Penélope Cruz exhibe su genio en la Mostra de Venecia

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Photo credit: Stefania D'Alessandro - Getty Images
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En una de las escenas más luminosas y agridulces de ‘L’immensità’ –película en la que el cineasta italiano Emanuele Crialese evoca su infancia como niña, antes de su cambio de sexo–, Penélope Cruz, en la piel de Clara, coge una manguera y decide mojar a un conjunto de madres que cuidan de sus retoños. Empujada por un incontenible éxtasis vitalista, Clara –que en realidad vive atrapada en un infeliz matrimonio– se anima a participar del balsámico baño y se “riega” a sí misma, intentando exorcizar la siniestra sombra del vacío existencial. El momento, cargado de electricidad gracias a la energía arrolladora de la actriz, invita a recordar la mítica escena en la que Carmen Maura, en ‘La ley del deseo’ de Pedro Almodóvar, pedía ser regada. La comparación dejaría a casi cualquier actriz en una incómoda posición de inferioridad. Pero no a Penélope, una de las pocas actrices de su generación que puede dialogar de tú a tú con mitos como la Maura, o con las inolvidables encarnaciones de la maternidad de Anna Magnani en Italia y Gena Rowlands en el cine americano.

Photo credit: Chapter 2, Wildside, France 3 Cinéma, Pathé, Canal+
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Sería absurdo elidir la belleza de la ecuación alquímica que hace de Penélope una actriz sin par. ‘L’immensità’ contiene momentos que invitan a la pura contemplación alelada de una mujer fascinante, capaz de convertir un almuerzo con sus hijos en una fiesta musical, perfectamente coreografiada. Pero la fotogenia es solo una de las herramientas del repertorio de una actriz que convierte en pura espontaneidad un trabajo que se intuye profundo, riguroso (Almodóvar suele contar que, en ocasiones, le abruma la entrega de Penélope en la construcción de sus personajes). En el caso de ‘Limmensità’, esta inclinación a ahondar en lo más profundo de sus creaciones se manifiesta en el abismo que se abre entre la Clara exultante, que se aferra a la vida con una pasión desbordante, y la Clara apagada, golpeada por una sociedad patriarcal que la condena al silencio. Sería tentador afirmar que Penélope fabrica en ‘L’immensità una imagen doble, con una cara que apunta a la idealización –en una escena surgida de la imaginación de su hija, la madre baila convertida en una trasunta de Raffaela Carrà– y otra que se hunde en la cruda realidad. Sin embargo, la gran sensibilidad de la actriz neutraliza la posibilidad de la ruptura alienante: no estamos ante el puzle esquizofrénico de una personalidad rota, sino ante el ejemplar retrato de una mujer compleja y valiente que intenta sobrevivir en un mundo corrompido.

Por su parte, en la ópera prima de Juan Diego Botto, titulada ‘En los márgenes’, Penélope encarna a Azucena, otra madre que intenta luchar por la dignidad de un hijo, además de por la propia. Hay en los personajes de la actriz madrileña una negativa permanente a caer en el abandono, en la resignación. El género del melodrama parece afilar su instinto combativo, que se disgrega entre el retrato de la vulnerabilidad humana y el punzante reflejo del inconformismo más feroz. En la coralidad de ‘En los márgenes’, a Penélope le toca encarnar la resistencia de una mujer decidida a luchar contra una orden de desahucio. Azucena y los activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca son el David de esta historia. El rol de Goliat lo asume un sistema inclemente, que no tiene remilgos a la hora de cebarse con los desfavorecidos.

Photo credit: Vertice 360
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‘En los márgenes’ se presenta como una obra arácnida, que va extendiendo su tela por todos los recovecos de la marginalidad. La película, tocada por el espíritu sublevado de Ken Loach, abarca un amplio conjunto de temáticas candentes: la infrafinanciación de la educación pública y de las agencias de servicios sociales, el problema del acceso a la vivienda, el trabajo ilegal, y una crisis económica que llevó a muchos padres y madres a perderlo todo al avalar los proyectos de sus hijos. En varios momentos, la película se decanta hacia lo didáctico, pero la voluntad de Juan Diego Botto por trabajar un registro emocional se hace patente, por ejemplo, en la interpretación desgarrada de Penélope Cruz, que extirpa de su figura todo atisbo de glamour para explorar una cierta idea de veracidad áspera. En este expansivo drama social, Penélope se encarna de fijar un tono que apunta hacia la honestidad brutal. La posibilidad del derrumbamiento parece esperar a la vuelta de cada esquina, pero Azucena, de la mano de Penélope, se resiste a la derrota. Además de ser una de las protagonistas de la película, la actriz figura como productora de ‘En los márgenes’. Así, delante y detrás de la cámara, Penélope parece decidida a que no haya paz para los malvados.