamos perdidos. Y no estoy llevando la contraria a los gurús de la autoayuda, en lo personal esta opción puede que sí funcione, pero en casa y con nuestro mando a distancia, no lo creo. Aunque Pesadilla en el paraíso tiene un casting de lujo -para mí uno de los mejores en los últimos tiempos- sencillamente no encaja porque no es Gran Hermano y porque no tiene ni pies ni cabeza. La estructura es algo desastrosa, el planteamiento aún más y no ayuda nada que sea un programa grabado y sin conexiones en directo.

Claro, y ahora vendrán y me dirán que también está grabado La isla de las tentaciones y funciona a tope. Primero que todo, son temáticas diferentes. Los cuernos y los dramas de pareja venden en todos sus formatos, así que no es comparable. Y luego, no nos olvidemos que este programa es un bebé y está en su fase de crecimiento. Hablemos dentro de 20 años y veremos si sigue en la cúspide o pasó a otra vida.

Pero volviendo a esta granja de Cádiz, insisto en que no se trata de un programa mal hecho. Para nada. Se nota el trabajo que hay detrás en cuanto a preparación de pruebas, localizaciones y, por supuesto, el desempeño de sus presentadores Carlos Sobera y Lara Ávarez. Va más allá de eso, da igual la perfección y el cuidado con el que esté hecho, sencillamente no hay química, no conecta con el público, es frío y lejano. No entendemos el no poder ver a los protagonistas hablando en directo con el presentador, ni que no reciban sorpresas de fuera, ni ser testigos de sus roces en directo, ni poder votar y echar a quien menos nos guste; esa interacción es más que necesaria. Y, ojo, aquí no estamos dictando sentencia y diciendo que esta sea la razón del fracaso, pero si sumamos motivos, el resultado es esta pesadilla en datos de audiencia.

Ni siquiera un romance como el de Omar y Marina ha sido capaz de engancharnos, bien porque sea poco creíble, porque suena más a venganza o porque no viene a cuento, cada uno que piense lo que quiera. Pero lo cierto es que ha pasado por encima, sin pena ni gloria. En definitiva, que no nos llega y eso tiene poca solución a estas alturas del partido. Telecinco ha intentado proponer algo novedoso y ha fallado en su intento, algo a lo que no quitamos mérito. Innovar y dar frescura a las cosas, como en las relaciones, es necesario, pero hacer cambios tan drásticos y romper así con costumbres tan arraigadas, produce el efecto contrario.

Con este panorama de Pesadila en el paraíso cayendo en picado, lo que no tengo tan claro es qué hará la cadena de Fuencarral si sigue dando cifras tan bajas. Acaba de empezar y sacarlo de la programación sería muy arriesgado. Esperemos que las historias empiecen a desarrollarse con más gancho y la cosa remonte. Ya sabemos que en la tele todo puede ser pero, sinceramente, no le veo mucho color al asunto.

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