¿No entendiste el final de 'Parásitos'? Nosotros te explicamos toda la historia

ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE PARÁSITOS

Tras arrasar en los Óscars cosechando las estatuillas a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Película Extranjera y Mejor Guion Original, Parásitos vuelve a convertirse en la película de moda –pese a haberse estrenado en España hace casi cuatro meses. Y es que el “efecto llamada” de los Premios de la Academia ha hecho que el reestreno en salas de la película de Bong Joon-ho se posicione en el segundo puesto de la taquilla nacional del fin de semana pasado (solo por detrás del estreno de Sonic), avivando el interés por la filmografía previa del director y, en general, por todo el cine de Corea del Sur.

Los protagonistas de Parásitos son pobres que habitan un subsuelo y sueñan con ascender en la escala social. (Imagen: La Aventura Audiovisual)

Pero como no podía ser de otra forma, entre este nuevo aluvión de espectadores que está recibiendo Parásitos se encuentran muchos que, de no ser por el triunfo histórico en los Óscars (y, en menor medida, por la Palma de Oro en Cannes), no se habrían acercado jamás a esta extraña y oscura mezcla de thriller, comedia y drama social en la que los cuatro miembros de una familia pobre se van infiltrando, por medio de mentiras y subterfugios, como empleados domésticos de una familia adinerada. Máxime teniendo en cuenta que, al igual que sucede con otras cintas anteriores de Bong, su historia puede dejar a muchos espectadores en un mar de dudas incluso a pesar de su contundente final.

Así que, si eres uno de ellos, en este artículo vamos a intentar aclararte las cosas para que disfrutes plenamente de la película de la temporada. ¡Pero te advertimos de nuevo que contiene muchos SPOILERS!

Recordemos que, en la primera escena de Parásitos, el hijo de la familia que se va a infiltrar, Ki-woo, busca desesperadamente captar una señal de Wi-Fi desde el semisótano en el que vive, mientras el resto de miembros doblan cajas de pizza a cambio de un mísero salario. Claramente, los Kim son pobres. Y por si su pobreza no fuese ya evidente, la familia permite que el gas tóxico de una fumigación callejera entre por la ventana para así ahorrarse el coste de desalojar a las cucarachas que parasitan su vivienda. Poco después, gracias a un amigo, Ki-woo consigue un trabajo como tutor anglófono para Da-hae, la hija mayor de la familia de la rica familia Park.

Los Kim deciden infiltrarse progresivamente como sirvientes de una familia rica. (Imagen: La Aventura Audiovisual)

Toda la primera parte de la película nos muestra a Ki-woo y al resto de su familia colándose subrepticiamente en la casa de los Park en calidad de trabajadores, fingiendo no conocerse entre ellos: la hermana, Ki-jung, se hace pasar por una terapeuta artística para el pequeño de los Park, la madre Chung-sook consigue un puesto como sirvienta y Ki-taek, el padre, se coloca como chófer. Hasta aquí, la mayor parte de los espectadores simpatizan con la arriesgada e ingeniosa picaresca de nuestra familia protagonista.

Pero entonces, y como sucede con muchas otras películas de Bong, entre el primer y el segundo tercio de Parásitos sucede algo que cambia por completo la historia: se revela que la lujosa mansión tiene un búnker subterráneo en el que se oculta otra familia (fue precisamente esta tercera familia escondida el concepto que impulsó a Bong a desarrollar la historia). Así, la sirvienta que fue despedida al principio, Mun-kwang, regresa y confiesa a los Kim que su marido, Kun-sae, lleva cuatro años viviendo escondido bajo la casa de los Park. Mun-kwang implora a Chung-sook que permita a su marido seguir oculto allí abajo, llamándola “vieja hermana” y diciendo que ambas son “vecinas necesitadas”. Pero Chung-sook rechaza esas etiquetas, pues no está dispuesta a que su familia sea comparada con unos miserables que sobreviven succionando la riqueza de una familia rica (lo cual, por supuesto, es justo lo que están haciendo ella y los suyos). Pobres enfrentados entre sí por parasitar a los ricos, ¿es esta la explicación del título de la película? Quizá no del todo, como veremos más adelante.

La esperanza ciega lleva a los Kim a enredarse en un problema sin salida que no resuelve su situación vital. (Imagen: La Aventura Audiovisual)

Así pues, ambas familias se enzarzan en una pelea por reclamar su “legítimo” lugar en la vida de los Park. Al principio los Kim se alzan victoriosos, encerrando a Mun-kwang y a Kun-sae en el sótano y disfrutando de los privilegios que tanto esfuerzo (las cosas como son) les ha costado conseguir. Pero entonces los señores de la casa les piden que pasen un fin de semana con ellos para celebrar el cumpleaños del pequeño. En el acto final de la película, la espontaneidad e ignorancia de los Park se vuelve en contra de los Kim. Durante la fiesta, un enloquecido Kun-sae logra salir del búnker y apuñala a la hija de los Kim, Ki-jung –tras lo cual cunde el caos entre los invitados. El niño de los Park sufre un ataque epiléptico y sus padres piden al chófer, Ki-taek, que les lleve al hospital –pese a que su propia hija se está desangrando por la cuchillada recibida. Es en este momento cuando el hombre comprende por fin que él y su familia no son ni pueden ser para los Park otra cosa que esclavos para todo –intercambiables pero en última instancia imprescindibles. Que, en realidad, son los ricos quienes están parasitando a los pobres, por más que el olor de estos les desagrade. Desatando todo el resentimiento acumulado a lo largo de la historia, Ki-taek apuñala al patriarca de los Park y sale corriendo.

