El caso real que guarda muchas similitudes con el personaje de Ben Affleck en 'Perdida'

Valeria Martínez
·9 min de lectura

ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE PERDIDA

La historia de Perdida cautivó al público y la crítica en 2014, convenciendo a los dos bandos de manera unánime, tal y como indican los porcentajes igualados del 87% en RottenTomatoes. Algo que no suele pasar a menudo. Aquella trama dirigida por David Fincher que dedica su primer acto a contarnos la desaparición de la adorable Amy (Rosamund Pike) y sembrar la sombra de la culpa sobre su marido Nick (Ben Affleck) fue un éxito de taquilla internacional con uno de los mejores trabajos interpretativos del nuevo novio de Ana de Armas.

Y si bien partía de una novela más popular que la película misma escrita por Gillian Flynn, hay un detalle que muchos desconocen. Y es que a pesar de ser una novela de ficción, la historia encontró inspiración en un caso de asesinato extremadamente grotesco que ocurrió en el año 2002.

Copyright 20th Century Fox
Copyright 20th Century Fox

Aquellos que leímos la novela podemos reconocer que el largometraje hizo un buen trabajo en adaptar fielmente la historia. Evidentemente hay algunos cabos que faltan, pero son mínimos, y lo principal está plasmado en la pantalla. No solo en los arcos de la trama, sino en la descripción minuciosamente detallada de los personajes y el tono de thriller que acecha cada escena. No en vano cuenta con un guion escrito por la propia autora. Era el primer guion que Gillian Flynn escribía en su vida y con la ayuda de David Fincher consiguió transformar su superventas en un taquillazo. Y entre esos detalles esenciales que parecen copiados de las páginas del libro se encuentra la descripción y actitud del personaje de Nick Dunne cuando desaparece su esposa.

Muchos recordarán por qué es sospechoso de la desaparición de Amy desde el momento que la policía comienza la investigación. Su actitud pasota y de poco interés denota un desgano por encontrarla que lleva a la duda. Una sospecha que se reafirma cuando da una conferencia de prensa sin sentimiento o adjetivo alguno cuando hace un llamamiento para que su esposa regrese a casa, y minutos más tarde sonríe delante del cartel de la desaparición para las fotos de la prensa. Y, por supuesto, el selfie que se toma sonriendo con una mujer que ayuda en la búsqueda, sumado a la revelación de que tenía una amante. La sospecha está presente pero rodeada por la duda, dado que vamos conociendo que Nick iba a pedir el divorcio a Amy, que ya no la amaba, que estaba harto del maltrato emocional de su esposa y que, simplemente, era un tipo de impulsos, al borde de la depresión tras la muerte de su madre y con su hermana y el alcohol como único apoyo. Pero todo se disipa cuando llega la revelación más impactante de la historia (¡spoiler!): Amy es una sociópata que había planeado su desaparición para luego suicidarse y Nick fuera acusado de asesinato.

Es cierto que no existe un caso idéntico al que nos cuenta Perdida en la vida real (al menos que haya salido a la luz) pero sí una parte. Y es precisamente la figura de Nick Dunne que guarda muchas similitudes con un caso real que estremeció a EEUU en el año 2002.

Gillian Flynn confesó en entrevistas que no quiso basarse en ningún caso específico en particular, pero que sí existen similitudes con el asesinato de Laci Peterson, una mujer de 27 años que estaba embarazada de ocho meses cuando desapareció el 24 de diciembre de 2002.

Laci era una maestra sustituta que estaba esperando su primer hijo con su marido Scott. Iban a llamarlo Connor y ya tenían decorada la habitación con una temática náutica cuando la mujer desapareció del hogar en California. El esposo, de 30 años por entonces, fue el último que la vio cuando la mujer veía un programa de cocina y se preparaba para salir a pasear al perro justo cuando él se marchaba a un viaje de pesca. Fue la mañana siguiente cuando un vecino vio al perro merodeando por el barrio y lo llevó hasta la casa, percatándose de que no había nadie aunque el coche de Laci estaba allí. Esa misma tarde, al volver de su viaje, Scott llamó a la policía. (Aquí ya hay ciertas similitudes: en Perdida, Nick llama a la policía cuando regresa a su casa cuando un vecino le avisa que el gato se había escapado y estaba en la calle).

La familia, vecinos y más de 1.500 voluntarios organizaron vigilias y búsquedas por los alrededores, ofreciendo una recompensa que pasó de los $250.000 a los $500.000 a cambio de información que llevara al retorno seguro de Laci, y dada la notoriedad del caso, enseguida tomó protagonismo en la televisión nacional. O, según la opinión de Gillian Flynn, el caso cautivó el foco mediático porque eran una pareja guapa, uno de los detalles que llamaron la atención de la escritora a la hora de escribir la novela. “Eran una pareja atractiva. Siempre son parejas atractivas y por eso terminan en televisión. No solemos ver gente increíblemente fea que haya desaparecido convertirse en una sensación” dijo a EW cuando le preguntaron por la posible inspiración detrás del libro.

