Paz Padilla sufre en carne propia la falta de límites de la prensa del corazón

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Si hay algo que engancha de Sálvame es que nadie sabe muy bien por dónde va a saltar la liebre. Una cosa es la escaleta y otra muy diferente lo que ocurre allí. Nada parece ser lineal y la espontaneidad hace fluir muchos de sus mejores momentos. Precisamente el pasado lunes, Paz Padilla ofrecía uno de esos episodios fuera de guion para compartir una experiencia personal sumamente dolorosa: la publicación de una foto de la lápida de su marido Antonio. Lo dijo claro: ella no perdona al paparazzi que la hizo. Su duro discurso, muy comprensible ante la falta de empatía que refleja el hecho desde la perspectiva de su dolor, contradice en cambio la parafernalia que resume Sálvame, el programa para el que ella trabaja desde hace 12 años.

La vivencia que expuso resulta fría y dolorosa para cualquiera que imagine estar en su lugar, pero yo me pregunto, ¿no rebusca Sálvame en trapos sucios, discordias y polémicas de otros para crear contenido? He aquí el debate.

Igual que es inconcebible pensar en Sálvame sin la picardía y contundencia de Jorge Javier Vázquez junto a la entrega total de sus tertulianos habituales, también lo es hacerlo sin las salidas de tono y la alegría de Paz Padilla. Cuando en 2009 comenzaba esta aventura, era difícil imaginar a una mujer tan positiva, tan llena de ilusión por todo y tan divertida en un programa de 4 horas donde se destripa tanto la crónica rosa. Estábamos acostumbrados a verla contar chistes, hacernos reír y presentar shows cómicos, así que no nos encajaba del todo su perfil para este formato.

Qué equivocados estábamos los que dudamos. Paz logró ganarse a una parte de la audiencia pero también a muchos detractores, siendo uno de los rostros que mas dan que hablar con sus intervenciones semanales. Así como supo dar su gracia andaluza, su personalidad dicharachera y esa guasa tan suya que logra sacar una carcajada en los momentos más tensos, también se ha caracterizado por decir lo piensa y generar polémica.

Este lunes el programa se centraba en Gema López y las fotos robadas de sus vacaciones en la playa en la portada de una revista. En un momento de tensión, Paz se sumó al debate exponiendo su propia experiencia, hablando de uno de los episodios más duros de su vida que no había hecho público: la publicación de una foto de la lápida de su marido Antonio. 

"Sacaron en una revista las fotos de la lápida de Antonio ¡Hay que ser ruin! Porque tú también vas a morir, te van a enterrar o a incinerar... No te lo voy a perdonar nunca y no voy a dar el nombre para no darte la oportunidad”, dijo con una seriedad que traspasaba la pantalla. Muy dolida por este gesto, miró a cámara y se despachó a gusto hablando del karma y la falta de amor.

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Casualmente, yo estaba viendo la televisión y he de reconocer que me sentí solidaria con mi compañera. ¿Dónde acaban los límites de la libertad informativa para dar paso al respeto y la compasión al dolor ajeno? Desafortunadamente, las imágenes de dolor son una constante de reportajes y telediarios, siendo parte de la información y la noticia misma. Paz usó las palabras "horrible", "inhumano" y "doloroso" para describir cómo vivió la acción de ese fotógrafo, al que avisó de que el karma existe y todo llega. "Te deseo amor porque tienes que estar muy solo, no tendrás a nadie que te quiera, ojalá te quiera yo algún día”.

El dolor en su mirada y su voz entrecortada se palpaba desde casa, imposible no empatizar con el desgarro que una persona ha de sentir al ver que lo más íntimo de uno se hace público por dinero. Pero es aquí donde viene mi reflexión al respecto y sin ánimo de crítica o juicio de valor a Paz, con quien comparto su sentir. Lo que pasa es que cuando uno ve Sálvame y su formato diario recurriendo a personajes varios para destripar sus vidas o escándalos para generar contenido, uno se pregunta, ¿entonces, ahí no se están pasando también algunos límites que quizás también molesten al protagonista? Sí, con otros temas y con otras tácticas, y habitualmente desde un ángulo de espectáculo gracioso, pero me pregunto si la confesión de Paz no carga una contradicción que quizás ni ella misma se dio cuenta. 

