Paco León: "Nunca soñé con trabajar en Hollywood. Ahora, tampoco"

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Photo credit: Javier Biosca
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Un prado cuajado de flores, al pie de una montaña cualquiera, y unas botas de cowboy sin freno. ¿Destino? A ninguna parte. Lo importante es el camino. Lo dijo Cavafis y también el talante con el que se pasea Paco León (Sevilla, 1974) por la vida. Tan despreocupado va, o eso parece, que sin proponérselo se ha visto dando réplica al mismísimo Nicolas Cage. ¿Qué dirá el Luisma cuando se entere? El caso es que Paco, nuestro Paco, estrenó en EEUU el 22 de abril la película The Unbearable Weight of Massive Talent y ahora lo hace en España (17 de junio), una comedia divertidísima y un poco surrealista en la que también comparte espacio con Pedro Pascal, amigo y mentor en el proyecto. Y como a la primera no nos lo acabábamos de creer, pensamos que lo mejor era que lo contara él mismo. Y no solo con palabras. Queríamos que el cómico entrara en situación y lo diera todo, incluida la propuesta fotográfica, el equipo, el mood. Que fuera más Paco que nunca y a la vez el nuevo Paco, aquel que se ganó el cariño deambulando por el extrarradio televisivo de Esperanza Sur y el que ahora se estrena en el epicentro de Hollywood. Y aceptó. Este es el mejor Paco by Paco.

Photo credit: Javier Biosca - Esquire
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Pero ¿cómo ha llegado hasta allí? Puede que marcando el camino como Pulgarcito con unas migas de pan que saben a gloria, por si hay que recordar de dónde viene uno: Carmina o revienta (2012), Kiki, el amor se hace (2016), La casa de las flores (2018), Arde Madrid (2018). Porque la suerte no existe, y este sevillano con alma de payaso lo tiene transparente. De actor a director, de director a productor, de productor a distribuidor visionario, de intérprete a guionista, a cazador de talentos, a malabarista de la pista y a dandi prescriptor.

“¡Ya era hora! Por fin nos encontramos”, dice recién bajado del taxi con chupa, vaqueros y botas total black. La primera vez que vi a Paco León –en persona, digo– fue fumando un pitillo en la puerta de un garito. Es lo que tiene fumar, que mientras te matas vas conociendo a otro tipo de gente por el camino. Era una fiesta de Esquire, prepandemia, y aunque no recuerdo de qué hablamos, o sí, confirmo que nos echamos unas risas. El siguiente contacto fue telefónico. Le pedimos que escribiera unas líneas para la revista sobre su (nuestra) admirada Lola Flores y sus palabras brotaron desde la memoria del niño que, de la mano de su padre, la conoció en todo su esplendor en una noche perdida, en una Feria de Abril. Hubo una tercera comunicación, precisamente durante el rodaje de The Unbearable Weight of Massive Talent, con el fin de que Esquire viajara a Budapest para inmortalizar su momento star system. No pudo ser. Una nueva ola pandémica nos cerró las fronteras. Hoy sí le hemos echado el lazo.

“Vengo a pasármelo bien, así que preparaos”, advierte, mientras suelta la mochila y echa un vistazo al burro repleto de outfits que son una fantasía, pero todo en clave made in USA. El punto de partida, por si no eres fan de Madonna, es su vídeo Don’t Tell Me del álbum Music (2000), con el que la diva del pop se transformó en cowgirl. Una inspiración acertadísima para este shooting en el que Paco León reinterpreta su particular conquista de América. Y hablo de América, no solo de Norteamérica, porque para Paco esta película ha sido una incursión puntual en el mercado anglosajón. Así de modesto es. Claro que no le importaría repetir, pero a él lo que le importa es el mundo latino que aún está por explotar. Ya me callo. Que lo cuente él.

Paco, ¿qué hace un tipo como tú en una película como esta?
Yo también me lo pregunto [risas]. Ha sido una experiencia muy grande, pero aún no sé lo que ha salido de todo esto.

¿Quién te fichó?
Fue gracias a Pedro Pascal. Me vio en Arde Madrid y en La casa de las flores y se hizo muy fan. También tenemos amigos en común. El caso es que hacía falta un malo en la película y se acordó de mí. Mandé una prueba al director, Tom Gormican, y me cogió. Me dijo que en los otros castings todos hacían de malísimos menos yo, y que a mí se me veía tan perdido que fue justo lo que le gustó [risas].

