Pensamientos negativos: Una “adicción” peligrosa

Los pensamientos negativos recurrentes pueden terminar convirtiéndose en nuestra realidad. [Foto: Getty]

Personas que se quejan continuamente. Personas que buscan un problema para cada solución. Personas que solo ven el lado negativo de la vida. Personas que siempre están amargadas. Personas permanentemente enfadadas. Personas que han hecho del sufrimiento su vocación…

La lista de la negatividad no termina.

También hay personas que no conciben su vida sin el conflicto. Que aprovechan cualquier excusa para generar una discusión. Que ven el mundo a través de un prisma gris convirtiendo la infelicidad en su zona de confort. Personas a las que, aunque todo parece irles bien, nunca están contentas, porque escudriñan hasta el último resquicio buscando razones por las cuales lamentarse, deprimirse o enfadarse. Todas esas personas tienen algo en común: son adictas a los pensamientos negativos.

El cerebro negativo

Los estados negativos terminan acaparando las redes neuronales. [Foto: Getty]

Existen muchas formas de adicción, algunas menos conocidas, pero no por ello menos peligrosas. La adicción a los pensamientos negativos es una de ellas. En este caso, no somos adictos a una droga, pero desarrollamos una relación compulsiva y malsana con un patrón de pensamiento negativo.

Ese problema puede adquirir tal envergadura que investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid afirman que existe un “cerebro negativo” conformado por ciertos circuitos neuronales involucrados en la reacción a los eventos desagradables.

Aunque no existen rutas diferentes para procesar los contenidos negativos y positivos, como demostró otro estudio de la Universidad de Carolina del Norte, “cuando los estímulos emocionales de contenido negativo implican una clara señal de peligro o dolor, el ‘cerebro negativo’ domina y se vuelve más evidente el sesgo negativo”, como indicaron los neurocientíficos españoles.

Esta idea ha sido confirmada por una investigación realizada en la Vanderbilt University. La amígdala, una de las principales estructuras cerebrales involucradas en el análisis emocional de lo que nos sucede, no solo muestra una mayor reacción ante los sucesos negativos, sino que los procesa de manera preferente ante los estímulos positivos.

Todo esto significa que, a fuerza de centrarnos en los sucesos negativos y percibir el mundo como un sitio amenazante y hostil, los circuitos neuronales de la negatividad terminan reforzándose, de manera que cada vez nos resultará más difícil ver las cosas positivas.

De hecho, cuando experimentamos estados emocionales negativos tenemos la tendencia a percibir e interpretar de manera negativa y pesimista incluso los estímulos neutros o ambiguos, como comprobaron investigadores de la Universidad de Londres. Por tanto, la adicción a los pensamientos negativos sería como llevar permanentemente unas gafas grises que nos impiden ver los colores de la vida.

Tres actividades “positivas” para combatir la mente “negativa”

Ni exceso de pesimismo ni optimismo ingenuo, la clave radica en el equilibrio. [Foto: Getty]

Quejarnos continuamente por cualquier motivo – sin importar cuán intrascendente sea – lamentarnos por nuestra mala suerte, dedicarnos a reactivar recuerdos culposos o imaginarnos un futuro oscuro y amenazador es un pésimo hábito.

Cuando no sabemos equilibrar nuestros pensamientos negativos, terminamos inoculándonos una dosis de veneno cotidiana que - lenta pero inexorablemente - avanza afectando nuestra salud mental, haciendo que seamos más proclives a desarrollar trastornos como la ansiedad o la depresión.

La buena noticia es que podemos salir de ese bucle reforzando las redes neuronales más positivas. Para ello, podemos poner en práctica tres ejercicios muy sencillos:

  1. Dedicar al menos 10 minutos al día a listar 10 cosas por las que podemos sentirnos agradecidos. Puede ser cualquier cosa, desde un buen despertar hasta un pequeño logro en el trabajo. Al inicio, a la mente negativa le resultará difícil encontrar motivos para sentirse agradecida, pero con la práctica iremos hallando cada vez más razones para experimentar gratitud y sentirnos bien.

  2. Activar los buenos recuerdos. La mente negativa no solo nubla el futuro, a menudo también ensombrece el pasado. Una estrategia para luchar contra su influjo consiste en reactivar las experiencias positivas del pasado y dejar que esas emociones vuelvan a entrar en nuestra vida. Después de un mal día, recordar que ha habido días mejores, nos ayudará a equilibrar la balanza emocional.

  3. Reestructuración cognitiva. Esta técnica psicológica consiste en poner en discusión los pensamientos autómaticos negativos. Primero tenemos que detectar esos pensamientos y analizar su veracidad. Luego debemos cuestionar su utilidad: ¿De qué nos sirve ese pensamiento? ¿Nos ayuda u obstaculiza? También debemos analizar su trascendencia: ¿Es tan grave como parece? ¿Cómo lo veremos dentro de unos años? Así podremos asumir la necesaria distancia psicológica para dar el último paso: colocar en su lugar pensamientos alternativos que sean más racionales, objetivos y positivos.

Por supuesto, no se trata de combatir los pensamientos negativos con un optimismo ingenuo que, a la larga, sería desadaptativo y se convertiría en una fuente de frustración, sino de aprender a desarrollar una visión más equilibrada de la vida.


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