La pandemia retrata a las celebridades, ¿servirá para que filtremos nuestra admiración por ellos?

Madonna en un concierto durante 2005. En la actualidad, su vídeo sobre el Covid-19 ha causado polémica. REUTERS

La historia nos ha dejado momentos extraordinarios en los que aquellos que viven en un pedestal social no han tenido más remedio que bajar al mundo de los mortales. Admirados por formar parte de un ‘star system’ fundamentado en la creatividad, en el talento y en la imagen, las celebridades del mundo del cine, del deporte o del espectáculo en general se han visto obligados a sacrificar - en cierta medida - su estatus para adaptarse junto al resto de la sociedad a una realidad alejada de los focos. Si antaño, Humphrey Bogart curtió su personalidad de tipo duro en la Primera Guerra Mundial, Paul Newman en la Segunda, Clint Eastwood en Corea o Elvis Presley tuvo que abandonar sus zapatos de gamuza azules por las botas militares durante la guerra de Vietnam para servir en Alemania, los años posteriores han dejado un panorama de famoseo menos sacrificado en lo social, comprometido en algunos casos, pero con las rodillas menos manchadas de barro. 

Y entonces llegó el coronavirus, ese bicho que además de poner el mundo patas arriba, también ha tambaleado las tablas de Broadway, los sets de Hollywood y hasta los escenarios de conciertos masivos y estudios de grabación. Las consecuencias de esta parálisis del ‘show business’ están afectando al ritmo de vida de las celebridades, pero también a su autoestima. ¿Qué hacer cuando no hay sesión de fotos que muestre el mejor de sus lados? ¿Cómo se desayuna sin los dimes y diretes de sus vidas personales y sin una portada a toda página con sus rostros? ¿Sin críticas de cine, de música o en los periódicos deportivos? ¿Cómo son los días sin el calor real, que no virtual, de los fans? A todos ellos, a los que sustentan su talento de manera sólida y a los que viven del cuento con el sobrenombre de ‘influencers’, siempre les quedarán las redes sociales, aunque eso signifique tocar la moral a la sufrida población.

Los tiempos han cambiado y estamos viendo a dos tipos de famoseo durante este confinamiento y vuelta paulatina a la nueva normalidad: los que se adaptan a la realidad mientras potencian la creatividad que les hizo llegar y mantenerse en lo más alto, o los que saturan las redes sociales con un contenido que les sirve de terapia más que aportar a sus seguidores. También los hay que no esconden la manera en la que han ahogado su talento en la mediocridad, véase a Paulina Rubio. Y es que, ¿acaso hay algo que nos moleste más que ver a estas ‘personalidades’ airear sus penas desde sus mansiones e intentar desnudar una sensibilidad victimista desde su posición de privilegio mientras un porcentaje mayúsculo de los que les siguen sobreviven al virus como pueden? Sí, que lo hagan todos los días. Esta pandemia nos está recordando el poder y la fragilidad de la fama, cómo ésta pasa de la admiración al rechazo con un chasquido. 

Una de las que más críticas ha generado ha sido Ellen DeGeneres, que no dudó asegurar en tono jocoso que estar confinada en su mansión era “como estar en prisión”, una descripción que fue tomada como un insulto para aquellas personas que no tienen la misma suerte. Su insípida conversación con Justin Timberlake sobre el arte de no estar haciendo nada durante el confinamiento despertó malestar en los que no tienen más remedio que salvar vidas y no tienen ni un segundo para vanagloriarse de su heroísmo en redes sociales. Que la zozobra tenga hueco y la valentía quede sin plataforma debería, según varios usuarios, lijar la popularidad de determinadas personalidades. 

Otro qué tal baila es Justin Bieber, quien no dudó en jactarse de lo mucho que había trabajado para tener un estilo de vida en el que el “sentirse mal” por estar confinado en su mansión no era una opción. Aquel gesto le costó varios ataques en las redes y esta semana decidió realizar una donación a una organización caritativa de China. Quizás una de las acciones más casposas fue la de la actriz que interpreta a Wonder Woman, Gal Gadot, que no dudó en aglutinar a sus amigos cantantes y actores de Hollywood para cantar - con mayor o menor talento - el tema, ‘Imagine’, de John Lennon. Por supuesto, todos aparecían inmersos en sus comodidades, mostrando una imagen que dejó una sensación de vacío en un amplio sector de sus seguidores, en lugar de admiración por enarbolar una lucha proactiva que aprovecha su estatus social. Si hubieran usado su tiempo para recaudar fondos, o donar parte de lo que tienen, más que para mostrar su lado más sensible sin fin aparente, quizás su reputación se hubiera visto fortalecida. Lo de Madonna poniéndose melancólica desde una bañera con pétalos de flores no merece comentarios.

Hay celebridades que sí están siendo mucho más eficientes a la hora de mostrar un mensaje con más poso y teledirigido a luchar contra el virus o para ayudar a los más necesitados. Arnold Schwarzenegger, Sharon Stone, Ariana Grande, Taykor Swift, Tom Hanks, Rita Wilson, el DJ, Naughty Boy o el actor, John Krasinski, que ha creado un show en Youtube que se concentra en extender buenas noticias ante el aluvión de incertidumbre que muestran los medios de comunicación. Son muchos los que han usado sus redes sociales para propagar una bondad que contrasta con la desazón que han generado otros, probablemente de manera inconsciente e inocente, aunque fiel reflejo de cuán alejados están de la vida real

La cuestión de fondo es si este momento sin precedentes en los últimos cien años servirá para que el público generalista ponga un filtro a su admiración; para que aquellas actitudes altivas y engreídas que antes del Covid-19 eran admitidas, sean repudiadas a partir de ahora; ¿abofeteará el virus a aquellos que idolatraban el estilo de vida Kardashian para bajarles del limbo y poner ciertos comportamientos en perspectiva? Quién sabe si los contenidos insulsos de ciertos formatos televisivos dejarán de interesar; si seguiremos permitiendo que ciertas celebridades influyan tanto en nuestra existencia; si ensalzaremos los logros de las personas por encima de su apariencia física o su nivel intelectual antes que su verborrea. Son tantas las dudas sobre cómo afectará al comportamiento social esta pandemia que sólo queda soñar con que, de una vez por todas, haya más niños que quieran ser héroes en lugar de ‘influencers’ insípidos. 

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