Paseos y confidencias de María Zambrano y Miguel Hernández, en una exposición

Agencia EFE
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Orihuela (Alicante), 2 abr (EFE).- Los paseos y confidencias sobre sus respectivas vidas amorosas en el Madrid anterior a la Guerra Civil de María Zambrano y Miguel Hernández son recuperados en una exposición sobre la decisiva influencia de la filósofa malagueña en la trayectoria del 'poeta del pueblo'.

"María Zambrano. Aurora del pensamiento" es el título de esta muestra visitable del 2 de marzo al 27 de junio en la casa-museo Miguel Hernández de Orihuela (Alicante) y que, organizada por el ayuntamiento y la fundación cultural que lleva el nombre del poeta, refleja la vida, obra y la relación con el oriolano de la filósofa y escritora, que fue premio Príncipe de Asturias en 1981 y se convirtió en la primera mujer en ganar el Cervantes en 1988, cuatro años después de regresar del exilio.

Zambrano (Veléz-Málaga, 1904-Madrid, 1991) tuvo un papel decisivo en Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) ya que fue una de las personas que le ayudó a entrar en el ambiente intelectual del Madrid de 1934 debido a que cada domingo organizaba unas tertulias literarias en su casa de calle Conde de Barajas a las que le invitaba.

El director de la casa-museo oriolana Miguel Hernández, Tomás Serna, ha explicado a Efe que en ese domicilio el autor de 'Perito en lunas' y 'Nanas de la cebolla' tuvo ocasión de conocer y compartir sus inquietudes literarias con figuras que le marcaron como Pablo Neruda, José Bergamín, Vicente Aleixandre y Enrique Azcoaga (éste último le incitó a participar en las denominadas 'misiones pedagógicas', como también haría García Lorca con teatro).

Tras esos encuentros literarios "importantísimos" para el alicantino por los apoyos que le brindaron, María Zambrano y Miguel Hernández solían pasear a solas hasta la ribera del Manzanares, pasando por la calle Segovia y la parte trasera de La Almudena, hasta hallar una piedra en el suelo junto al río donde, según dejó escrito la filósofa, compartían respectivos silencios de desamor.

Concretamente, la impulsora del concepto de la 'razón poética' aprovechaba la presencia de Miguel para desahogarse en silencio del amor frustrado por un primo hermano y, al mismo tiempo, el poeta de Orihuela trataba de aclarar sus dudas de "amor doble" a su hasta hacía poco relación Josefina Manresa (con quien luego se casó) y los sentimientos que tenía hacia la artista Maruja Mallo.

"Yo estaba triste por una pena de amor (...) no buscábamos un banco, sino una piedra y sobre esa piedra llorábamos y apenas nos hablábamos", escribió tiempo después Zambrano sobre esos silencios compartidos.

"Esos paseos eran casi una terapia de los dos para desahogarse" y forjaron un vínculo que perduró pese a que no se vieran más a partir de 1937, según el director de la casa-museo Miguel Hernández de Orihuela.

La exposición hace un 'guiño' especial a esos paseos entre 1934 y 1937 con un pasillo estrecho entre los paneles y vitrinas dedicadas a Zambrano que dirigen hasta un espacio final más ancho donde hay una piedra cuadrada y de tipo asiento como la que debieron compartir la filósofa y el poeta en el Manzanares.

Para Serna, los dos protagonistas "vienen de dos mundos de pensamiento diferentes pero comparten una circunstancia común, el amor, y esto hace que los dos se unan y se desahoguen".

Además de un repaso por la trayectoria vital e intelectual de la malagueña, donde se apunta que su vínculo con la poesía proviene de la amistad de su padre, Blas Zambrano, con Antonio Machado, la muestra incluye un artículo firmado por Zambrano en El País (1978) donde recuerda aquellos paseos con Miguel.

"Hay quien no pudiendo rezar a solas lo hace junto al amigo diciendo alguna cosa alusiva o nada, ofreciendo el corazón que a solas se queda apesadumbrado y opaco. Y creo que fuera eso lo que tan a menudo pasaba entre nosotros en aquellas tardes", rememora Zambrano, "cuando mencionábamos las espigas y su soleado campo, el redondo pan moreno y la sangre de la tierra exprimida en los racimos".

También "cuando nos callábamos" puesto que "más él hablaba poco también por campesino, por indígena que sabe que la palabra es don del que no debe usarse en vano".

Antonio Martín

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