'Capitán a posteriori', o cómo todos somos expertos en pandemias y gestión de crisis

Personaje de South Park, Capitán a posteriori.

La pandemia está demostrando que vivimos en una sociedad de expertos, por si quedaba alguna duda gracias a ‘los enteraos’ del mundo del fútbol, de los toros, de la construcción, del diseño y de todo asunto que se preste a una crítica de barra de bar, subsecuente. Tanto es así, que desde el comienzo de la crisis en la que estamos sumidos se ha acuñado un término que aglutina a toda aquella persona que realiza análisis críticos ulteriores: ‘el capitán a posteriori’. 

Si los Simpson han predicho acontecimientos históricos de manera precisa, la serie de animación, South Park, se ha hecho con un concepto que viene como anillo al dedo a una población, la nuestra, muy propensa a saber de todo sin tener ni idea de casi nada. Así somos. Las redes sociales se están alimentando a base de críticas a los Gobiernos de turno por haber llegado tarde y mal, por haber cometido errores, por operar desde la improvisación y por tomar unas decisiones que han costado vidas y ruinas a millones de familias. A toro pasado, todo se ve con una claridad meridiana, pero hay que estar en el ruedo

Es inevitable señalar los fallos cometidos, porque los ha habido, es parte de la condición humana, y la capacidad crítica nunca debe desaparecer en la sociedad, en los periodistas y en la clase política. Las apreciaciones agudas, afiladas y constructivas fortalecen a las democracias, sin embargo, lo que está sucediendo en algunos países como en España, tiene más que ver con una forma de ventajismo contagioso que se extiende como la pólvora. Desde los partidos políticos que juegan con una sensibilidad que está a flor de piel, hasta aquellos individuos que ondean sus banderas como si se tratara de un equipo de fútbol. La fidelidad partidista sin condiciones que tanto daño ha hecho y hace al país, la absurda polarización que ciega a unos y a otros. 

Es así como muchos de los que asienten con cada decisión que toma el Gobierno de Pedro Sánchez lo hacen por defecto y sin una mirada crítica; otros tantos, se oponen sin pelos en la lengua a su gestión de la pandemia y la crisis; esos a los que no hay medida que, por beneficiosa que sea, les haga salirse del guión establecido por los partidos de la oposición: el que apunta con el dedo y el que dicta sentencia con una facilidad extrema. Es precisamente en este último grupo en el que más ‘capitanes a posteriori’ se perciben, porque esto del virus más mortífero de los últimos 100 años se veía venir a leguas. ¿Verdad?

Quizás no tanto. Uno de lo partidos más criticados y tildados de ‘capitán a posteriori’ es Vox, cuyas cuentas en redes sociales se dedican, según un sector de la población, a criticar de manera destructiva y sin miramientos, en un momento en el que hay que remar de manera conjunta. Su estrategia de ‘social media’ tiene elementos más propios del mismísimo ‘capitán a posteriori’, con un popurrí de amenazas y “lo vimos venir” que contribuyen a fomentar la separación social para su propio beneficio. Eso sí, el congreso previsto en el Palacio de Vistalegre del 7 y el 8 de marzo no fue cancelado y, al igual que la manifestación del Día de la Mujer, se convirtió en uno de los focos de infección del coronavirus más activos de Madrid, cuando los casos diagnosticados en España ya rondaban los 300. En el momento en que varios de sus dirigentes del partido contrajeron el virus, la cúpula se apresuró a culpar al Gobierno y argumentaron que si no cancelaron su evento fue porque confiaron en los máximos mandatarios del país. Es condición del ser humano escurrir el bulto y culpar a otros de nuestros propios deslices. 

El World Mobile Congress sí lo vio venir, por eso el evento que se celebra anualmente en Barcelona se canceló. El Getafe, club de fútbol presidido por Ángel Torres, también tomó la decisión de no viajar a Milán (antes de que la UEFA cancelara el encuentro) para el partido de la Europa League ante el Inter previsto para el 12 de marzo. A ellos no les hizo falta que viniera ningún ‘capitán a posteriori’ a leerles la cartilla. 

Entre los políticos que más críticas están recibiendo por realizar valoraciones ulteriores se encuentran Pablo Casado y algunos miembros de su formación. Uno de los ejemplos más compartidos en redes sociales es el momento en el que culpó a los organizadores y asistentes a la manifestación del Día de la Mujer del 8 de marzo de algo que ellos mismos alentaron. 

“Algunos de los que han caído enfermos han sido por la irresponsabilidad de los que han salido a la calle sin tener que hacerlo, o incluso de las autoridades que les alentaron a salir a la calle”, afirmó en una comparecencia organizada en plena pandemia. Sus palabras son rebatidas por varios internautas que muestran el discurso de la vicesecretaria general del PP, Concepción Gamarra, quien afirmó días antes de la manifestación que representantes de su formación estarían presentes. 

Aunque si hay un ejemplo de esta corriente del a posteriori, este lo encontramos en la Comunidad de Madrid y en Andalucía. Ambos Gobiernos criticaron la pésima gestión del Gobierno central a la hora de comprar mascarillas defectuosas. Pocos días después, cayeron en el mismo error y tuvieron que retirar lotes adquiridos por ambas Comunidades Autónomas que no cumplían con los requisitos mínimos de protección. Este rizo rizado llevó aquellas críticas subsecuentes más allá, y tras vertirlas, cayeron en su propio lodo. 

En esta guerra de bandos, los que insultan a aquellos que tildan de ‘capitán a posteriori’ a sus contrarios, tienen munición tuitera para contraatacar. El portavoz y diputado de Unidas Podemos, Pablo Echenique, es uno de los que más críticas está recibiendo por su irresponsabilidad a la hora de medir los efectos de la pandemia allá por febrero. Pasó de la negación imprudente de entonces a la valoración positiva de la labor que está haciendo el Gobierno en la actualidad. La realidad ha ridiculizado sus palabras de hace dos meses y su forma de representar el ‘a posteriori’ no se basa en un “yo lo habría hecho mejor”, sino en el negacionismo de le verdad del “lo estamos haciendo bien desde el principio”. 

Hay para todos, sin importar cuál sea el bando o el rango, y así nos luce el pelo. El dicho que apunta que los políticos son el reflejo de la sociedad cobra más fuerza a la hora de determinar quién es y quién no un ‘capitán a posteriori’ más. Aunque ahora no podamos ser especialistas de barra de bar, lo somos de teclado y de pantalla, de celular y de boquilla. Entendidos en calzoncillos, expertos de café recién hecho y de sofá ahuecado, doctos en pandemias con Netflix a todo volumen, virólogos contrastados en los mentideros, gestores de crisis implacables con cinco copas de anís en lo alto. Todoterrenos con tracción a las cuatro ruedas que banalizan temas complejos con una facilidad pasmosa, en un momento en el que tan solo basta con no mezclar sentido crítico y lecciones prepotentes; en el que la única bandera que deberíamos enarbolar es la de la responsabilidad.

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