Por qué es peligroso romantizar la pobreza

·5 min de lectura
Photo credit: Nomadland
Photo credit: Nomadland

La glamourizacióm de la pobreza no es en absoluto algo nuevo en el universo de las tendencias, en el que los diseñadores declaran sin pudor alguno inspirarse en ocasiones en vagabundos para dar forma a sus colecciones. Si estás arqueando la ceja, no te preocupes: te comprendemos perfectamente. Un ejemplo fue la colección de alta costura primavera/verano 2000 de John Galliano para Christian Dior, de la que se habla como de la creadora de la tendencia (ojo) “homeless chic” y que dio vida en la temporada otoñal al icónico vestido con estampado de periódico de Carrie Bradshaw. Otro caso fue el del fotógrafo Yurkov Dyachyshyn, que quedó fascinado por un hombre ucraniano que encontró en la calle al que llamó “el vagabundo más estiloso del mundo” y al que inmortalizó en un centenar de ocasiones… Inolvidable es también el séptimo capítulo de la primera temporada de ‘Keeping up with the Kardashians’ en el que Khloé Kardashian se hace amiga de un vagabundo al que llama “Shorty” y al que le renueva la dentadura, le corta el pelo y... lleva de nuevo a las calles. Con un cambio de look, eso sí, algo que suponemos es primordial cuando no tienes tus necesidades vitales cubiertas.

Este tipo de comportamientos funcionan como la apropiación cultural, pues se basan en ver el mundo desde un prisma meramente estético que jamás ahonda en lo que hay tras la imagen. Llevamos demasiado tiempo viendo cómo las famosas convierten la pobreza en un foco de inspiración. Desde Tyra Banks haciendo a las modelos de ‘America’s Next Top Model’ posar como “vagabundas sexys” hasta Scott Schuman, conocido como The Sartorialist, inmortalizando a un 'homeless' como si fuera modelo, nos hemos acostumbrado a que la cultura pop romantice la pobreza.

Photo credit: Jasmin Merdan - Getty Images
Photo credit: Jasmin Merdan - Getty Images

Son muchas las influencers que hacen lo propio a al visitar países en vías de desarrollo en los que posan con sus habitantes como si fueran 'props'. El año pasado la influencer Nitibha Kaul fue acusada por Twitter de romantizar la pobreza en una sesión de fotos en la que posaba con los diseños de Sabyasachi X H&M ante unos hombres pobres, y ahora una instagramer española ha revolucionado las redes sociales al subir diversos stories de su luna de miel en Tanzania en los que posa con su bolso de Dior ante los tanzanos y añade comentarios en los que dice “están todo el rato riéndose”.

“Es el típico “qué felices son con tan poco”, lo cual es la mercantilización de la desigualdad como algo que merece ser visitado y celebrado. La gente quiere techo y trabajo, no tus fotos”, escribe Pablo Sánchez en Twitter, donde acusa a la influencer de romantizar y normalizar la pobreza. Comentarios como los que ha dicho la instagramer romantizan las narrativas de vida de quienes desde esa óptica terminan por ser posicionados como personas que han elegido una vida que por si fuera poco, se perfila incluso como deseable. Estas expresiones coquetean con la idea de que el camino hacia la felicidad lo traza la falta de recursos económicos.

Es también habitual dar con personas que regresan de la India o de África asegurando que el viaje “les ha cambiado la vida”, volviendo así con el síndrome del salvador blanco que encaja dentro de la pornografía de la pobreza. El voluntuarismo es la práctica de las personas blancas que acuden a países del tercer mundo como si fueran parques temáticos en los que ponen en marcha una transformación personal de la que hablan a todo el que le pregunta por su viaje… Para no volver a hacer mención a ese supuesto cambio espiritual y existencial pasados los días.

Nos hemos habituado a ver a celebridades e influencers a mostrar en sus redes sociales sus viajes con fines humanitarios, una situación que ejemplifica bien lo que Pascal Bruckner plasma en ‘La tentación de la inocencia’. “Tanto lo humanitario como la caridad han de estar contenidos dentro de unos límites estrictos y no contribuir a la confusión de los órdenes; imprescindibles en su campo, estos «contrapoderes morales» se vuelven nocivos en cuanto se dejan llevar por la embriaguez de su omnipotencia y se presentan como la solución a los problemas de la humanidad. Nada sería peor que ver cómo la ONU y los Estados democráticos adoptan a su vez, para resolver las grandes crisis, una lógica estrictamente caritativa que sólo quiere ver víctimas en todas partes y jamás denunciar a los culpables”, escribe en su libro, en el que asegura que la sociedad saca partido de los indigentes, que “embellecen por contraste a los héroes que acuden a consolarlos, a alimentarlos, a sosegarlos. Sirven para elevar a unos cuantos personajes fuera de lo común, para llevarlos a la cumbre y que destaquen luminosamente sobre un fondo de miseria, de insensatez y de ansiedad”.

Photo credit: Michael Hall - Getty Images
Photo credit: Michael Hall - Getty Images

Precisamente la película ‘Nomadland’ fue acusada de romantizar la pobreza, y términos como el ‘nesting’, 'cocooning' o el 'bunkering', por más que sean presentados como tendencias atractivas y cool, no dejan de ser conceptos que intentan maquillar la ausencia de recursos que deviene en la romantización de la precaridad.

En definitiva, ni las influencers ni las celebridades son las primeras en exaltar la poor-nografía, pues vivimos en una sociedad que reduce a los pobres a un conjunto de clichés que como advierten Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo en 'Repensar la pobreza', impide comprender sus problemas reales.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente