‘ParaNorman’, la joya animada que hizo lo que Disney no se atreve

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Siempre que Disney estrena una nueva película, ocurre lo mismo. Anuncian a bombo y platillo que incluye un personaje abiertamente LGBTQ+ (extrañamente casi siempre es el primero) y cuando llega el estreno, comprobamos que es un guiño tan ambiguo o imperceptible que no se puede considerar representación. Y así una y otra vez.

En cambio, hace ya 9 años, una película de animación para niños hizo lo que Disney no se atreve todavía: incluir un personaje gay de forma explícita y sin dejar lugar a la interpretación. Fue El alucinante mundo de Norman, un film mucho más discreto perteneciente a un estudio de animación pequeño, pero muy aclamado, Laika. Casi una década después, la celebramos por dar sin miedo ese paso que tanto cuesta a otros.

Cartel de 'El alucinante mundo de Norman' ('ParaNorman', 2012, Laika Studios)
Cartel de 'El alucinante mundo de Norman' ('ParaNorman', 2012, Laika Studios)

Para quien no esté familiarizado con ella, Laika es la compañía estadounidense detrás de varias joyas de la animación stop-motion moderna. Después de trabajar en la cinta de Tim Burton La novia cadáver, el estudio debutó por sí solo en 2009 con la película de culto Los mundos de Coraline y desde entonces se ha labrado una filmografía digna del aplauso de la industria y los fans de la animación. El alucinante mundo de Norman, Los Boxtrolls, Kubo y las dos cuerdas mágicas y Mr. Link: El origen perdido completan el breve pero sobresaliente catálogo del estudio hasta la fecha, que puede presumir de haberse llevado una nominación al Oscar a Mejor película de animación por todas y cada una de sus películas.

Las obras de Laika se caracterizan por su desbordante creatividad, su artesanía y su impresionante apartado técnico y visual, resultado de la laboriosa técnica del stop-motion, que consiste en animar fotograma a fotograma objetos estáticos para simular el movimiento. Con sus propuestas, Laika se convirtió en una original y prestigiosa alternativa a los grandes estudios de animación, apostando por lo tradicional en su arte y lo innovador, e incluso subversivo, en sus historias.

Así es como se podría definir su segunda película, El alucinante mundo de Norman (a la que me referiré a partir de ahora por su título original, ParaNorman), un cuento de terror moderno para niños lleno de humor y acción para toda la familia, sobre un niño que puede hablar con los muertos y se embarca en una peligrosa misión para acabar con la centenaria maldición de una bruja y salvar a su ciudad. Continuando el espíritu espeluznante de Coraline, ParaNorman es un homenaje a las películas de terror de videoclub, una historia de zombies para niños que se apoya en los misterios de Scooby-Doo y los relatos clásicos de monstruos y fantasmas.

La película recibió críticas positivas por su tratamiento valiente de temas como la soledad o la muerte y por su fantástica fusión de terror y aventura juvenil, pero también fue aplaudida por un pequeño gran detalle: la salida del armario de uno de sus personajes, Mitch, atleta musculoso y bobalicón, hermano mayor del mejor amigo del protagonista, que se une a Norman y su pandilla en su aventura contra las fuerzas del mal.

La subtrama transcurre así: la hermana de Norman, Courtney, clásica animadora de instituto, se siente atraída por Mitch y se pasa la película coqueteando con él. En el final, después de muchos acercamientos, Courtney le sugiere que vean una película juntos, “pero no de terror”. Mitch acepta encantado, pero añade esta bomba: “Te va a caer muy bien mi chico, es un loco de las pelis románticas”. Después de hacernos creer durante todo el metraje que van a acabar juntos, con este giro inesperado, el film desvela que el personaje no es heterosexual. Y lo hace de forma abierta y explícita, sin medias tintas, mencionando a su novio (aunque en España se optó por la expresión "mi chico", en inglés se usa la palabra "boyfriend") y dejando bien claro que no está interesado en Courtney. Así, Mitch hacía historia convirtiéndose en el primer personaje abiertamente gay en una película animada estadounidense.

