Palabrotas contra el dolor (la excusa para ser un grosero)

Ser un malhablado te hace más fuerte y menos sensible al dolor

Emplear términos ofensivos, indecentes o groseros reduce el dolor que sentimos cuando nos caemos o nos golpeamos, según una investigación. (Foto: Getty)
Emplear términos ofensivos, indecentes o groseros reduce el dolor que sentimos cuando nos caemos o nos golpeamos, según una investigación. (Foto: Getty)

Un curioso experimento ha demostrado que controlar la rabia y morderse la lengua para no soltar tacos, en según que situaciones, puede llegar a ser perjudicial para uno mismo, e incluso convertirse en un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Veamos: si separamos a un grupo de 71 jóvenes en dos grupos: por un lado los que dicen más de diez palabrotas al día y por otro los que dicen más de 40, y les pedimos que sumergan sus manos en agua helada y aguanten el mayor tiempo posible repitiendo unas veces palabras malsonantes y otras normales, ¿qué crees que pasaría?

Esto es lo que hicieron el Dr. Richard Stephens y su equipo de investigadores de la Universidad de Keele (Reino Unido), y los resultados mostraron que insultar o maldecir puede liberar endorfinas que eliminan el dolor.

Según parece, aquellos que evitaron decir palabrotas, aguantaron menos tiempo con sus manos bajo el agua, concretamente 45 segundos menos que los que sí las decían. Según el Dr. Stephens: “maldecir provoca una respuesta emocional similar a la de ‘huida’ y en consecuencia ‘lucha’; es decir cómo el cuerpo reacciona ante una posible amenaza o peligro”.

Gritar, blasfemar o decir palabrotas alivia el dolor y libera el estrés. (Foto: Getty)
Gritar, blasfemar o decir palabrotas alivia el dolor y libera el estrés. (Foto: Getty)

Además de haber un cambio en la tolerancia al dolor, el estudio El estudio, publicado en “NeuroReport”, concluye que emplear los términos malsonantes del lenguaje alarga en un 50 por ciento el tiempo que podemos soportar el dolor; y también se registró un incremento en el ritmo cardíaco de los participantes.

Ahora ya sabemos por qué cuando nos pillamos un dedo o nos damos un golpe solemos soltar un par de improperios a pleno pulmón, porque los tacos aumentan de forma significativa la fuerza física.

Quizás esto tenga algo que ver con el hecho de que muchos enfermos tengan cierta propensión a decir tacos. Les ocurre a las personas con lesiones cerebrales, a los que padecen demencia o a los ancianos, y no es porque tengan mal carácter.

En este divertido vídeo subido a Youtube por ‘La Voz Daily’ nos explican el por qué de este curioso fenómeno.

Stephens explica que el corazón se nos acelera cuando utilizamos un vocabulario malsonante, lo mismo que ocurre cuando nos encontramos en una situación de debilidad o de miedo y tratamos de reducir la sensación de amenaza para hacerle frente.

Esta sería la razón por la que a lo largo de los siglos se ha creado en todos los idiomas un lenguaje paralelo de palabrotas, hasta casi completar diccionarios los extensos oficiales.

Por cierto, la investigación también sugieren que el tamaño del beneficio potencial que puede obtenerse de decir groserías depende de cuán grande es el tabú asociado a la palabra, lo que probablemente depende de con cuánta frecuencia te amonestaron de pequeño por decirla.

Pero cuidado con dónde y cuándo sueltas un taco porque maldecir no es una buena costumbre y en ocasiones puede tener consecuencias nada divertidas.

Por ejemplo, soltar un improperio en el dentista puede provocar un accidente aún más doloroso. (Foto: Getty)
Por ejemplo, soltar un improperio en el dentista puede provocar un accidente aún más doloroso. (Foto: Getty)

Tampoco sería recomendable usar esta técnica en la asistencia sanitaria, ya que según Stephens “causaría más problemas de los que resolvería, así que, por ahora, habrá que continuar con los analgésicos”.

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