Las películas más odiadas por los historiadores

Valeria Martínez
·15 min de lectura

Si hay un género cinematográfico con críticos infalibles, es el cine histórico. Cuando una comedia, terror o thriller se equivoca no suelen ser más que fallos técnicos o errores fruto de un guion, dirección o actuaciones fallidas. Pero cuando una película histórica se equivoca en plasmar la historia que pretende, aficionados e historiadores hacen temblar a la comunidad cinéfila.

Carteles de Lincoln (20th Century Fox), Alejandro Magno (TriPictures), Salvar al soldado Ryan (Paramount) y Enemigo a las puertas (TriPictures)
Carteles de Lincoln (20th Century Fox), Alejandro Magno (TriPictures), Salvar al soldado Ryan (Paramount) y Enemigo a las puertas (TriPictures)

Ya sean producciones bélicas, de retratos políticos, personajes de la historia o la representación de diversas épocas, el mundo del cine se ha tomado unas cuantas “licencias creativas” y a muchos historiadores no les ha gustado nada. Para el cinéfilo de a pie estas licencias pueden ser más que comprensibles, después de todo el cine forma parte del mundo del entretenimiento y, a veces, hace falta irse por la tangente con tal de hacer que la historia funcione a través del arte audiovisual. Pero para muchos académicos, retocar una historia real para entretener al mundo es (casi) un sacrilegio.

Y es que más allá de las libertades creativas que evidentemente se toma The Crown para retratar la historia de la familia real británica o la ficción romantizada que Bridgerton hace del período regencia británico (ambas series en Netflix), el cine lo ha hecho peor. Muchas producciones se han vendido como “la historia real de…” o “la historia de tal guerra o tal personaje” para terminar jugando más al entretenimiento que a ser fieles a la verdad. Y los historiadores hicieron arder Troya.

Aquí les traigo algunas de las películas que, aunque muchas nos hayan gustado e incluso formen parte de la historia del cine (valga la redundancia), hicieron trinar a la comunidad histórica.

LINCOLN (2012, Steven Spielberg)
Esta versión de Spielberg sobre la aprobación de la Decimotercera Enmienda dividió a la comunidad académica. Si bien un puñado de historiadores aprobaron el intento, otros tantos criticaron cómo la película retrataba la historia de la emancipación a través de los ojos de los europeos americanos, reduciendo la posición afroamericana en este capitulo tan importante de la historia estadounidense. La profesora e historiadora Kate Masur de la Universidad de Northwestern publicó un artículo en The New York Times en 2012 donde reflejaba precisamente esto, asegurando no haberse sorprendido ante las libertades que se tomaba Spielberg en el retrato histórico porque “como en La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan su propósito es más entretener e inspirar que educar”.

A ella le decepcionó que “en una película dedicada a explicar la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos, los personajes afroamericanos hagan nada más que esperar pasivamente a que los hombres blandos los liberen” cuando, según explica, los historiadores llevaban más de 30 años demostrando que los esclavos habían sido piezas cruciales en su propia emancipación. “Lincoln nos muestra a sirvientes fieles, pacientemente esperando”.

Para la historiadora, este reflejo perpetuaba la noción de que los afroamericanos tuvieron poca participación en su propia liberación y que los blancos fueron los principales motores de la historia y el progreso social.

BRAVEHEART (1995, Mel Gibson)
A 25 años de arrasar en todo el mundo hoy podemos asegurar que Braveheart es una de las películas históricas más erróneas de la historia. Como mero entretenimiento es un producto infalible, pero como pieza que supuestamente se vende como el retrato del héroe escocés, William Wallace, falla bastante.

Desde vestir a todos los personajes masculinos en kilts (tartán) cuando dicha prenda no se inventó hasta tres siglos más tarde, a retratar a la princesa Isabella (Sophie Marceau) como adulta cuando tenía nueve años y vivía en Francia en el momento que aparece por primera vez en la historia. Esto y más enfureció a historiadores de todo el mundo, como el profesor académico especializado en temas medievales, Michael Levinson, que se quedó petrificado al ver que la película decía que el rey Alexander III de Escocia había muerto sin heredero en 1280 cuando en ese año seguía vivo, al igual que sus dos hijos, Alexander y David. El primero murió en 1284 y el segundo en 1281, el rey en 1286. Este historiador dedica un artículo completo a desmembrar los errores históricos de la cinta y son tantos que es imposible resumirlos todos. Pero les dejo algunos.

