La actitud de Manuel en 'Pesadilla en el paraíso' no solo aburre sino que resulta desagradable

Manuel González en 'Pesadilla en el paraíso' (Twitter/@pesadillaparais)
Manuel González en 'Pesadilla en el paraíso' (Twitter/@pesadillaparais)

Desde hace un par de semanas podemos decir que Pesadilla en el paraíso se ha reinventado. No tiene nada que ver con lo que empezó siendo. Ya no hay sierra, ni expulsiones grabadas ni nada de esas cosas raras con las que arrancó. La entrada de los nuevos granjeros, otra novedad que ha dado un impulso al show, también está dando mucho de qué hablar. En concreto, uno de sus recién llegados, Manuel, cuya actitud en los últimos días ha dejado mucho que desear. Su reciente gesto en el reality deja constancia de lo desagradable que puede llegar a ser y, no solo eso, de lo previsible y repetitivos que son sus actos televisivos. Ya va siendo hora de que Telecinco se plantee si merece la pena fichar a semejante personaje.

Sí, ya sabemos que quienes entran en un reality tienen que ser peculiares, por llamarlo de alguna manera. En el caso de que sean VIP, como es en Pesadilla en el paraíso, con más razón. Cuando más turbio, escandaloso, incluso oscuro sea su pasado, mejor que mejor. La mayoría de los que están en la granja tienen historias de lo más llamativas que les han llevado a la televisión de cabeza. Nadie está allí porque sí y todos han vivido algo que supone de interés para el público. Y si no son tan famosos, tienen al menos el potencial de ofrecer un contenido curioso y atrevido por su personalidad.

Por eso mismo no entiendo la presencia de Manuel, el que se hiciera famoso por su infidelidad a su exnovia Lucía en La isla de las tentaciones y por ir sacando todos los trapos sucios habidos y por haber de su relación, está de vuelta. Verle es como ver al mismo de hace un par de años en el reality de parejas. Evolución poca, al menos en términos de madurez. Verle no solo me da una pereza enorme sino que me aburre y, en ocasiones, me desagrada.

El más reciente gesto de Manuel en el reality me pareció de muy mal gusto. Algunos dirán, 'pues vaya tontería, hay cosas peores', y quizás tengan razón, pero para mí hay ciertas actitudes que cuando se repiten tanto dejan de ser graciosas para convertirse en insultantes. En su caso, es una detrás de otra, cuando no es en La isla de las tentaciones es en el canal Mtmad, allá donde va siempre acude al mismo recurso en el que los demás son siempre los culpables, y él la víctima de todo.

Para empezar, parece que el único contenido que Manuel es capaz de dar es el del ligoteo puro y duro. Como también vimos en La última tentación. Todavía estoy esperando una imagen de él o conversación medianamente interesante donde una mujer y sus atributos no sea el tema de conversación. A veces pienso que es un papel inventado para llamar la atención o que se siga hablando de él, otras que no, que así es Manuel. Al menos así lo demuestra y sigue demostrando en cada aparición televisiva en la que, si no tiene un rollo o deja mal a la otra persona, no se queda a gusto.

En esta ocasión su 'víctima' ha sido Danna Ponce. Es cierto que ella ya es mayorcita y ha entrado demasiado en su juego, el chico le hace gracia y se ha dejado llevar. En ese juego ambos son responsables, y ahí la que tiene novio es ella, así que es la que le debe parar los pies. Pero el hecho de que él sepa que está con alguien y le siga tirando la caña para ver si cae y provocar un momento de tensión, me parece una de las muchas manueladas agotadoras. Parece que está de cacería para las cámaras y sin pensar en las consecuencias de sus actos.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un post de Instagram no disponible por tus preferencias de privacidad

Entre las cosas que hizo esta semana y ayer mostraron en la gala, fue el beso en la boca, no buscado por Danna, que le plantó el de la 'manita relajá'. Ella le iba a dar uno en la mejilla, él torció la cabeza y ¡zas!, pico al canto. Allí se rieron todos, pero si lo analizas, de gracioso no tiene nada. Y no porque yo vaya de monja de la caridad, sino porque se le ve el plumero y hacia dónde quiere llevar su concurso, otra vez. A Danna, tenga o no tenga novio, le gusta, y lo ha dicho. Así que el gaditano ya tiene la excusa perfecta para sacarle partido al asunto. Y eso es lo que me parece feo. Que para él todo valga por dar un minuto de morbo en televisión.

Por decir, este miércoles incluso se atrevió a soltar que hubo jugueteo con su nueva mejor amiga en la granja debajo de las sábanas. Un minuto eran uña y carne, al otro le confiesa a toda la casa el erótico suceso que vivió con Danna, quien, por cierto, se lo negó en su cara y le montó la marimorena por exagerar las cosas. Ella dio su propia versión en directo, dando explicaciones y poniéndose muy nerviosa. Haber, hubo algo, eso se percibe, pero que vayas contándolo públicamente para dejarla mal o para dar la nota como si tuviera mérito alguno, me parece un gesto muy bajuno, por no escribir palabras peores.

En mi opinión, Manuel vende todo lo que sea vendible por su minuto de gloria. Solo le importa él y sus circunstancias. Al menos esa es mi percepción desde casa cada vez que lo veo. El chico sabe que es graciosillo y que su picardía tiene tirón, y la explota al máximo. Todavía no sé cómo es él de verdad, sus gustos, su familia, su vida, solo conozco su larga lista de conquistas y sus malas jugadas, bueno, y también la larga lista de tatuajes que exhibe orgulloso.

Por eso, me atrevo a decir que un personaje que solo se dedica a, en cierta forma, ir de malote y dejar a sus compañeras de besos en mal lugar, debería tener los días contados en televisión. Su contenido es, además de poco generoso con el prójimo, previsible e irrespetuoso, a mi modo de ver, en muchos casos. No creo que todo valga para salir en la tele y él es de esos personajes que ya ha dado todo lo que podía dar. Así que, next.

Más historias que te puedan interesar:

Imagen: Telecinco/Mediaset