'Los ojos del bosque': la inusual película de terror de Disney que quiso imitar a 'El exorcista'

Cine 54
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Por Alberto Cano - Si hay una época de la trayectoria de Disney que me fascina es su etapa de los 80. Fue una década de películas fallidas, de estrepitosos fracasos económicos y de andar a ciegas, pero también una época en la que se salieron de su zona de confort, se abrieron a un público adulto, apostaron por ideas muy locas y se aventuraron a géneros como el terror. Y no hay más que ver películas como Los ojos del bosque, una cinta que surgió de la demente idea de un productor de Disney pensando: ¡Hagamos nuestra propia El Exorcista!.

¿Disney haciendo El exorcista? La crisis por la que pasaba la casa del ratón les llevó a probar suerte con nuevas fórmulas y públicos, a fijarse en recientes éxitos cinematográficos para tratar de emular su popularidad. Primero lo hicieron en 1979 con El abismo negro, cinta con la que tras las millonarias cifras de Star Wars y la buena repercusión de 2001: Una odisea en el espacio de Stanley Kubrick trataron de hacer su propia aventura espacial. Aunque su extraña mezcla entre un tono familiar para todos los públicos y un filosófico enfoque para adultos terminó por no gustar a nadie, lo que básicamente les pasó con todas las películas de esta surrealista etapa, incluido este intento de beber del éxito del film de terror de William Friedkin de 1973 con Los ojos del bosque.

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Se trataba de una adaptación de la novela del mismo título escrita en 1976 por Florence Engel Randal. Nos planteaba el relato de una familia estadounidense que se muda a Inglaterra a una misteriosa mansión en medio de un bosque, donde empiezan a tener extrañas visiones que parecen relacionadas con la misteriosa desaparición de la hija de la propietaria de la casa. 

Era una historia de puro de terror con espíritus, ocultismo, rituales de magia negra, posesiones, lugares inhóspitos y aterradoras criaturas extraterrestres. Pero, al igual que pasó con El abismo negro, también era un relato con una pretensión de llegar a todos los públicos, lo que se saldó con una película tan extraña y fallida como fascinante.

La historia de su producción también lo es, porque, más allá de la loca idea inicial de hacer una película de terror bajo la marca Disney, dio tantas vueltas en el estudio que hasta se llegó a retirar de los cines para volver a grabar su final.

El origen de Los ojos del bosque se remonta a finales de los 70, cuando el productor Tom Leetch -quien fue el director de la segunda unidad de Mary Poppins y responsable de muchas producciones para televisión de la compañía- le presentó el proyecto a Ron Miller, el yerno de Walt Disney que estuvo al frente de la compañía durante aquella etapa loca. “Este puede ser nuestro Exorcista”, afirmó Leetch durante su pitch del proyecto (según cita Digital Cinema).

Ante el resurgimiento del género de terror en la época la idea cuajó. Para llevarla a cabo, decidieron contar con el director John Hough, quien venía de dirigir el título de terror inglés La leyenda de la casa del infierno sobre espiritismo y casas encantadas y acababa de realizar para Disney la aventura familiar de La montaña embrujada, por lo que parecía la opción perfecta para llevar a cabo el proyecto.

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También contaron con Bette Davis para interpretar a uno de los personajes principales, puesto que en 1980 se cumplían 50 años del inicio de su carrera cinematográfica y querían utilizarla como reclamo comercial. Pero todos estos hándicaps acabaron por ser una enorme carga.

En primer lugar, Disney no estaba nada de acuerdo con el primer guion escrito por el guionista Brian Clemensel, dado que se alejaba del final original de la novela y lo consideraba demasiado oscuro. Pidió aligerar la carga de terror para lograr una película más acorde a su marca, pero sus indecisiones y continuas peticiones de cambios a guionistas como Harry Spalding, Rosemary Anne Sisson o Gerry Day derivaron a infinidad de versiones del guion. Y el tiempo apremiaba. Debían llegar a tiempo para el aniversario de Davis y las prisas empezaron a jugar un papel importante, tanto que se lanzaron a rodar sin estar seguros de si lo que tenían entre manos era lo adecuado.