En el epílogo de la película, Ki-taek se ha convertido en el nuevo ocupante del búnker que hay bajo la casa –donde sobrevive oculto en el último sitio en el que la policía iría a buscarle. Por su parte, los Park se han mudado y en su lugar la casa está habitada por una familia alemana. Como suele suceder en las películas de Bong, el mundo sigue y su funcionamiento parece no haber cambiado nada. Aunque las piezas sean otras, el juego es el mismo: arriba viven los ricos, abajo los pobres.

Los Park celebran el cumpleaños de su hijo, ajenos al complot que se cierne en torno a ellos. (Imagen: La Aventura Audiovisual)

La película termina con el hijo de los Kim, Ki-woo, despertando en el hospital tras haber sufrido heridas en la cabeza (provocadas por Kun-sae al salir del búnker). Después de haberse infiltrado en casa de los Park, queda en libertad condicional junto a su madre, mientras que su hermana, Ki-jung, ha fallecido, y su padre está desaparecido. Como teniendo una premonición, Ki-woo asciende una colina desde la cual se puede ver claramente la casa de los Park, y allí se percata de un parpadeo luminoso que pronto interpreta como código Morse. Su padre, empleando el método que perfeccionó Kun-sae, le está enviando un mensaje. Al final de la historia, Ki-woo le escribe una respuesta, y su voz en off nos cuenta que tiene un plan ambicioso: irá a la universidad, obtendrá un buen empleo y ganará tanto dinero que podrá comprar la casa y su padre podrá subir y ver de nuevo la luz del sol.

El penúltimo plano de la película recrea este sueño y tiene un tono claramente onírico o fantasioso: padre e hijo se abrazan en el jardín de la casa, de la que son los nuevos propietarios. No obstante, a continuación Bong vuelve al semisótano de los Kim (donde arrancó la historia) y vemos a Ki-wo escribiendo el mensaje para su padre. Queda claro, pues, cuál es la realidad del final de Parásitos: Ki-wo siempre ambicionará el objetivo inalcanzable de superar sus limitaciones socioeconómicas. Y es aquí donde el título de la película adquiere una nueva dimensión: el verdadero parásito para estos personajes es la esperanza ciega de ascender en la escala social, que les incapacita para comprender su verdadera situación y emplear su inteligencia en buscar soluciones al problema de fondo. Pese a todo lo acontecido en la película, la división de clases y las desigualdades sociales que genera siguen firmemente enraizadas en las mentes de los protagonistas –y también, podemos inferir, en las de toda una sociedad tan capitalista como la de Corea del Sur.

Pero dejemos que sea el propio Bong quien se explique. Según declaró el cineasta a Vulture, el plano final de la película funciona como un “tiro de gracia” que asegura la intención de la película. “Quizá si la película hubiese terminado con el abrazo entre padre e hijo, el público habría pensado: “Oh, si es imposible comprar esa casa”. Pero la cámara vuelve a descender a ese semisótano”, dice Bong.

Es bastante cruel y triste, pero pensé que estaba siendo honesto y sincero con el público. Tú, yo y todos sabemos que el chico no va a poder comprar la casas. Sencillamente creí que esa franqueza era apropiada para la película, aunque resulte triste”.

Como es habitual en el oscarizado Bong Joon-ho, Parásitos termina dejando clara la inquietante visión de la realidad que tiene su director. (Imagen: Chris Pizzello - AP Photo / Gtres)

Lo cierto es que, como bien saben los seguidores de Bong, el final de sus películas suele dejar clara la visión pesimista del director sobre la realidad (pensemos, sin hacer spoiler, en las conclusiones de Memories of Murder o Snowpiercer). Una inquietante perspectiva en la que el miedo y la ansiedad lo empapan todo, contagiándonos una sensación de catástrofe inminente e inevitable en diversos ámbitos: socioeconómico, humanitario y medioambiental.

Me gusta la gente que lucha por cambiar la sociedad, y siempre les apoyo, pero hacer que el público sienta algo desnudo y crudo es uno de los grandes poderes del cine”, añade el director.

No me dedico a hacer documentales o propaganda. No se trata de decirte cómo cambiar el mundo o cómo deberías actuar ante algo malo, sino de mostrarte el peso terrible y explosivo de la realidad. Esa, en mi opinión, es la belleza del cine”.

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