Y es que existen muchas similitudes entre el caso y Perdida. Por un lado, la familia de la mujer enseguida se volcó en apoyar a Scott describiéndolo como un esposo “leal” y “amoroso”. Pero así como Nick Dunne actúa de forma sospechosa en la historia de ficción, lo mismo pasaba con el marido. No parecía desesperado por encontrarla. Un día se levantó y se marchó de una rueda de prensa cuando un periodista le preguntó si era sospechoso; solía dejar que su teléfono sonara durante entrevistas cuando cualquiera imaginaría que en una situación así se está más pendiente del móvil y cualquier novedad de forma instantánea. Pero todo cambió cuando la policía comunicó a la prensa que el hombre no estaba cooperando tanto como se esperaría en la investigación. Así como en la novela, algo olía mal. Scott no hacía preguntas, se mostraba frío y distante con la policía.

De la nada apareció una masajista llamada Amber Frey que reveló que llevaba un mes manteniendo un romance con Scott. Las alarmas sonaron para los investigadores que descubrieron que el hombre había sacado un seguro de vida para su esposa tras quedarse embarazada valorado en $250.000 y que ya había vendido el coche de la mujer durante la búsqueda y que incluso se rumoreaba que quería poner la casa en venta. Cuando, supuestamente, su esposa solo estaba desaparecida. Podía volver. Podía estar con vida.

Así como Nick Dunne da una entrevista a una reportera de renombre con la intención de quitarse la etiqueta de sospechoso delante del ojo público, Scott Peterson hizo lo mismo con Diane Sawyer. Mientras Nick logra salir airoso en la ficción utilizando la entrevista para comunicarse con su esposa, Peterson sonrió en varios momentos, incluso cuando habla de la posibilidad de que su mujer haya sido asesinada (en el minuto 1:00), o despierta más sospechas al asegurar que su esposa sabía que tenía una amante y no discutieron o tuvieron problemas al respecto (4:40).

Fue recién en abril de 2003, cuatro meses después, que una pareja que paseaba a su perro encontró el cuerpo del bebé en una zona pantanosa de la Bahía de San Francisco, todavía con el cordón umbilical. Si bien la autopsia se mantuvo en secreto, ABC News aseguró que había cinta de nylon alrededor del cuello y un corte en el cuerpo. Un día después un transeúnte divisó el cuerpo de una mujer embarazada a una milla de donde se había descubierto el bebé. La descripción es terrible. Había sido decapitada, le faltaban las extremidades y los órganos del torso. Las autopsias no fueron claras en determinar qué fue lo que pasó, pero sí que el bebé murió en el útero; y ambos cuerpos fueron encontrados cerca de donde Scott Peterson dijo que había ido a pescar.

Todavía no tenían los resultados de ADN para corroborar que se trataba de Laci y su bebé cuando la policía decidió arrestar a Scott temiendo que intentara huir a México. Para entonces se había cambiado el color de cabello, había dejado crecer una barba y mudado a San Diego cerca de sus padres. En su coche había cuatro teléfonos, varias tarjetas de crédito, un equipo de acampada, un mapa de la casa de su amante, cambio de ropa, 200 pastillas para dormir, viagra, una daga de doble filo y el permiso de conducir de su hermano. Qué pensaba hacer con todo ello nunca se supo.

En el juicio, que duró cinco meses, sus abogados intentaron defenderlo diciendo que no había pruebas directas que lo incriminaran, y hasta sugirieron que un miembro de un culto satánico había asesinado a la esposa. Pero finalmente fue sentenciado por asesinato en primer grado por la muerte de Laci, y segundo grado por el bebé. Actualmente está en el corredor de la muerte aunque mantiene su inocencia.

Si bien en Perdida, el caso toma caminos completamente diferentes, sí podemos detectar similitudes en esa figura sospechosa que la película y la novela crean de Nick Dunne en un principio al hacer hincapié en su desgano y desinterés aparente que lo hacen sospechoso. Y aunque oficialmente Gillian Flynn hizo referencia al caso como posible influencia de su visión ya que quería escribir sobre el matrimonio pero también sobre la posición y actuación de la prensa en casos mediáticos, -es decir, que no es una adaptación literal del caso Peterson (a pesar de las similitudes)- fue David Fincher quien fue más específico. “Ben Affleck se parece más a Scott Peterson que a Ben Affleck” dijo el cineasta a ES.

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Fuentes: Time, Grazia, Los Angeles Times, EW