Por ejemplo, el pasado mes de julio, la gaditana se atrevía a opinar públicamente y ante las cámaras de Sálvame (sin que nadie le preguntara) sobre la manera en que Ana Obregón sentía la pérdida de su hijo Alessandro con unas palabras que, quizás, a una persona sufriendo semejante tragedia no le resulten de agrado. Según ella los constantes mensajes de tristeza en redes de la actriz y sus manifestaciones públicas al respecto no la permiten avanzar. “¿Sabes qué pasa? Que te tiras todo el tiempo con el por qué. Por qué a mí, por qué él, por qué ahora. Y cuando te quedas con el por qué no avanzas y, cuando no avanzas, te quedas con la mente errada de ese pensamiento en el que vuelves otra vez a la angustia y al no entender las cosas. Es que no hay por qué, no hay explicación, no hay respuesta. La única manera de avanzar y aceptar es no haciéndote más preguntas”

Una reflexión que puede que para ella funcione, pero que a lo mejor para otros no es válida porque prefieren vivirlo a su manera. Todo es respetable. Como valoración o consejo puede aceptarse, pero hacerlo público, hablando de las conversaciones privadas que tiene con Ana al respecto, quizás también rozara la ofensa. Es obvio que Paz no lo hizo de mala fe, por el contrario, se perciben sus ganas de ayudar a los demás con su experiencia. Pero es el que está delante quien decide si quiere hacerlo o no. Precisamente en el momento de esta declaración, Lydia Lozano estaba en el plató. También había sufrido una dolorosa pérdida, la de su hermano, quien falleció después de 45 días ingresado por coronavirus. Al escuchar a Paz no pudo evitar romper a llorar y salir del plató. A su regreso, Lydia pidió a la presentadora no hablar del tema, pero ella insistió cuando quedó claro que no quería compartir nada más al respecto. "Ahora mi madre me está viendo y no quiero", aclaró Lydia.

Los ruegos de la tertuliana a Paz no valieron para mucho y ella siguió metiendo el dedo en la llaga. “Pero, ¿tú lloras por ella? ¿O por el dolor que tú crees que ella siente? ¿O por la pena que tu madre estará viviendo?”. No supo parar al ver a la otra persona sumida en un profundo dolor y eso, de otra forma, podría percibirse como una invasión a la intimidad expuesta ante la mirada de todo un país. Lydia acabó en lágrimas y le exigió que dejara de profundizar en su pena. “No quiero hablar de esto. ¿Lo puedes entender?”, le recalcaba.

No es la primera ni la última vez que Paz insiste a su entrevistado para hablar de la muerte, que viendo las reacciones que provoca en redes suelen convertirse en momentos televisivos polémicos que generan debate. Quizás sus preguntas incómodas a Anabel Pantoja o sus opiniones tan abiertas sobre Rocío Carrasco como mujer que no se habla con sus hijos no llegan al alcance de la foto que menciona, pero igual está traspasando ciertas barreras que atañen al otro, a sus sentimientos y su pesar. En mayor o medida, eso tampoco debe ser agradable para quienes lo experimentan. 

Por supuesto que todos podemos opinar, criticar y alabar lo que consideremos oportuno, y ella lo hace con absoluta libertad en su programa donde siempre habla claro. Lo que pasa es que a veces el mensaje es un pelín contradictorio, no me critiques ni me hagas esto, pero yo presento un programa que habla de la vida del prójimo. No se trata de analizar si el asunto es más o menos grave, sino preguntarnos: ¿no es entonces la intimidad la misma para todos? 

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