Las palabras de Sarabia y el mal del Barça: un vestuario sin autocrítica

Eder Sarabia aconseja a Quique Setién durante un partido del Barça. (Foto LLUIS GENE / AFP) (Photo by LLUIS GENE/AFP via Getty Images)

Las palabras del segundo entrenador del Barça, Eder Sarabia, donde el ayudante técnico criticaba vehementemente algunas de las decisiones de sus futbolistas ante el Real Madrid han molestado a parte del vestuario azulgrana, según informa El Club de la Mitjanit. Una reacción que no hace más que demostrar el grado de comodidad, falta de autocrítica e insubordinación que sufre la plantilla del Barça pese al cuestionable rendimiento que vienen ofreciendo en los últimos meses.

Antítesis del calmado Quique Setién, Eder Sarabia aporta el grado de energía, nervios y pasión necesarios para el técnico cántabro. Así, el vasco tiene la importancia estructural que el propio Setién ha decidido, es decir, no se excede en su papel. Por tanto, es una pieza clave de un cuerpo técnico al que no le tiembla el pulso en señalar y corregir los fallos de un equipo alejado de su máximo potencial y en el que, por cierto, algunos pesos pesados del vestuario no ven amenazado su rol por la falta de alternativas reales.

Pero vayamos a la raíz de la cuestión. ¿Por qué se debería cabrear un vestuario con un entrenador que da instrucciones, maldice los errores de sus jugadores y ofrece un diagnóstico en una segunda parte para el olvido? Probablemente Sarabia podría matizar el tono de sus consignas, pero que unos futbolistas apoltronados se enfaden porque un integrante del cuerpo técnico realice su trabajo es impactante.

En esta línea, el verdadero problema del Barça como club no son las expresiones de Sarabia que se llevan escuchando toda la vida en la mayoría de campos de fútbol españoles, si no el nivel de incomodidad que han causado a la plantilla azulgrana de piel demasiado fina. De hecho, en el pasado, Pep Guardiola y especialmente Luis Enrique ya mostraron su disconformidad con el poder de los jugadores en múltiples ocasiones, algo que les llevó a mantener un pulso con la plantilla azulgrana.

Pep Guardiola en su adiós del Barça, 2012: “Me marcho porque nos haremos daño”.

Si, como indican diversos medios de comunicación, la fuente de malestar de los jugadores del Barça es el grado de sinceridad, honestidad y crítica mostrado por Eder Sarabia en una de las peores segundas partes de la temporada, el vestuario culé debe revisar su código interno y funcionamiento. Por otro lado, también desvela que el desorden jerárquico de la entidad es mayor del que se palpa a simple vista.

Eder Sarabia da instrucciones a Clement Lenglet durante un partido de Liga ante el Eibar. (Foto Jose Breton/Pics Action/NurPhoto via Getty Images)

La realidad es que la entidad catalana necesitaba un cambio para agitar el rumbo de una temporada que no pintaba demasiado bien. Así lo decidió su directiva. Por cómo se produjo, el club enseñó que era partidario de cerrar una etapa que, por energía, desgaste mental y hechos traumáticos como Roma y Anfield, no daba más de sí.

Finiquitada la ‘era Valverde’, Setién y Sarabia están en las antípodas comunicativamente de Ernesto Valverde y Jon Aspiazu. Ahora, la plantilla tiene en su mano adaptarse al nuevo cuerpo técnico o iniciar un nuevo pulso, algo que no sería una novedad, pero si se deciden por lo segundo y alargan su resistencia, ellos mismos demostraran su alarmante falta de autocrítica.


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