Por ejemplo, que muestren a Wallace como un líder de pasado humilde que se adentra en la guerra después de que el amor de su vida es asesinada por ingleses, cuando en realidad era parte de la nobleza escocesa y sus “fieles” camaradas que lo siguen en la batalla no eran más que hombres reclutados a la fuerza por vivir en sus tierras. O el asesinato de William Heselrig, que habría ocurrido tras una pelea de la que Wallace habría escapado para volver con más hombres y matar al sheriff, a otros ingleses y prender fuego a varias viviendas. Pero en la película lo muestran como fruto de su rebelión después de que el sheriff asesinara a su esposa Murron (Catherine McCormack), en venganza por haberse casado en secreto dramatizando así la figura del héroe protagonista. O que omitan decir que Robert the Bruce (Angus McFayden) fue en realidad el verdadero “Braveheart” ¡ese era su apodo, no el de Wallace!

SALVAR AL SOLDADO RYAN (1998, Steven Spielberg)
El aclamado historiador británico Antony Beevor no suele callarse cuando una película histórica mete la pata. Es de los más críticos con los fallos históricos del cine habiendo echado pestes a películas como Valkiria y Enemigo a las puertas . En un artículo publicado en The Guardian, afirma que él todavía no comprende cómo Salvar al soldado Ryan suele ser elegida como una de las mejores películas bélicas. Si bien aplaude el dramatismo que Spielberg aplica al choque entre patriotismo y la lucha por la supervivencia individual, critica duramente que el desembarco en Normandía con la sangre manchando las aguas “recuerde a Tiburón” y que los tanques alemanes “parezcan monstruos prehistóricos” con efectos de sonido que le recuerdan a un Tiranosaurio Rex de Parque Jurásico (ambas películas también de Spielberg).

Más allá de esa escena inicial, que a pesar de la critica la define como “la secuencia de batalla más realista jamás filmada”, a Beevor le enfureció el dramatismo hollywoodense que la cinta detalla como “la llegada de las fuerzas aéreas americanas como una caballería de películas cowboy de los 50s” o la escena final del soldado Ryan, saludando a sus compañeros fallecidos mientras las lagrimas caen por sus mejillas.

DUNKERQUE (2017, Christopher Nolan)
No vamos a negar que Dunkerque fue una de las películas más apasionantes que llegaron a los Óscar en los últimos años. La tensión trepidante que Christopher Nolan consigue plasmar en el rescate de los soldados británicos en la costa francesa cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, es abrumadora. Pero siempre teniendo en cuenta que es una película que dramatiza un capítulo de la historia, y que no es un documental.

Y en esta división de opiniones aparecieron muchos historiadores que no tuvieron reparo a la hora de señalar los errores del filme. Como James Holland, quien describió en HistoryHit la altitud errónea que muestra la cinta en el vuelo de los aviones británicos (volaban a 24.000 pies más arriba de lo que retratan) o la presencia de 16 batallones de infantería que defendieron el perímetro y fueron los responsables de mantener a los alemanes a raya el tiempo suficiente, pero en la película ni aparecen ni se nombran.

Sin embargo, hubo un error que se antoja el más importante. Sin dudas, lo que hace que Dunkerque sea una película bélica infalible es la inclusión del recurrente clímax patriótico que pone la mira en los héroes más que en los supervivientes. Porque después de vivir la tensión constante de esos jóvenes soldados buscando mantenerse con vida ante el acecho alemán, la cinta ataca nuestras emociones ensalzando la labor humana de los ciudadanos de a pie que se lanzaron a la mar en sus pequeños barcos al rescate de sus soldados. Pero esta representación enfureció a la comunidad histórica, como apunta Antony Beevor en The Guardian, recordando al público que no fueron los barcos de gente común los que rescataron más soldados, sino los barcos militares de la Marina Real británica.

PEARL HARBOR (2001, Michael Bay)
La de ríos de tinta que hizo correr Michael Bay con esta película… No es de extrañar que la comunidad histórica rechazara sin reparo la versión hollywoodense que este director acostumbrado a las explosiones e historias que sirven como conducto para la acción, hizo de un capítulo de la historia bélica. El que un triángulo amoroso fuera el epicentro de una trama que gira en torno al momento definitivo que llevó al país a entrar en la Segunda Guerra Mundial, desató la ira de más de un académico.