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Chris Butler, uno de los directores de ParaNorman dijo en una entrevista que la orientación sexual del personaje está directa y explícitamente conectada con el mensaje de la película. En sus palabras, “Si le estamos diciendo a cualquiera que vea esta película que no juzgue a los demás, tenemos que tener la fortaleza de nuestras convicciones”. Es decir, en una película que trata el tema del bullying y la discriminación a las personas diferentes, tener un personaje queer, que además es un atleta de apariencia tradicionalmente masculina y popular en el instituto, es una declaración de intenciones y un llamamiento a la aceptación y la normalización.

Sí, se podría criticar que la homosexualidad de Mitch se reduce a un chiste, y es totalmente cierto, o se podría argumentar que para hacer más efectivo ese mensaje, habría sido mejor que el personaje gay fuera el protagonista, no un secundario. Pero aun con esas reservas y siendo en una película de menor repercusión que un estreno de Disney o DreamWorks, fue un gran paso hacia delante que casi nadie osa a dar. Un personaje abiertamente gay en una película de animación orientada a los más pequeños de hace casi 10 años. Nada de referencias veladas o guiños que solo entenderán unos pocos, Mitch dice que tiene novio, y no hay otra interpretación posible para sus palabras. La única pega es que todo esto ocurrió antes de la explosión de las redes sociales; si se hubiera estrenado ahora, seguramente se estaría hablando más de la escena.

Es un momento muy breve, pero muy importante en la historia de la visibilidad queer en el cine familiar, donde todavía vamos a paso de tortuga en estas cuestiones. Retomando el caso de Disney, ya hemos perdido la cuenta de los “primeros personajes LGBTQ+” que nos han prometido para luego quedar en una escena tremendamente ambigua o fugaz que puede pasar desapercibida o se puede eliminar fácilmente del montaje para pasar la censura (a lo que se suma el debate sobre el subtexto en Luca, lo último de Pixar, que muchos interpretan como una clara alegoría queer). Son ya unas cuantas: La Bella y la Bestia, Onward, Cruella… o la última, Jungle Cruise, en la que el personaje de Jack Whitehall sale del armario ante The Rock diciéndole que ha tenido que rechazar varias bodas de conveniencia porque sus intereses están fijados “en otro lugar”.

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La secuencia en cuestión está abierta a la interpretación. Nosotros, como espectadores adultos, podemos entender a qué se refiere (ya son muchos años acostumbrados a leer entre líneas), pero es más que probable que un niño o una niña no sepan qué quiere decir. De esta manera, la visibilidad del personaje LGBTQ+ queda anulada por un mensaje codificado. Si nos la tienen que confirmar en entrevistas porque en la película no está claro, no cuenta. Y ya basta de tener que conformarnos con las migajas, con personajes secundarios que los estudios (no solo Disney, que conste) utilizan para ponerse la medalla woke sin enfadar a China y arriesgase a perder uno de sus mercados más potentes.

Recientemente, el éxito de Netflix Los Mitchell contra las máquinas también incluyó un personaje abiertamente LGBTQ+, y en este caso es la protagonista. A través de varios guiños se hace referencia a su orientación, pero es al final del film cuando Katie confirma que es queer durante una conversación con su madre, en la que esta le pregunta si lo suyo con otra chica llamada Jade es oficial. Tanto en el caso de ParaNorman como en el de Los Mitchells, la confirmación llega al final de la película, pero al menos llega y sirve para hacer canon a esos personajes LGBTQ+ y revalorizar sus películas en repetidos visionados. Después de conocerlos, la próxima vez que veas a esos personajes sabrás sin lugar a dudas que son queer

Actualmente, el estudio de ParaNorman está pasando por un mal momento económico. Sus tres primeras películas superaron los 100 millones de dólares de recaudación, pero las dos ultimas, Kubo y las dos cuerdas mágicas y sobre todo Mr. Link, han fracasado en taquilla. Como resultado, la compañía planea el salto a la acción real con su próximo proyecto, Seventeen (Variety). La contribución de Laika al cine de animación es demasiado valiosa como para verlos hundirse. Ya sea por sus logros artísticos o por su valentía haciendo lo que Disney no se atreve, espero que remonte con sus próximos proyectos y podamos disfrutar de sus joyas animadas muchos años más.

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