Los saraos de Paula Vázquez más allá de la televisión

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Ser una de las mujeres más sexy y mejor pagadas de la televisión con apenas 20 primaveras puede parecer un sueño para muchos. No para Paula Vázquez, a sus 46 años prefiere ser una buena tía a una tía buena, pues no hay mayor éxito que ser feliz en tu propia piel. Pero decir lo que piensa sin seguir al rebaño le costó un fuerte parón televisivo y, por consiguiente, una depresión que a día de hoy le ha servido más de lo que le ha quitado. Casi 30 años después de sus comienzos en la pequeña pantalla, sigue presente en la tele, pero de otra forma, con más serenidad y muchas lecciones aprendidas. 

Hay más destrezas que le apasionan y en las que brilla sin necesidad de los focos. Por ejemplo, la defensa a ultranza de los derechos de la mujer y de los niños, cuidar de su familia y, por qué no, decir a los políticos lo que no quieren escuchar.

Paula Vazquez (Lalo Alvarez, Gtres)
Paula Vazquez (Lalo Alvarez, Gtres)

Como muchas otras presentadoras que arrancaban con esplendor en los 90, Paula Vázquez tuvo que escuchar el término de mujer florero refiriéndose a su persona. Yo misma recuerdo la época y oír aquella expresión en alguna ocasión. Una descripción muy alejada de lo que fue y sigue siendo. Y así lo ha demostrado durante tres décadas frente a las cámaras. Nunca le hizo gracia esa parte superficial y cruel de la fama, pero la juventud, el aluvión de ofertas laborales y la exposición constante frente a las cámaras la mantenía demasiado ocupada como para poder luchar contra ese estereotipo.

El ascenso de Paula era inevitable, y no solo por su impresionante físico, sino porque tenía talento, garra y mucho tirón. Enganchaba con su chispa y eso no pasó desapercibido para las cadenas. Llegó un momento en que su rostro estaba en todos lados. Concursos, programas de fin de año, campanadas, galas benéficas, programas de verano, campañas publicitarias... era omnipresente y el público estaba encantado. Era la era de la explosión de las cadenas privadas y el alumbramiento de una época de oro de la televisión que Paula vivió en todo su esplendor. 

Empezó con buen pie y de la mano del mejor. Chicho Ibáñez Serrador la vio y no dudó, la quería para el programa estrella de la televisión, el Un, Dos, Tres, responda otra vez. Paula andaba de casting en casting después de que su madre la apuntara a una agencia de modelos. Sus padres, sus grandes pilares, siempre la apoyaron y transmitieron los mejores valores, por eso se entiende todo lo que la presentadora viviría después y cómo lo afrontó. ¿Qué vivió después? La respuesta abarca mucho, pero se resume en algo sencillo: ese otro lado de la televisión y el entretenimiento que es oscuro y que no sale en pantalla, y que a día de hoy tiene más que superado.

La que fuera presentadora de programas tan relevantes como Inocente, Inocente, El juego del euromillón, La parodia Nacional, Misión Eurovisión y Fama ¡a bailar!, entre otros, dejó de ser niña entre bambalinas y se hizo mujer. Llegó un momento en que dio paso a una voz mucho más poderosa y una personalidad fuerte que llegó a incomodar a algunos. A quiénes, todavía es un misterio pero según contó Paula en una entrevista a el diario El Mundo, algún día espera contarlo en un libro. "Un día sacaré un libro y lo contaré, pero aún no tengo ganas de que me crucifiquen. No me vetó una persona concreta ni ha habido una mano negra, pero sí muchos intereses. Imagino que me convertí en incómoda", explicó sin filtro.