Si bien el ataque en sí mismo está representado con bastante fidelidad, el sitio especializado War History Online señala que es imposible que los personajes fumaran Marlboro Lights dado que no llegaron al mercado hasta 30 años más tarde, además de detallar el uso erróneo de aviones como los E-2 Hawkeyes que no estaban en uso en 1941, el fallo de ponerle una insignia polaca a la ropa de Ben Affleck cuando volaba un avión británico, o la aparición de Jeeps coreanos que tampoco existían todavía por entonces. Es decir, fallos que apuntan a la falta de investigación histórica o puro desinterés por ser realistas.

Pero uno de los fallos más graves, y políticamente incorrectos, es la representación de los aviones japoneses bombardeando un hospital, dado que jamás tuvo lugar porque restringían sus ataques a puntos militares. Pero como la historia está contada desde la versión americana, la trama necesitaba de villanos ensalzados en malicia para dar pie a la venganza. Y voilà, se sacaron ese punto tan crucial de la galera.

EL ÚLTIMO SAMURAI (2003, Edward Zwick)
Tom Cruise no suele adentrarse en historias de corte épico pero El último samurái le permitía jugar con esa acción trepidante y extrema que tanto le gusta. En este caso en forma de luchas y batallas con espadas.

A favor de esta película debo decir que nunca se vendió como un drama basado en una historia real, pero sí cuenta con una trama que se rodea de una época y detalles verídicos. Y, por ende, también fue victima de la furia histórica.

Tom Cruise interpreta a un exmilitar estadounidense que, a pesar de sufrir de dolorosos y brutales recuerdos de luchas pasadas, acepta un trabajo ayudando a modernizar la milicia japonesa. En su puesto termina siendo seducido para sumarse a una rebelión de samuráis, entrenando para convertirse en uno de ellos. Todo esto da pie a una película de tinte dramático y con acción infalible, pero como señala War History Online si bien es cierto que Japón contrató a ayudantes de occidente, ninguno fue americano. Y, además, en la época que representa los samuráis ya utilizaban armas de fuego en sus batallas.

Y lo más ridículo de todo es que incluyeron la presencia de ninjas atacando a los samuráis, cuando Japón llevaba siglos sin tener un ninja en su historia.

ENEMIGO A LAS PUERTAS (2001, Jean-Jacques Annaud)
Muchos recordarán esta película de hace casi dos décadas sobre un duelo de francotiradores en la Batalla de Stalingrado en el invierno de 1942-43. Jude Law y Ed Harris eran los enemigos de la historia aunque, en la vida real, dicho duelo nunca tuvo lugar.

Si bien el personaje de francotirador de Law estaba inspirado en otro que sí existió en la vida real, un héroe soviético llamado Vasily Zaytev, Ed Harris interpreta al supuesto director de la escuela de francotiradores alemana, Erwin König. La escena del duelo es sencillamente lo mejor de toda la película y muchos creyeron que era una representación de la historia real. Pues no.

Enemigo a las puertas estaba basada en un libro de no ficción escrito por William Craig y publicado en 1973 que asegura que Zaytev mantuvo un duelo con el alemán en las ruinas de una ciudad durante varios días. Sin embargo, los historiadores más tarde refutaron que no existen archivos que demuestren la existencia de un francotirador llamado Erwin König en la armada alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Y Anthony Beevor, el historiador mencionado anteriormente, así lo escribió en su propio libro de 1998 asegurando que, según él, los hechos eran pura ficción. Pues resulta que el historiador fue convocado a asistir al rodaje por el propio director quien intentó persuadirlo para que aprobara la producción de algún modo. Pero Beevor no quiso saber nada. Afirma que la historia del duelo fue propaganda soviética y que “Paramount había comprado la película como una ‘historia real’”, y que Annaud intentó disuadirlo, pero su rechazo lo convirtió en una persona poco popular para la producción.

ALEJANDRO MAGNO (2004, Oliver Stone)
Aunque el guion original de esta película protagonizada por Colin Farrell partía de un libro escrito por el historiador de la Universidad de Oxford, Robin Lane Fox, el libreto terminó derivando en una producción muy lejana de la realidad. Y al tratarse de un personaje tan legendario en la historia griega, los historiadores llegaron a sentirse tan irritados que hasta amenazaron con demandar al director y al estudio, Warner Bros, por el retrato incorrecto de la historia.

