La película más valiente que Disney ha hecho jamás (y que no se repetirá)

·10 min de lectura

Los 80 se conocen como la Edad Oscura de Disney, pero en realidad, su película de animación más arriesgada y turbadora se encuentra en la década siguiente. Tras el éxito de La Sirenita a finales de esta década, los 90 marcaron el inicio de una nueva etapa de esplendor para la compañía del ratón con éxitos que conquistaron a todo el mundo, pero también dieron cabida a algunos de sus títulos más controvertidos, como la que hoy nos ocupa, El jorobado de Notre Dame, una de las películas más oscuras y atrevidas de la historia del estudio.

Con ella, Disney se tiró a la piscina e hizo su película más madura y valiente, algo que probablemente jamás se repetirá. Por eso, 25 años después de su estreno, analizamos su impacto en la historia del estudio, el cine de animación tradicional y nuestras vidas.

Póster español de 'El jorobado de Notre Dame' (Disney)
Póster español de 'El jorobado de Notre Dame' (Disney)

El Renacimiento de Disney abarca entre 1989 y 1999. A lo largo de aquella década, el estudio produjo un gran número de éxitos en las salas de cine, convirtiendo sus películas en eventos ineludibles para toda la familia y fenómenos culturales que a día de hoy siguen perdurando. Así, la compañía volvía a lo más alto después de una década de experimentación fallida (Taron y el caldero mágico, Oliver y su pandilla) y crisis financiera, con títulos como La Sirenita, La Bella y la Bestia, Aladdin y El Rey León, sus grandes joyas de la corona.

Cada vez más ambiciosa en sus adaptaciones, Disney decidió abordar un tema delicado con su siguiente película, Pocahontas, con la que retrataba la ocupación británica en las tierras nativas de Estados Unidos y la figura histórica de Pocahontas, dándole el lavado de cara disneyano con canciones y mascotas simpáticas. La película fue un éxito en taquilla, pero recibió muchas críticas por sus inexactitudes históricas. Sin embargo, Pocahontas no está sola en los 90. El jorobado de Notre Dame le hace compañía como una de las películas más serias y arriesgadas del estudio.

Dirigida por Gary Trousdale y Kirk Wise, El jorobado de Notre Dame llegó a los cines en 1996. La película está basada en la obra clásica de Victor Hugo, pero como de costumbre, la adaptación de Disney es muy libre, ajustando su historia a la fórmula para toda la familia del estudio. Claro que, aunque no faltan las canciones, el romance, la aventura y la comedia, El jorobado se toma bastantes licencias con respecto a lo que habíamos visto recientemente en las películas de Disney, sumergiéndose en una historia que no era precisamente un cuento de hadas, sino un importantísimo texto gótico de la literatura francesa lleno de elementos adultos.

Siguiendo el ejemplo de otras adaptaciones cinematográficas, El jorobado de Notre Dame se centra en la figura de Quasimodo, al que convierte en el héroe amable de la historia. Al igual que Ariel soñaba con salir del mar, Quasimodo vive oculto en el campanario de la catedral de Notre Dame, acompañado de tres gárgolas parlantes (Victor, Hugo y Laverne), donde fantasea con salir al exterior y vivir su vida como el resto de humanos. Sin embargo, su guardián, el malvado Juez Frollo, lo mantiene encerrado, asegurándole que no será aceptado debido a sus deformidades. Mientras, en las calles (y los subterráneos) de París, se libra una guerra de opresión contra la población gitana, en la que una preciosa bailarina, Esmeralda, y un capitán de la guardia, Febo, juegan un papel crucial junto a Quasimodo, que está profundamente enamorado de ella.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un tweet no disponible por tus preferencias de privacidad

Además de ser visual y artísticamente impresionante, El jorobado de Notre Dame es sin lugar a dudas una de las películas más temáticamente complejas y maduras de la historia de Disney. Aunque el estudio es conocido por suavizar los cuentos de hadas y cambiar sus a menudo macabros y fatídicos finales para ajustarse a su sello optimista e infantil, siempre ha tenido una vertiente muy oscura que prevaleció hasta finales de los 90, con momentos verdaderamente perturbadores y trágicos en películas como Blancanieves y los siete enanitos, Pinocho o Dumbo y, más adelante, en la deprimente Tod y Toby o la terrorífica Taron y el caldero mágico. Pero con El jorobado de Notre Dame, Disney fue un paso más allá.

A pesar de los cambios a la obra de Hugo para hacerla accesible al público infantil, la película trata temas muy adultos como la lujuria, las contradicciones de la religión, el fanatismo, el racismo, el asesinato o el genocidio. No faltan las canciones (aunque en este caso desentonen mucho más que en otras películas por el tono del film), ni tampoco el romance o el final -supuestamente- feliz, pero lo que se queda con nosotros no es eso, sino los momentos más impactantes y sorprendentemente oscuros de la película, escenas que quedan para siempre grabadas en la retina.

Estoy hablando principalmente de todo lo que tiene que ver con el villano de la película, Frollo (doblado en España por Constantino Romero). Ya desde el prólogo nos dejan claro que estamos ante un malvado de Disney diferente, un monstruo humano con complejo de Dios que desprecia a los gitanos, pero desarrolla una atracción sexual enfermiza por una de los suyos, Esmeralda. En el comienzo de la película asistimos a uno de los momentos más explícitamente violentos de toda la historia animada de Disney, la muerte de la madre de Quasimodo al golpearse la cabeza con unas escaleras, un plano increíblemente brutal que remueve por dentro. Pero eso es solo el principio.