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De repente, la chica buena y de sonrisa angelical dejó de cortarse y empezó a involucrarse en todo aquello que consideraba importante. Se alzó contra injusticias como la discriminación de la mujer, el machismo y la desigualdad salarial, entre otras cosas. Y tampoco se calló a la hora de exigir ciertas cláusulas en sus contratos a la hora de desempeñar su trabajo. La experiencia es un grado, así que una de las cosas que pedía antes de dar el sí a un nuevo proyecto era que no la hicieran preguntar a otro por su vida privada. "¿Con qué cara podría sino yo pedir que respetaran la mía?", explicó a eldiario.es a principios de este año. 

De alguna manera ese fue el principio del fin. Paula, con centenares de horas a sus espaldas en la tele, un micrófono de oro y, lo más importante, el cariño del público, se vio 'forzada' a casi desaparecer por decir lo que piensa en lo que se supone es un país y un espacio democrático. De la noche a la mañana, pasó de ser la cara estelar de las cadenas generalistas a no hacer casi nada en parrilla. Y visto desde fuera, de repente se percató del largo camino que quedaba por recorrer en televisión para que a la mujer se le diera su lugar. "Cuando yo salgo de Antena 3 me dicen que no hay programas de entretenimiento. Y luego ves que Manel Fuentes tiene tres y Arturo Valls tiene dos. ¿Eso cómo se llama? Yo lo llamo misoginia. ¡Qué coincidencia que un hombre tenga tres programas y tú estés en casa! ¿Eso es casualidad?", dijo sin tapujos a El Español. Un camino y un trabajo no solo dentro de la pequeña pantalla, también en muchos otros sectores de la sociedad.

La tele se apagó más tiempo de lo esperado para ella y así llegó la ansiedad, pero con ella también mil y una oportunidades alejada de los flashes que la convirtieron en la mujer plena, segura y feliz que es hoy en día. "Muchas cosas personales estaban aparcadas por no salir de la burbuja televisiva desde que era una cría. Pero después de pasar por un momento personal difícil, salí fortalecida", explicó a El Diario. Fueron muchas las aventuras de vida en las que se embarcó fuera del ojo del huracán, todas ellas enriquecedoras y partes claves de su vida en la actualidad. "Algo muy interesante que he hecho es aprender idiomas, cursos de escritura y hasta de meditación. Y otra cosa muy saludable es empezar a hacer terapias. Lo recomiendo. Creo que está mal entendido, como que te tiene que ocurrir algo para acudir a un psicólogo y en realidad es un lugar en el que ser uno mismo, entenderte y conocerte", expresó encantada de la vida en una entrevista a La Vanguardia en 2016 cuando la tele generalista la hacía de lado.

Desde el 2013 hasta el 2017 sus apariciones en televisión fueron contadas, pero no se quedó de brazos cruzados. Fue un tiempo que empleó para esa introspección pero también para decir lo que quería, sentía y pensaba en ese otro mundo paralelo que son las redes sociales. A través de ellas ha dado voz a mujeres que no la tienen apoyando campañas y propuestas de emprendedoras con ideas enriquecedoras para su género. Mostró su apoyo a la victima de La Manada denunciando la sentencia de la Audiencia de Navarra que condenó por abusos sexuales, pero no violación. Un gesto que le valió el término de feminazi. A Paula le entró por un oído y le salió por otro. Como tampoco le importó el qué dirán cuando celebró la cesión de censura de Mariano Rajoy.

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Lo que no le agradó tanto fue ser víctima de insultos, amenazas y otros comportamientos temerarios que ha denunciado siempre ante la justicia y en las redes. Si no se va de ellas es precisamente por eso. "Porque si me callo, ganan. El acoso cuando opinas de política es brutal, pero es peor darte cuenta de los ignorantes que hay detrás", confesó a El Mundo

Así que allí está, alabando la labor de mujeres y promoviendo, entre otras cosas, la aprobación de la Ley Rhodes, la cual combate la impunidad de los abusos a menores. Todas estas revelaciones públicas han hecho que muchos la bauticen como podemita (incluso que la hayan asociado sentimentalmente con Pablo Iglesias). Todo un espectáculo de dimensiones estratosféricas que superan a los programas de brillo y glamur que tantas veces presentó.

