'Pan de limón con semillas de amapola' nos hace pensar que 'Madres paralelas' no fue una buena película

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Por Alberto Cano.- Cuando salí de ver Madres paralelas de Pedro Almodóvar lo hice creyendo haber visto una de las películas españolas del año. Su compromiso político con la memoria histórica, su lado emocional, el siempre buen hacer tras las cámaras del manchego o la que considero una de las mejores actuaciones de Penélope Cruz hasta la fecha, me hicieron sobrecogerme en la butaca y salir conmocionado del cine. Pero con el paso del tiempo mi opinión sobre este último trabajo del director de Todo sobre mi madre ha ido cambiando. Y ha sido precisamente otra película española la que me ha abierto los ojos y llevado a tener una opinión muy diferente.

Se trata de Pan de limón con semillas de amapola, una adaptación del best seller del mismo título de Cristina Campos dirigida por Benito Zambrano. Su historia nos cuenta el reencuentro de dos hermanas con vidas muy diferentes que fueron separadas en su adolescencia, quienes al descubrir que han heredado una panadería por parte de una misteriosa mujer deberán dejar de lado sus conflictos y solucionar sus problemas pasados para poder mirar hacia un nuevo e inesperado futuro que se abierto en sus vidas. De esta forma, este título recupera muchas de las temáticas que tenía la cinta de Almodóvar: La reconciliación con el pasado, la familia, la maternidad o el enfoque tan puramente femenino de su relato. Sin embargo, mientras que en Madres paralelas era fácil percatarse de sus costuras, en Pan de limón con semillas de amapolaocurre justo lo contrario.

Imagen de 'Pan de limón con semillas de amapola' (cortesía de Filmax)
Imagen de 'Pan de limón con semillas de amapola' (cortesía de Filmax)

 

Aunque disfrutara mucho con Madres paralelas, me fue imposible no darme cuenta de que el tema de la memoria histórica estaba metido a presión, que su trama no se relacionaba como debería con la de las madres de Penélope Cruz y Milena Smit y que esta disponía de giros y revelaciones muy tramposos que caían en lo telenovelesco. En cambio, sentí que Pan de limón con semillas de amapola, con elementos prácticamente idénticos, consiguió intensificar las emociones que tuve viendo la cinta de Almodóvar sin que en ningún momento sintiera estar viendo algo forzado o incoherente. Bien es cierto que su historia también es muy telenovelesca y tienes giros y detalles que si los piensas en profundidad rozan el ridículo. Sin embargo, en pantalla nunca lo parece. Y durante todo su visionado te sientes sobrecogido por esta historia de dos mujeres, sus sentimientos, su reconciliación con el pasado, sus lazos familiares o su anhelo de afrontar nuevos retos como la maternidad.

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La diferencia entre ambas películas está en que, mientras Madres paralelas pierde el foco al irse por las nubes y querer abordar de forma tan explícita la memoria histórica, el film de Benito Zambrano deja muy de lado las subtramas para centrar su punto de atención en sus dos protagonistas, sus conflictos y su relación. Y no le hace falta más que poner la cámara delante y dejar que esta hable por sí sola para dejar al público emocionado, sobrecogido e incluso derramando lágrimas. Al adaptar una novela repleta de giros y detalles podría haber caído en el error de un guion rimbombante y literario, pero el director ha sabido detectar lo cinematográfico de su historia y lo ha convertido en su punto fuerte. Algo que debió de tener en cuenta Almodóvar a la hora de querer tratar la memoria histórica en el guion de su última película.

Dicha experiencia pude vivirla de primera mano durante su premiere en España en la Seminci, el festival de cine de Valladolid, cuando fue muy persistente que el público pasó de las emociones cálidas de su primer tramo al más absoluto silencio y sobrecogimiento en sus últimos compases. No quiero entrar en detalles argumentales muy concretos, porque creo que el devenir de Pan de limón con semillas de amapolas debe ser disfrutado con la menos información posible, pero sí decir que la manera en la que todas las tramas convergen en su tramo final supone un torrente de sentimientos y emociones que no debería dejar indiferente a nadie y te hace salir pensando haber visto una de las películas del año. Precisamente, esta convergencia de temáticas y tramas fue otra de las cosas que me falló en Madres paralelas, puesto que terminaba la película y sentías que el conflicto de las dos madres y sus bebés no acababa fundiéndose con el de la memoria histórica, dejando una sensación agridulce bajo la impresión de haber visto dos películas al mismo tiempo.

Aunque Pedro Almodóvar siempre se haya erigido como uno de los grandes narradores de historias mujeres de nuestro cine, lo cierto es que Benito Zambrano no se queda atrás, y un claro ejemplo ya fueron películas como Solas o La voz dormida. Lo que ocurre es que Zambrano ha estrenado películas con cuentagotas, disponiendo de una filmografía de tan solo cinco películas que no ha podido generar tanta conversación en el tiempo como el cine del director manchego. No obstante, Pan de limón con semillas de amapola es un claro ejemplo de que sus dramas, sus relatos femeninos y su capacidad cinematográfica están al nivel e incluso por encima de lo que el director de Madres paralelas nos ha ofrecido a lo largo de su inmensa y aclamada trayectoria.

Pan de limón con semillas de amapola está en cines desde el viernes 12 de noviembre.

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