La pandemia promueve un festejo de carnaval alternativo en Buenos Aires

Agencia EFE
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Buenos Aires, 15 feb (EFE).- Al ritmo de bombos, platillos y redoblantes, cada febrero las murgas porteñas animan las calles de Buenos Aires con los colores del carnaval, una tradición ininterrumpida desde el regreso a la democracia en 1983, que este año la pandemia fuerza a realizar de forma virtual.

“Estamos transitando este febrero triste de la mejor manera posible”, manifiesta a Efe Felipe Fiscina, director del centro de murga “Los Arlequines de la R” y uno de los delegados de Agrupaciones Artísticas de Carnaval y del Circuito Carnaval Porteño.

“Decidimos no salir de la manera tradicional en nuestros corsos callejeros barriales y gratuitos, sino festejarlo de otra manera. No es que queremos quedarnos en casa, elegimos cuidar al otro y cuidar a los nuestros también”, afirma.

Por eso, la propuesta para la celebración de 2021, de la que participan 22 agrupaciones murgueras, se realiza sin público presencial, pero con transmisión en vivo durante los feriados de carnaval y los fines de semana del mes de febrero, accesible desde la plataforma “Vivamos cultura” del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Este es un “carnaval excepcional” y con poco tiempo para la preparación de las murgas, por ello no es obligatorio participar.

“Nosotros somos muy conscientes de lo que podemos dar. Acá no nos gana la fama, nos gana la prolijidad, el respeto por el colega y hacia el público que está del otro lado y merece una buena función”, expresa.

Para Christian Evangelista, también delegado de las murgas del Circuito Carnaval Porteño, el 'streaming' es algo nuevo para las murgas, para que aprendan y tengan un salto más de calidad, “algo que ojalá quede en el tiempo junto con la manera tradicional de celebrar el Carnaval, en la calle y junto a la gente".

Además del espectáculo en vivo, el aporte visual en las calles lo dan la muestra fotográfica itinerante, “Memoria del Carnaval”, así como los murales, banderines y luces de colores colocados por las agrupaciones en sedes de ensayo y espacios tradicionales de corsos.

Por su parte, el ministro de Cultura de Buenos Aires, Enrique Avogadro, festejó haber superado el desafío: “Es una enorme felicidad ver que se logró trabajar junto con las agrupaciones murgueras, las grandes protagonistas, para poder desarrollar esta edición especial que promete ser innovadora pero con la misma esencia de siempre”.

EVOLUCIÓN DEL CARNAVAL PORTEÑO

Los festejos callejeros de carnaval tuvieron su origen oficial en Buenos Aires en 1869, al realizarse el primer desfile de murgas y comparsas, conformadas mayoritariamente por afrodescendientes.

Años más tarde, la corriente inmigratoria europea aportó también sus costumbres y rituales, generando una síntesis cultural que fue evolucionando hacia el carnaval porteño actual.

En 1976, mediante la "ley" 21.329, la última dictadura militar (1976-1983) suprimió los feriados de carnaval y los festejos callejeros, que recién se retomaron con el regreso a la democracia.

“A pesar de la prohibición estatal, en algunos clubes de barrio se seguía festejando el carnaval y algunas murgas tenían el coraje y el valor para participar”, asegura Fiscina.

Desde febrero de 1984, las murgas retornaron con fuerza a los barrios y a los festejos callejeros, sin embargo, los feriados no se restituyeron oficialmente hasta 2010.

“Hubo toda una generación que perdió la tradición del lunes y martes de carnaval. Nosotros como murgueros tratamos de difundir esta cultura popular y callejera. A veces nos cuesta”, manifiesta el director de “Los Arlequines de la R”.

LA TRADICIÓN MURGUERA DE LA CIUDAD

Hoy las murgas constituyen una de las más arraigadas tradiciones populares rioplatenses, que la Legislatura (Parlamento) de Buenos Aires avaló al declarar "patrimonio cultural las actividades que desarrollen las asociaciones o agrupaciones artísticas de Carnaval".

En la actualidad existen más de 110, con cerca de 12.000 miembros, que todos los años deben superar una instancia evaluadora de sus cánticos, interpretaciones musicales, bailes y trajes, para participar del Circuito del Carnaval Porteño.

Cada febrero, las agrupaciones recorren entre 15 y 20 corsos en los que su performance es examinada.

“Arrancamos a ensayar muy tempranito en el año y en febrero tratamos de dar lo máximo que podemos, no solo para el público sino para nosotros, porque el carnaval nos sale del corazón”, manifiesta Fiscina.

El puntaje que obtienen las agrupaciones determina el acceso al próximo carnaval: “eso es lo que no da la posibilidad de tener un subsidio del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para poder sostener esta actividad, para comprar la tela, todos los apliques, los traslados…”, explica.

“A veces se cree que la murga es ensayar un sábado y cortar las calles y nosotros no somos eso, realmente nos tomamos las cosas muy profesionalmente”, expresa.

ROL SOCIAL DE LA MURGA

“Las murgas no solo piensan dónde o cuándo ensayar y qué cantar, sino que también cumplen un rol social muy grande”, señala el murguero.

Durante el 2020 las asociaciones reforzaron el trabajo social: “Siempre se va mechando entre lo cultural y lo social, yendo a algún merendero a tocar, haciendo alguna olla para darle de comer a la gente, si es que se tiene la posibilidad”.

Un trabajo que más de 80 agrupaciones y murgas desarrollaron en diferentes barrios de la ciudad el año pasado.

“Ha sido un año muy difícil para nosotros, pero la verdad es que lo llevamos adelante. La base del movimiento es ésta: tener una comunidad organizada que pensó y planificó un carnaval 2021 y que espera con ansias estar el 2022 en la calle”.

Julieta Barrera

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