Cómo pasar el finde de tu vida en Ibiza ¡y gratis!

Por Cynthia Martín
Photo credit: NEREA COLL

From Esquire

Por donde empezar... he pasado dos días en Ibiza y todavía sigo me veo en esas aguas cristalinas que mueren en calas escondidas de arena blanca. Y aún cuando cierro los ojos viene ese fogonazo de ver el sol caer en atardeceres de película. Y qué decir de poder disfrutar de un arrocito o un bullit de peix elaborado por las manos sabias de un local seguidos de la correspondiente sesión de música chill... En resumidas cuentas, Ibiza es un paraíso natural al que escaparse un par de días sin tener obligatoriamente que adentrarse en la vida nocturna que la ha convertido en un icono internacional. No, hay una Ibiza diferente que permite desconectar del todo. Y te vamos a contar cómo hacerlo. Incluso gratis, pero para eso tienes que llegar al final de este viaje.

48 horas de paz y tranquilidad. Esta es nuestra propuesta para vivir Ibiza de otra manera. Comenzamos.

Llegada al aeropuerto. En él se mezclan turistas de todas las nacionalidades y edades dispuestas ya sea a vivir la noche nocturna que ofrece la isla balear o a descansar en sus muchas playas. Y es que Ibiza es mucho más que fiesta y grandes DJ's. Es un paraíso natural con esquinas y rincones donde aun se respira la tranquilidad y la esencia de esa isla que cautivó a los hippies de los sesenta. Y este es el plan que os proponemos.

Photo credit: NEREA COLL

Carretera y manta, como se suele decir. Unos 20 minutos son suficientes para sentirse fuera del mundo urbano, pues nuestro grupo, formado por cinco periodistas, atravesamos la verja de la masía en la que pernoctaremos un par de días. Escondida entre una frondosa y espectacular naturaleza protegida (porque aunque no lo creamos, en las islas hay suelos tupidos de altos árboles) en la que solo se escuchan las aves y el crujir del viento en las ramas comienza propiamente la aventura. Dejar maletas y a comenzar la dura jornada: darse un baño en la piscina infinita - requerimiento obligatorio en este tipo de escapadas de lujo. Y también un grifo de cerveza en el que hacer pruebas para aprender a tirar las cañas de cara al veranito.

Photo credit: NEREA COLL

Tardes de cala

Es mediodía, hora perfecta para comer algo ligero antes de emprender la ruta hacia la playa. ¿Playa? Sí, playa. ¿Por eso hemos venido a una isla, no? Ahora, ¿a cuál de todas? Ibiza cuenta con rincones, unos más conocidos que otros, que nos transportan directamente a las postales (bueno, ahora sería a las historias de Instagram) de esos amigos que se han ido hasta el Caribe. Uno de los mejores ejemplos, y al que vamos nosotros, es Cala Comte, un enclave de la zona oeste de la isla situado a apenas 15 minutos en coche desde San Antonio. Para muchos esta playa no necesita presentación, pues es de las más populares por sus tranquilas aguas cristalinas muriendo en una playa semicircular protegida por rocas naturales de intenso color naranja.

Photo credit: NEREA COLL

Es desde la orilla desde donde mejor se puede disfrutar del contraste de azules, desde el más intenso al tono más cielo, que ofrece este tranquilo rincón ibicenco con islotes y pequeñas embarcaciones decorando el fondo de la vista.

No hay Ibiza sin atardecer

No hace falta moverse de Cala Conta (Comte en ibicenco) para disfrutar de los famosos atardeceres de la isla. De hecho, esta ubicación es una de las más recomendadas por los locales. Conforme el sol empieza a caer, el público empieza a tomar posiciones – desde las rocas, la propia arena, el chiringuito que domina la vista, o como en mi caso, desde el único, pero suculento y muy recomendable, restaurante del enclave: S´Illa Des Bosc.

Entre cervezas, arroz, un gazpacho de fresa y otros tantos platos igualmente deliciosos colocados en el medio de la mesa para ir picando, vemos el espectáculo de ver caer el sol. Recomendación: estad atentos, los atardeceres son más rápidos de lo que pensamos, el sol se va en menos que canta un gallo. Ah, y es tradición aplaudir cuando la bola roja dice adiós.

Photo credit: NEREA COLL

Chiringuitos con el mar de fondo

Llega la noche, y con ella, la música. Seguimos sin movernos de Cala Comte, pero es que realmente merece la pena destinar un día entero a esta maravilla natural. Aunque el chiringuito de al lado, Sunset Ashram, ofrece fiesta durante el día entero, es mejor aguantarse un poco, por eso de que se vaya a ir el sol y se nos olvide a lo que hemos venido. Pero una vez llega la oscuridad, bajar la cena disfrutando de algún licor desde este chiringuito donde la música de un DJ suena hasta altas horas de la noche es un must ibicenco.

Sin embargo, como en este viaje hemos venido a descansar y al día siguiente la jornada es una auténtica experiencia local, es mejor recogerse a una hora decente.

Mecerse por las olas del mar en un barco

Y llega el día siguiente. Rumbo al puerto. ¿Para qué? Pues para disfrutar nuevamente del mar, solo que ésta vez no será desde la arena blanca, si no sobre las mismas aguas del Mediterráneo. Desde el puerto de San Antonio comienza la aventura de pasar un día a bordo de un barco. Y no hablamos de esas popas que se convierten en fiestas andante, si no sobre uno de los mejores descubrimientos y recuerdos de todo el viaje: el Gastro Boat Ibiza. Aquí tienen amarrado su barco un matrimonio único donde los haya.

Pepita y Tony son ibicencos, personas de mar, él pescador de toda la vida y amante de la navegación como nos cuenta mientras dirige el barco. En estos días han montado un negocio, de momento, único en la isla: un barco privado para máximo 10 personas en el que disfrutar de una jornada relajante, lujosa y con una conversación perfecta.

Salimos del puerto y en cuanto el motor coge fuerza, la brisa marina lo envuelve todo (sobre todo en las tumbonas ubicadas en la parte delantera, perfectas para tomar el sol). El día de hoy se resume en una palabra: placer.

Photo credit: NEREA COLL

Llegamos a Isla Conejera, un enclave protegido en el que solo los animales pueden vivir, pues a las personas se les ha prohibido pisar para no cargárselo (aunque, como nos recuerda Pepita, cuando era pequeña el colegio les traía de excursión). Tiramos el ancla enfrente para disfrutar de la soledad que este enclave ofrece, así como para darse un baño fuera del tumulto y disfrutar de la fauna y flora marina.

Y sin darnos cuenta es la hora de comer. Tony ha estado cocinando en la parte trasera del barco, donde se ha montado una cocina con paella incluida. Y comienza el homenaje culinario local a base de productos frescos y comprados esa misma mañana en el mercado. Ya lo dice el cocinero: el secreto está en adquirir productos de calidad, y él, como buen ex-pescador sabe comprar el mejor ejemplar. ¿El menú? Gambas ibicencas, langosta, un bullit de peix - en el que probé por vez primera la raya y el gallo de San Pedro, y un arroz a banda espectacular. Y todo ello mecido por las ligeras olas del Mediterráneo (pues aunque pensemos que este mar es calmo, hay movimiento. Por tanto, pastillas para el mareo recomendadas). Ah, y por las gaviotas. Cuidado con darles de comer, os perseguirán para el resto de vuestros días.

Photo credit: NEREA COLL

Tras hacer la digestión volvemos a puerto. Una sangría casera como despedida y vuelta a la casa.

Cenas con vuelta de rosca

¿Segundo plan del día? Seguir comiendo, por supuesto. En tierra y de nuevo en la masía, el chef Basilio Corral tiene preparada 'Explotarium', una experiencia gastronómica en la que, como su nombre indica, hay que explorar. Explorar sabores y texturas en los que nada es lo que parece. Este chef se ha especializado en ofrecer catering a domicilio, y a nosotros nos ha preparado una sucesión de platos locales ibicencos con un giro de tuerca moderno, véase, un arroz que en vez de plato usa taza y tiene forma y textura de cereales para desayunar. O una croqueta que esconde un delicado guiso de pescado. O una carne envuelta en bruma.

Photo credit: NEREA COLL

Mañanas de yoga y paella

Toca irse despidiendo del viaje, por ello, comencemos el día con energía saludando al sol. El contexto natural se presta a meditar y dejarse llevar por una masterclass de yoga previa al desayuno. Esterillas al suelo, flexibilidad a prueba y mente en blanco durante una hora. Al fin y al cabo, a veces con ir a la playa no es suficiente para descansar.

Termina la jornada de deporte, y tras un desayuno acompañado de su correspondiente chapuzón, llega la hora de comer. No podíamos despedirnos del suelo balear sin comer otro arroz. ¡Pero vaya arroz! Paella de carne servida y comida, nos disponemos a recoger el equipaje y volver a Madrid.

Photo credit: San Miguel

¿Tú también quieres vivir esta experiencia? Pues puedes disfrutar de esta Ibiza diferente, con todos estos planes que te hemos contado, apuntándote al sorteo de 5 plazas dobles que Cervezas San Miguel tiene preparado. Por segundo verano consecutivo, San Miguel House Ibiza inaugura la temporada de poder vivir una experiencia única en la mágica isla balear. Apunta las fechas del viaje: del 23 al 25 de julio. Para participar hay que unirse a los hashtag #CasaSanMiguelIbiza y #CervecerosInquietos antes del 10 de julio.

Photo credit: NEREA COLL