El personal de Buckingham dice adiós a su reina mientras se prepara para recibir al nuevo rey

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El féretro de Isabel II recorriendo las calles de Londres credit:Bang Showbiz
El féretro de Isabel II recorriendo las calles de Londres credit:Bang Showbiz

La procesión fúnebre que ha recorrido las calles de Londres desde la abadía de Westminster a Wellington Arch

Uno de los momentos más emotivos se ha producido cuando el féretro ha pasado frente al palacio de Buckingham, que fue el hogar familiar de la soberana durante más de seis décadas. Tras su coronación, Isabel tuvo que abandonar Clarence House para cumplir con la tradición instalándose en Buckingham. La que había sido hasta entonces su residencia oficial pasó a estar ocupada entonces por la Reina Madre y más tarde por el entonces todavía príncipe Carlos.

Hoy lunes varios miembros del personal de Buckingham esperaban de pie frente a la valla exterior para ver pasar por una última vez a la soberana y presentarle sus respetos. Todos los empleados se enfrentan ahora a una transición marcada por la mudanza del nuevo rey Carlos III, que ha provocado un gran revuelo en Clarence House, la casa que compartía hasta ahora con la nueva reina consorte Camila.

Más de cien empleados han recibido una notificación informándoles de que el cambio de función de sus "principales" impactará directamente a la cartera de trabajos que anteriormente se llevaban a cabo para apoyar los intereses personales, las actividades anteriores y las operaciones del antiguo Príncipe de Gales. Entre los afectados se encuentran los secretarios privados, la oficina de finanzas, el equipo de comunicaciones y el personal doméstico.

Muchos empleados habían asumido que se integrarían en la nueva casa del Rey, según asegura The Guardian, y esa sería la intención de Carlos, lo cual afectaría por otra parte directamente a la dinámica en Buckingham. El día a día en el palacio también cambió radicalmente cuando Isabel II decidió trasladarse al castillo de Windsor, donde había pasado gran parte de la pandemia con su esposo el duque de Edimburgo. Se rumorea que a la reina nunca le gustó demasiado la residencia oficial del monarca británico en el centro Londres.