¿Cuáles fueron las consecuencias? Un estreno catastrófico, la película siendo retirada de los cines para volver a rodar escenas, un reestreno que tampoco funcionó y un agujero económico en las cuentas de Disney.

Los ojos del bosque se estrenó por primera vez el 17 de abril de 1980, fecha en la que tuvo un lanzamiento limitado en los cines de Nueva York. La extraña mezcla de tonos y un final demasiado confuso, oscuro y terrorífico hizo que el público saliera de las salas sin saber qué había visto, una recepción que llevó a Disney a no seguir adelante con el estreno y a tomar la decisión de volver a grabar el desenlace.

Prescindió del director John Hough y contrató a Vincent McEveety, quien ya había trabajado con la compañía en El tesoro de Matecumbe o Herbie Torero. El final original, en el que una terrorífica criatura extraterrestre hacía acto de presencia en medio de un ritual, fue cambiado por una conclusión muy torpe, precipitada e inentendible en la que la imponente criatura era sustituida por un haz de luz. Además, también se eliminó la escena inicial de la película al considerarse demasiada violenta.

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Pero el primer final que llegó a los cines no fue el inicialmente previsto. La idea original era mostrar cómo el alienígena se lleva a la protagonista al interior de su nave espacial, y aunque la escena llegó a rodarse, las prisas por estrenar la película hicieron que se quedara en la sala de montaje al no tener los efectos especiales terminados.

Por suerte, las ediciones lanzadas al mercado doméstico incluyeron todos los finales que fueron rodados, incluido el que quedó a medias. En este se podía comprobar cómo de un momento a otro la película se convertía en una surrealista y desconcertante producción de ciencia-ficción con unos escenarios espaciales muy bizarros y esa criatura extraterrestre extremadamente terrorífica. Que por cierto, fue diseñada por Henry Selick, el director de Pesadilla antes de navidad, James y el melocotón gigante y Los mundos de Coraline que por aquel entonces acababa de empezar a trabajar en Disney.

He de reconocer que pese a ser una película fallida en todos los sentidos consigue fascinarme por su aura de rareza y peculiaridad. Ver a Disney entregarse al terror puro y duro es una experiencia inaudita e impensable, y poder ver con mis propios ojos aquello que jamás me hubiera imaginado de la compañía del ratón Mickey me hace perdonarle su infinidad de imperfecciones. Pero sí, su mezcla de tonos no funciona, la historia es caótica, Bette Davis se encontraba en sus horas más bajas y es tan atropellada que hasta parece un telefilm.

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No me resulta por tanto extraño que en su regreso a los cines un año más tarde se estrellara en taquilla. Solo recaudó 5 millones de dólares en Estados Unidos y generó un importante agujero en las arcas de Disney, pero aún así, la compañía siguió apostando por producciones similares como El carnaval de las tinieblas de Jack Clayton, el oscuro clásico animado de Taron y el Caldero Mágico, la tenebrosa fantasía medieval de El dragón del lago de fuego o la terrorífica secuela de Oz: Un mundo fantástico. Todas ellas fueron enormes fracasos, se aferraron a la mezcla entre lo familiar y el terror, sacaron a Disney de su zona de confort y presentaron conceptos e ideas tan desconcertantes como fascinantes. Y las adoro. Pero a nivel de extrañeza y peculiaridad creo que Los ojos del bosque se lleva el oro.

Su desastroso lanzamiento, sus indecisiones con el guion (según el responsable de efectos especiales Harrison Ellenshaw se llegaron a plantear hasta 152 finales diferentes), lo terroríficas de muchas de sus imágenes y su sensación de extrañeza, creo que no es comparable a ninguna otra película del estudio. De hecho, al igual que muchas otras cintas controvertidas, sigue sin estar disponible en Disney+, por lo que su acceso queda restringido a ediciones de DVD ya descatalogadas en el mercado de segunda mano. Lo que reafirma su estatus de rareza maldita.

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