The Unbearable Weight of Massive Talent parece una ida de olla total, una comedia de acción en la que Nicolas Cage hace de Nicolas Cage pero en sus horas más bajas, que agobiado por las deudas acepta asistir a la fiesta de un millonario mexicano que resulta ser un narco y que la CIA, al enterarse, recluta a Nicolas como espía. ¿Es así?
Sí, todo muy loco.

¿Y quién eres tú en todo este embrollo?
El primo de Pascal, un mafioso medio malo medio bueno.

Cuesta imaginarte de matón. ¿Pegas muchos tiros?
Uno cuantos, y aluciné, todo me era tan ajeno... Actuaba por primera vez en inglés, era mi primera película de acción, conducía un Jeep, que no sé conducir, y a la vez disparaba con la mano izquierda: ¡pam, pam! Menos mal que nadie del equipo me conocía [risas].

Photo credit: Javier Biosca - Esquire
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¿Cómo ha sido trabajar con un grande como Nicolas Cage?
¡Buf!, increíble. Compartir secuencias con una leyenda ha sido toda una lección. No soy nada mitómano, pero a ratos le veía en Corazón salvaje [1990], de David Lynch, una de mis películas favoritas, y me decía a mí mismo: “Hostia, estoy con Sailor Ripley” [risas]. Fuera de rodaje no compartimos mucho, pero sí hablamos de la pandemia y de lo terrible que estaba siendo todo. Contaba que llevaba meses sin ver a su chica porque estaba en Japón, que se conectaban todos los días por videollamada, pero que tenía ‘lo físico’ muy abandonado... [risas], como todos. Y como profesional, brutal. En las primeras lecturas de guion, vía Zoom, él ya se sabía la película entera y yo, para cuatro frases que tengo, casi las balbuceaba de los nervios.

¿Hablas bien inglés?
Qué va, hablo inglés de las montañas [risas], pero como mi personaje es español, no problem. Y Pascal siempre estaba al quite, es un tipazo increíble. Si no coincidíamos, ya me las apañaba yo solito.

“Solito”, dice. E hipercreativo, añado. Porque a Paco León no le hace falta nadie que le guíe o le toque las palmas para venirse arriba y convertir una sesión de fotos en un circo de cuatro pistas. Se cambia de ropa más rápido que una vedette, modela delante del objetivo como si bailara voguing y las ocurrencias se le amontonan mientras se empeña en llevar alguna a cabo. “¡Espera, para!”, le pide a Biosca, su amigo fotógrafo. Y de un salto desaparece del set para colgarse al cuello una estrella cuajada de bombillas que mide lo mismo que él. “¡Una estrella! ¿Probamos?”, dice partido de la risa con su propio chiste. Las Baccara animan la escena con su Yes Sir, I can boogie y Paco, que además de interpretación estudió danza, demuestra que algo de inglés sabe y, haciendo un guiño, se pone a bailar.

¿De niño soñaste con ser actor de Hollywood?
Nunca soñé con trabajar en Hollywood, ni tampoco ahora, aunque haya compartido película con Nicolas Cage. Ha surgido y me ha encantado, pero nada más.

Photo credit: Javier Biosca - Esquire
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¿De verdad que no quieres subirte a ese tren?
En absoluto. Es más, estoy en un momento muy reivindicativo en el que creo que España

debería liderar el mercado latino del audiovisual. España es un referente de la ficción latinoamericana y gracias a las plataformas se está empezando a crear un star system latino muy potente que no estamos aprovechando bien. Es obvio que el mercado anglosajón siempre ha liderado la industria, pero nosotros debemos recordar que somos el segundo idioma más hablado del mundo y que empieza a haber mucho nivel en la ficción. Tendríamos que hacer más producciones juntos, mezclarnos más. Creo que el futuro de la ficción audiovisual está en Latinoamérica.

¿Qué obstáculos crees que ralentizan el despegue?
La falta de autoconfianza, porque hay mucho talento y buenas ideas. Es un sector en auge mucho más refrescante. Ahí están La casa de papel, La casa de las flores, Oscuro deseo, La reina del flow, la serie carcelaria El marginal... Y también mucho cine independiente colombiano, mexicano, argentino, español, que lo demuestran.