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Pero ya nada le asusta. Las prioridades han cambiado y en el top de su lista también está su familia. Ha sido la fiel compañera de su padre José Ramón, paciente de cáncer de pulmón, durante el largo proceso de la enfermedad del que ha hecho partícipes a sus seguidores en redes. A través de imágenes ha contado la historia de este luchador, mostrado su sonrisa tras la última quimo y celebrado la vida por encima de cualquier otra cosa. 

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Su solidaridad no se reduce al calor del hogar y de los suyos. Después de un viaje a la India que le marcó profundamente en esos años de búsqueda de sí misma, Paula también se centró, entre otras cosas, a ayudar a quienes más los necesitan. Colabora con diferentes organizaciones, aunque prefiere no vanagloriarse de ello, como tampoco del dineo que ha ganado a lo largo de estos 30 años de carrera. Una buena ristra de ceros que en muchos de estos momentos de crisis e incertidumbre le han ayudado a disfrutar de la paz de su casa sin la angustia de llegar a final de mes. "Tras 22 años trabajando en la tele, si no he ahorrado es para matarme. Puedo decir que he trabajado mucho, me ha ido muy bien y en la vida hay que hacer las cosas con cabeza. Eso me ha permitido poder renunciar a trabajos que me parecía que no podía defender si quería ser fiel a mi forma de pensar", explicaba en su entrevista a La Vanguardia.

Su patrimonio, según un estudio realizado por Vanitatis, no es para tirar cohetes pero sí lo suficientemente extenso como para vivir desahogada. La publicación aseguraba en 2017 que su patrimonio inmobiliario ascendía a una terreno en tierras gallegas con una finca bastante acogedora donde refugiarse y cargar pilas; una piso en la exclusiva localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón y dos plazas de garaje. Hace especial hincapié en Valkiria Producciones y Management SL, empresa en la que Paula Vázquez ostenta el cargo de administradora única y que se dedica a la creación artística y literaria.

Todo eso sumado a su buena labor como hormiguita con el dinero hacen que Paula aparentemente viva tranquila y sea más que solvente. Además, en 2017, después de un parón de tres años y con una mayor fortaleza mental, regresó a la televisión, nada más y nada menos que de la mano de Sylverster Stallone. La productora de la estrella de Hollywood se interesó en ella y la fichó como presentadora de Ultimate Beastmaster, una experiencia única con la que volvió a sentir esas mariposas en el estómago cuando estás frente a los televidentes. 

"Nunca pensé que volvería a la televisión. Tampoco me sentía muy identificada con lo que estaba viendo. Cuando me llamaron pregunté: ¿Por qué habéis recurrido a mí si ahora no tengo ningún formato en cadena? Y fue muy bonito porque por primera vez en mi vida me dijeron que por mi currículum. En España eso te encasilla, en otros países piensan que si llevas muchos años por algo será", confesó al diario ABC. Una cosa llevó a la otra y en nuestro país volvieron a aclamarla gracias a El puente, un docureality rodado en la Patagonia, Argentina, en el que derrochó toda su artillería de encanto y talento frente al objetivo. Y así llegaron también el regreso después de 7 años de Fama ¡a bailar! y su más reciente éxito Celebriy Bake Off, en Amazon Prime Video.

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A Paula ya no la frena nada. Sus redes siguen siendo un derroche de reivindicaciones y brindis por la vida. Que no la llamen de TVE o Antena 3 ya no le quita el sueño. Durante muchos años fue una de las 'culpables' del alto rating de las cadenas más importantes de este país y eso no hay quien pueda vetarlo. 

Ahora su función es otra, seguir dando lo mejor como presentadora allá donde la quieran y luchar por lo que cree sin censura ni miedos. Es lo que tiene cumplir años y Paula lo tiene. Eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor no es para ella y su presente, lleno de ideales y proyectos personales, así lo demuestra.

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