Cuando Pepa Flores perdió la cabeza por Antonio Gades pero él la traicionó

Pepa Flores cantando en Cuba, donde se casó con Antonio Gades (Photo by Quim Llenas/Cover/Getty Images)

La niña prodigio ‘Marisol’ que hace ya años que creció siendo Pepa Flores, se enamoró locamente de Antonio Gades en su pizzería de Barcelona. Tanto le gustó el físico de Antonio, que se mareó al conocerle.

Pepa Flores explicó que la atracción que sintió hacia ese hombre menudo, de músculos tonificados y labia incansable, la hizo marearse tanto que tuvo que coger una silla y sentarse ya el primer día que le conoció en ‘Casa Gades’, la pizzería que él regentaba en la ciudad condal.

Aquella noche de cena italiana, poco hablaron Antonio y Pepa, pero ella quedó tan prendada que, a la mañana siguiente, a las ocho en punto y, seguramente, si haber pegado ojo por la emoción del flechazo durante toda la noche, ella le llamó para volverle a ver.

Ambos venían de familia humilde pero, tras su éxito cosechado de niña, la familia de Pepa Flores ya se consideraba acomodada en comparación a la de Antonio. En él, no solo descubrió el amor más pasional y desenfrenado sino también una ideología política que, para ella, era a su vez una revolución personal.

Gades explicaba que Pepa estaba cansada de ser Marisol y que, tras todos los abusos físicos y sexuales que sufrió de cría, se merecía otra vida. Vanity Fair recoge como Antonio Gades le dijo a Pepa un día: “Tú eres comunista desde que naciste, pero no te habías dado cuenta.” Desde entonces Flores prodigó “vivo por Antonio y por la revolución.”

Tal era el amor loco de Pepa por Antonio que, en una de las muchas entrevistas que dio en la época, explicó: “Antonio es lo único que me importa, más que mi trabajo, más que mis hijas, más que mis padres, más que yo misma”. 


Esta declaración que hoy en día podemos reconocer fácilmente como amor tóxico y dependencia emocional llevada al extremo, ella lo vivió como el enamoramiento más fuerte de toda su vida. Fue en verano de 1973 cuando dieron el paso a hacer pública su relación ante la prensa y Pepa les dijo a los periodistas que iba a vivir solo para él y que iban a estar juntos hasta hacerse viejos: “Mi hombre está por encima de todo, quiero retirarme porque estoy desengañada de mi vida, quiero estar todo mi tiempo con Antonio Gades, huir con él, viajar sin rumbo fijo…” de locos.

Esta dependencia tóxica que Flores sufre por Antonio casi le cuesta la salud y el trabajo. Pepa se quedó en 40 kilos y tuvo que abandonar un proyecto teatral porqué no soportaba, literalmente, estar alejada de su amado. Como Gades esta enamorado también pero no tanto como para renunciar a su carrera artística como bailarín, se lleva a Pepa a girar América en autobús y allí, se queda embarazada.

La artista da a luz en Argentina y regresa a España con una pequeña de 3 meses a la que, dice, quiere menos que a Antonio cosa que ya enfada a la prensa de aquella época. Con el paso de los años y el fin del franquismo Antonio y Pepa viven junto al mar una vida familiar y tranquila junto a sus ya tres hijas.

En dicho periodo es donde su amor baja de intensidad, él se siente frustrado por no potenciar su carrera pero, aún con la relación hecha trizas, viajan a Cuba para que Fidel Castro les case en 1982.

Desde aquel momento Antonio sigue cosechando fama y vuelve a pisar fuerte sobre los escenarios mientras Pepa se consume de tristeza sola y junto al mar, con sus hijas a cargo y lejos de su marido.

Muerta de nostalgia, Flores deja el mar y se muda a Madrid y ahí es cuando empieza a oír rumores de que Antonio Gades le ha sido infiel con una bailarina de la compañía. Cuando él lo niega ante la prensa, Pepa le cree con los ojos cerrados y les reprocha a los periodistas su desconfianza.

Pero, desafortunadamente, el tiempo le daría la razón a la prensa y la revista Tiempo fue la encargada de contar con todo lujo de detalle el romance de Antonio con Daniela Frey, con la que llevaba ya dos años. Ella se hacía llamar señora Gades y era una millonaria suiza.

El jarro de agua fría retiró a Pepa Flores para siempre de la vida pública y jamás habló mal de Antonio, que sigue siendo el papá de sus hijas, sencillamente dijo: “Yo dejé a Carlos Goyanes y ahora Antonio Gades me ha dejado a mí.”

Consumida de dolor y con el rostro destrozado, aquel fue el fin de Pepa Flores a nivel mediático y es que, tras haberse expuesto tanto, la caída debió ser realmente dolorosa y brutal. Quizá la dura traición de Gades la enseñó a quererse más a sí misma y a sus hijas y darse menos a un hombre. Antonio murió en 2004 y ella jamás volvió a mencionarle, ni siquiera desde la tristeza del luto.

Lo cierto es que hoy en día Pepa vive una vida feliz como ama de casa en Málaga junto a sus hijas, hermana y su amor, Massimo Stecchini, su compañero de vida desde hace varias décadas junto al cual ha encontrado la felicidad que tanta falta le hacía.


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