Por qué un pato de goma amarillo se ha convertido en la mayor amenaza del polémico rey de Tailandia

Javier Taeño
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Hasta hace no mucho tiempo la figura del rey de Tailandia era muy respetada en la sociedad y el monarca gozaba del respaldo y apoyo de los ciudadanos. Sin embargo, el fallecimiento de Bhumibol Adulyadej en 2016 y la llegada al trono de su hijo Maha Vajiralongkorn ha cambiado las cosas.

Su carácter dictatorial, sus continuas polémicas y el mal trato dado a sus súbditos han acabado con la paciencia de una población que lleva varios meses manifestándose a favor de la democracia y en contra del poder de la monarquía. En las últimas semanas las protestas han aumentado y han hecho su aparición los que se han convertido en el símbolo del descontento contra la institución: los patitos de goma inflables de gran tamaño.

Las protestas en Tailandia con los patos inflables. (Photo by JACK TAYLOR/AFP via Getty Images)
Las protestas en Tailandia con los patos inflables. (Photo by JACK TAYLOR/AFP via Getty Images)

Tradicionalmente los manifestantes del país utilizan la ironía, el humor y el ingenio para protestar. Al principio estas curiosas mascotas inanimadas aparecieron en las protestas como una broma que pretendía resaltar la desproporcionalidad de la represión de las fuerzas de seguridad contra el pueblo que se pronunciaba pacíficamente.

En una protesta el pasado 24 de noviembre, después de que las autoridades hubieran bloqueado el acceso al edificio del Parlamento, cientos de personas bromearon con los patitos, diciendo que la única forma de llegar al interior del recinto era enviando los animales a través del río. Cabe señalar que en ese momento en el Parlamento se estaban debatiendo posibles cambios en la Constitución.

Pero su función rápidamente ha ido variando hasta convertirse en un auténtico icono de las protestas contra el rey. Después de que las autoridades atacaran a los manifestantes con gases lacrimógenos y cañones de agua (algunas de las ráfagas contenían irritantes químicos), los ciudadanos usaron los patitos como escudos, protegiéndose con ellos.

Rápidamente se hicieron virales las fotos de estos inflables con signos evidentes de maltrato y rociados con tinte púrpura disparado por las autoridades. Estas instantáneas, en las que los patitos aparecían caídos en el suelo, fueron muy simbólicas porque reflejaban que hasta ellos habían sido derribados por la violencia policial.

Desde ese momento, los patitos se han convertido en iconos y han aparecido en redes sociales numerosas publicaciones en las que se convierten en superhéroes o en luchadores musculosos que protegen a los ciudadanos.

Disfraces, billetes, carteles... Los patitos están por todos lados. (Photo by Geem Drake/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Disfraces, billetes, carteles... Los patitos están por todos lados. (Photo by Geem Drake/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

También se han hecho un hueco en los carteles de las protestas. Uno de los más celebrados, dirigido a los agentes, decía “dejad de acosar a la gente y a los patos inflables”. Muchos otros apelaban a la valentía de los inflables para mantener vivas las manifestaciones.

Los patitos se han hecho tan populares que incluso Joshua Wong, activista de Hong Kong, los ha elogiado en su cuenta de Twitter. “La creatividad gana”, señaló, antes de expresar un deseo: “Larga vida a los patitos de goma”. Una muestra más de que estos animales se han convertido en un auténtico quebradero para la monarquía.

Un reinado polémico

Desde su llegada al trono el rey Maha Vajiralongkorn, conocido como Rama X, ha estado envuelto en la controversia por su vida de excesos y lujos. Una de sus últimas polémicas se ha producido precisamente en los últimos días después de que se vieran varias fotos en las que se muestra cómo trata el monarca a sus súbditos.

En las instantáneas se aprecia que el séquito que le rodea es obligado a arrastrarse por el suelo. Uno de los ejemplos era la imagen de un vagón de metro en el que Rama X iba sentado en los asientos, mientras que sus sirvientes estaban en el suelo pese a que había numerosos sitios en los que sentarse.

Otra de sus excentricidades fue nombrar mariscal del aire a su perro, un animal que le acompañaba a todas partes y que cuando murió, en 2015, recibió unos fastuosos (y caros) funerales que duraron cuatro días.

Sus polémicas sexuales también han estado frecuentemente en la prensa. Más allá de su esposa, la reina Suthida, y su consorte oficial, Sineenat, cuenta con un harén de más de 20 concubinas que suelen estar drogadas para ser ofrendas de placer al soberano.

Precisamente en los últimos días el último escándalo ha sido la filtración y divulgación de decenas de fotos íntimas de Sineenat. Esta mujer, que estuvo en prisión nueve meses debido a que las altas instancias consideraban que el poder se le había subido a la cabeza, recibió el indulto real el pasado mes de septiembre.

La indumentaria de Rama X tampoco suele pasar desapercibida y antes de llegar al trono se le conocía en el país como el príncipe playboy debido al uso de tops ceñidos que frecuentemente mostraban su barriga y sus tatuajes.

Así pues el pueblo tailandés está en pie de guerra contra una institución que ha pasado de ser motivo de orgullo a fuente de polémicas y vergüenza. Está por ver qué termina pasando y el papel que juegan los patitos en la historia.

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