En el mismo prólogo, Frollo descubre que la joven que acaba de asesinar tiene un bebé en sus brazos y pretende ahogarlo cuando ve sus deformidades, pero el archidiácono de la catedral lo detiene y le obliga a quedarse con el bebé y cuidarlo como si fuera suyo para expiar sus pecados. Este cruel y ominoso comienzo marca el tono de una película que, por mucho que intente disimularlo con canciones, bailes y chistes, no puede esconder su naturaleza trágica y turbadora en cada uno de sus rincones.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un post de Instagram no disponible por tus preferencias de privacidad

El jorobado de Notre Dame está llena de escenas memorables por su dureza, su poso dramático o su carga temática e ideológica. Imposible olvidar la primera vez que Quasimodo sale al exterior para participar en el Festival de los Bufones, donde es humillado públicamente por los ciudadanos de París, que lo atan y lo torturan arrojándole comida, un acto de crueldad que nos dejó huella a muchos, especialmente a los que sufríamos discriminación y acoso en la escuela por ser diferentes. Y lo que más dolía era saber que, quien lo había instigado, era la persona que, en teoría, debía cuidar de él, quien lo tenía engañado pensando que todo lo que hacía era por su bien, Frollo.

Frollo es una de las figuras más despreciables del cine de Disney. Normalmente, sus villanos tienen una capa de humor o glamour que muy a menudo los convierte en iconos (Úrsula, Hades, Scar o Cruella tienen tantos fans, o más, que los héroes de sus respectivas historias), pero en el caso de Frollo, no hay nada de eso. Es un monstruo abominable, un tirano racista y depredador, sin redención posible. Su relación con Esmeralda y los gitanos es donde Disney asumió los mayores riesgos. Frollo quiere acabar con los gitanos, pero siente una irrefrenable atracción sexual por Esmeralda, a quien acusa de brujería. Y así lo expresa en su inquietante número musical, Fuego infernal, donde la observa contoneándose en las llamas mientras se roza con su pañuelo y canta sobre el deseo que siente por ella, pidiendo a la Virgen María que lo salve de su hechizo para evitar la condena eterna al infierno. Un momento en el que Disney se olvidó que había niños en el público.

Pero hay más. En la recta final, nos adentramos en la Corte de los Milagros, el refugio subterráneo donde se esconden los gitanos para evitar la persecución. Allí, Quasimodo y Febo recorren un macabro pasadizo lleno de esqueletos humanos, donde son atrapados por los gitanos y están a punto de morir ahorcados. A la vez, Frollo busca por todos los medios el escondite de los gitanos y no duda en incendiar sus casas. En un momento concreto, el villano ordena a sus guardias quemar una casa con una familia dentro, pero Febo interviene y Frollo ordena ejecutarlo. Y por supuesto, está el final, un clímax envuelto en llamas donde Frollo, como poseído por el mismísimo diablo, intenta matar a Esmeralda y Quasimodo, pero acaba cayendo al vacío desde lo alto de la catedral hacia una muerte segura.

Aunque técnicamente El jorobado de Notre Dame tenga su final feliz, todo es un espejismo. El espíritu trágico del film impide ver su desenlace como algo completamente feliz, a pesar de su mensaje de esperanza. Esmeralda y Febo acaban juntos, pero que Quasimodo esté enamorado de ella y tenga que aceptar que ella nunca le corresponderá, duele, y no nos anima a celebrar como sí lo hicimos con Eric y Ariel, Bella y la Bestia o Aladdin y Jasmine. Y por supuesto, la (supuesta) liberación del pueblo gitano tampoco invita la celebración después de la destrucción a la que Frollo ha sometido a París. Siguiendo la estela de Pocahontas, que optaba por romper la tradición con un final triste, El jorobado nos dejaba con una sensación muy amarga.

Pero eso es precisamente lo que la convierte en una de las películas animadas más fascinantes de los 90, a pesar de no ser perfecta y tener bastantes inconsistencias tonales. Su mensaje de tolerancia, el viaje heroico de su protagonista (de marginado a salvador) y sus canciones nos recuerdan que Disney está detrás, pero su oscuridad temática, su carga sexual y sus escenas violentas la desmarcan del resto. Debido a esto, su estreno fue recibido con protestas en Estados Unidos y el Reino Unido, por parte de organizaciones conservadoras que la consideraron no apta para los más pequeños. Pero aun así, se convirtió en la sexta película más taquillera de 1996, su espectacular banda sonora, compuesta por Alan Menken, recibió una nominación al Oscar y pasó a la historia como una pieza clave de la animación moderna, para siempre grabada en el imaginario colectivo.

Sin ir más lejos, cuando la catedral de Notre Dame se incendió trágicamente en 2019, fueron muchos los que recurrieron a la película y su protagonista para rendir homenaje en redes sociales a la emblemática construcción parisina, que toda una generación asocia directamente con el clásico animado de Disney.

Con una animación excelente y una preciosa puesta en escena que reconstruye con detalle el París del siglo XIV, El jorobado de Notre Dame siempre será recordada como una de las obras más exuberantes, subversivas y sofisticadas de Disney, así como Frollo siempre será uno de los villanos más complejos de su historia. Hoy en día, Disney juega más sobre seguro que nunca y algo tan valiente y oscuro como El jorobado sería actualmente impensable (si finalmente hacen un remake en acción real, dudo que sea tan valiente como la animada). Frozen, Vaiana, Raya y el último dragón o Encanto son buenas películas, pero nos confirman que aquella Disney que asumía riesgos de verdad con sus historias ya no existe y que El jorobado de Notre Dame es uno de los últimos resquicios de su etapa más artísticamente estimulante.

Más historias que te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente