Las federaciones escogen romper el fútbol y a los futbolistas antes que el negocio

Albert Ortega
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(201112) -- LISBON, Nov. 11, 2020 (Xinhua) -- Cristiano Ronaldo (2nd R) of Portugal shoots during a friendly football match at the Luz stadium in Lisbon, Portugal, on Nov. 11, 2020. (Photo by Pedro Fiuza/Xinhua) (Xinhua/Pedro Fiuza via Getty Images)
Cristiano Ronaldo busca aumentar su cuenta goleadora ante Andorra. (Foto Xinhua/Pedro Fiuza via Getty Images)

Los amistosos internacionales nunca tuvieron sentido. Sobre esa excusa se creó la Nations League y nos vendieron que, con ella, se acabarían los amistosos absurdos que sobrecargan el ya de por sí saturado calendario futbolístico. Sin embargo, ahí lo tenemos: nada ha cambiado. Ni siquiera ha habido una amnistía en una temporada con una pandemia mundial azotando el panorama. Hay que seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro aunque el parte de bajas empiece a producir vértigo. El balón no se puede detener porque la rueda del dinero debe seguir girando.

El contagio hace un mes de una de las mayores estrellas de nuestro deporte, Cristiano Ronaldo, tampoco ha servido para evidenciar que la práctica del fútbol de selecciones durante estos meses es un auténtico disparate. Viajes kilométricos, jugadores que proceden de distintos grupos y países, protocolos minuciosos con los clubes que se arrollan con las selecciones. Choques entre países confinados. Hay que ser estrictos y limitar los contactos que no sean imprescindibles; menos cuando la pasta fluye. Un dislate andante.

Ya sabíamos que el dinero mandaba, pero los futbolistas se sienten hastiados por empalmar dos temporadas seguidas sin apenas margen de maniobra para descansar y recargar las pilas. “Como muchos, siento que esta no es una nueva temporada, sino la continuación de la anterior. No ha habido un corte. Para mí estamos en el partido número sesenta de la temporada, no en el noveno”, afirmó Kylian Mbappé hace menos de una semana. ¿Qué importa la salud de los protagonistas en relación a unos cuantos millones por amistosos de un nivel pírrico? ¿Qué importa, en definitiva, la calidad del juego cuando se puede explotar aún más a los que la producen?

Decía Toni Kroos el otro día: “Al final del día los jugadores sólo somos las marionetas de la FIFA y la UEFA con todas estas competiciones extra que se inventan. No le preguntan a nadie. Se han creado para aspirar todo lo financiero y succionar físicamente de los jugadores. Vamos a romper el fútbol”. De momento, el fútbol no se ha roto, pero los dueños de esto, los jugadores, van cayendo como moscas: Ansu Fati, Virgil Van Dijk, Federico Valverde, Joshua Kimmich, Joe Gómez, Trent Alexander-Arnold, Jesús Navas o Philippe Coutinho son algunos de los lesionados, mientras otros como Casemiro, Eden Hazard o Kai Havertz han dado positivo por coronavirus.

Por su parte, el sindicato de futbolistas (FIFPRO) emitió un comunicado el día 6 de noviembre advirtiendo de que: La gestión actual del calendario durante este periodo de emergencia carece de consideraciones suficientes para la salud, bienestar y rendimiento y requiere una revisión urgente”. Al parecer, para las instituciones era más urgente disputar unos competidísimos Portugal 7-0 Andorra, Italia 4-0 Estonia, Luxemburgo 0-3 Austria y el vibrante Eslovenia 0-0 Azerbaiyán.

Estos amistosos no son necesarios, pero había un acuerdo para celebrarlo antes del coronavirus y hay que aceptarlo. Todos sabemos que el calendario está cargado y este año, todavía más”. Las palabras de Frenkie de Jong, a medio camino entre la crítica tímida y la resignación, demuestran que los futbolistas son conscientes del mangoneo galopante de las instituciones, pero la inercia es tan importante que no importa el peligro que esconda.

Más contundente fue el seleccionador tulipán, Frank de Boer, al finalizar el encuentro entre España y Países Bajos: "El dinero es muy importante, pero también tenemos que cuidar de nuestros jugadores. Todos los interesados deben sentarse a hablar porque la salud de nuestros futbolistas es importante. Todos estamos de acuerdo en eso y hay que tomar decisiones".

Mientras tanto, seguiremos viviendo partidos de una calidad ínfima y una importancia mínima como el de ayer. Partidos innecesarios. Excedente balompédico. Encuentros que no le interesan a nadie e incluso provocan que, en el caso de España, donde la mayoría desconectan de la selección hasta la llegada de los grandes torneos, el aficionado ignore aún más el desempeño del combinado nacional. A veces menos es más. A menos que el dinero pese más que la salud de los futbolistas y el entretenimiento de sus seguidores. Sucede que las prioridades son otras.

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