Como señala otro sitio especializado, DailyHistory.org, las figuras que aparecen en el filme son mucho más jóvenes de lo que fueron en la vida real al momento de los acontecimientos plasmados, mientras que el director pasa por alto batallas importantes en la vida de Alejandro Magno mientras unifica otras a forma de resumen, dando en consecuencia una representación más conveniente al cuento que pretende contar que a la historia verídica.

Si hacemos memoria recordarán que Oliver Stone presentó la figura de Alejandro Magno como un hombre de sexualidad ambigua. Esto levantó unas cuantas ampollas dado que la cinta muestra su bisexualidad como un tema de posible escándalo entre su seguidores cuando, en el siglo IX antes de Cristo, la moralidad era vista con mentes mucho más abiertas. La versión de Stone es una representación vista a través de ojos modernos, no de la era que representa. Y justamente esta representación no gustó a los historiadores que pensaron en demandar al estudio porque creían que “la producción debería aclarar a la audiencia que la película es pura ficción y no una representación verdadera de la vida de Alejandro” (BBC). Al final no siguieron adelante con la demanda pero la herida quedó abierta siendo una de las muchas que abrió la película en su relación con los historiadores. Es más, como apunta DailyHistory.org, no existe evidencia que apunte a la sexualidad de Alejandro de ninguna forma.

Un aficionado de la historia persa llamado Kaveh Farrokh destacó la representación desorganizada de la milicia persa en su batalla contra los macedonios, cuando “los persas marchaban en disciplina y con música”, y criticando que los representaran con turbantes “cuando no era una prenda persa”. A diferencia del resto de ejemplos citados, lo que se lleva la palma en el caso de Alejandro Magno es la respuesta de su director quien aseguró que los errores históricos sucedieron porque no tuvo tiempo suficiente para investigar con exactitud cada batalla.

EL REY PROSCRITO (2018, David Mackenzie)
Esta película de Netflix nos devolvía a la era de William Wallace, precisamente a los días después de su ejecución, haciendo hincapié en la figura de Robert Bruce (Chris Pine) pero desde la perspectiva del rey Roberto I de Escocia y su guerra contra el ejército inglés en el siglo XIV.

Pero también se equivocaba en la veracidad histórica, como apuntaron muchos historiadores en redes sociales y artículos varios durante su estreno. Una de ellas fue la historiadora Fiona Watson que plasmó su enfado en el periódico The Scotsman al sentirse molesta con que vendieran la película como “históricamente realista” pero, según ella, no lo era del todo. Afirma que la representación enigmática y cercana al pueblo que muestran de Robert Bruce era diferente, dado que “era frío y calculador, motivado por sus propósitos personales”. Además, asegura que ese matrimonio romántico que plasman entre Bruce y Elizabeth no era real, dado que fue una relación por conveniencia política. “Se casaron cuando ella era muy joven, tenia unos 13 o 14, y fue su recompensa por entregarse” al rey.

Y quizás lo más llamativo es que según la historiadora el clímax de la película con el enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre el rey y Edward en la Batalla de Loudoun Hill nunca sucedió.

Al fin y al cabo, este tipo de películas forman parte del género de drama histórico y creo que, sin insultar a los historiadores, deberían verse como tal. No son documentales sino obras de ficción que parten de una industria dedicada al entretenimiento y quizás deberían estar más protegidas de la crítica que impone la perspectiva académica. Pero allá cada uno.

Nota: si bien Gladiator, 300 o U-571 también fueron criticadas por muchos historiadores, no las he incluido al tratarse de piezas históricas dramatizadas que no se venden como representaciones de hechos reales. Todas cuentan con personajes o historias reales, pero son más bien fuente de inspiración que el retrato de un hecho real. En el caso de JFK, que fue destrozada por los historiadores, tampoco la incluyo por una sola razón, y es que el propio director, Oliver Stone, dijo en 1991 a The Baltimore Sun que su película “no era historia, sino cine” señalando que “no había hecho un documental”. Por lo tanto si desde el inicio el director declara que no había intención de crear una pieza de realidad histórica, pues ¿para qué criticarla?

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