Ojo al dato, porque cada vez que el sevillano se pone flamenco, no se suele confundir. Para aquellos que no lo recuerden, cuando para la mayoría seguía siendo el Luisma, Paco León abrió la brecha del streaming en España –por no decir en el mundo– con su primera película como director, Carmina o revienta (2012), puro realismo tragicómico que comercializó por falta de medios ofreciéndola, además de en cines, vía online a un par de euros. Diez años después, ¿quién no se ha dado de alta aún en Netflix, HBO Max o Amazon Prime Video?

"De niño era muy tímido, aunque ahora nadie lo crea"

Photo credit: Javier Biosca - Esquire
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¿Cómo te brotó la idea?
Antes solo había piratería y ahora las plataformas lo tienen todo. Yo no me inventé esa nueva vía de distribución en plan mesiánico ni visionario. Solo fue un experimento que me salió bien. Era una película pequeña, de bajísimo presupuesto, que en cines lo iba a tener difícil. Y una tarde de domingo se me ocurrió lanzar esta pregunta en Twitter: “¿Verías Carmina o revienta en tu casa por dos euros?”. Me llegaron mil respuestas en una hora: “Vivo en Almería, tengo que recorrer 300 km para ver un estreno, así que sí”. “Tengo cinco hijos y la última vez que fui al cine fue a ver E.T.”. “Soy de México, Veracruz, y por supuesto que la vería a ese precio”... Y me dije: “Hostia, hay mucha gente que podría ver esto en casa que de otra forma sería imposible”. Y así fue, por no hablar de la estrategia comercial. Crear una noticia orgánica es el marketing más limpio, eficaz y barato que existe. Y yo no tenía un duro [risas]. Así nació la primera película española multiplataforma. Y esa sigue siendo mi apuesta: abrir todas las ventanas posibles y que convivan para llegar al mayor número de espectadores. Porque yo sin el cine en salas no sé vivir, ¿eh?

¿Alguna otra propuesta para ayudar a nuestro sector?
Sí, tengo una teoría: romper la barrera unitaria de los precios en las salas. No todas las películas deberían costar lo mismo. ¿Cómo vas a pagar igual por una película como Carmina o revienta, que nos costó 30.000 euros, que por la última de Batman, que tiene un presupuesto multimillonario? Así podríamos proteger mejor nuestro cine. Pero que conste que yo lanzo preguntas más que respuestas.

Es obvio que este hombre le da a la cabeza. Y no solo para hacernos reír, llorar, recordar o pensar en cuestiones tan cotidianas y complejas como la familia, el amor o el sexo, todo a la vez y en todas sus variantes, a través de sus series y películas. Porque Paco León es, además de creador, un tipo valiente. Dice que de niño era tímido, “muy metido para dentro, aunque ahora nadie lo crea”, que prefería dibujar en el recreo los escudos de los equipos de fútbol que chutar el balón, que tenía mucho mundo interior y que se sentía un extraño dentro de su propia familia. Viéndole en directo, abriéndose la camisa como Camarón y con esos ojos que prefieren pedir perdón antes que permiso, me cuesta creerlo.

¿Cómo, cuándo y dónde se produjo la metamorfosis?
[Risas]... El camino ha sido lento. He ido poco a poco conquistando terrenos, pero con mucho esfuerzo, no te creas. La Carmina, mi madre, ha sido el mejor ejemplo para mí. Ella nos ha enseñado que el éxito es hacer lo que te da la gana y eso es lo que intento. No siempre es fácil saber lo que quieres, ni tampoco permitírtelo. Librarte de las ataduras sociales, siendo conscientes de que solo tenemos una vida, es mi objetivo. Hemos venido aquí a jugar, ¿no? Pues juguemos.

"Lo más subversivo es ser natural, como cuando hablé de mi bisexualidad"

Photo credit: Javier Biosca - Esquire
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Se te ve muy libre, pero ¿qué o quién te pone los grilletes?
Los límites se los pone uno mismo. El miedo es una mierda, también la vanidad, en el sentido de querer agradar a todos siempre.

¿Qué es lo más subversivo que has hecho tú en la vida?
Hostia, no sé... Yo creo que hoy en día lo más subversivo es ser natural, como cuando hablé de mi bisexualidad en el programa de Bertín Osborne. Sabía que no me iba a repreguntar. Se quedó flipado.

¿Lo hiciste por una buena causa?
No, me salió así. Me gustaría aportar más, pero no quiero abanderar nada que no me compete.

El hombre, afortunadamente, ya no es lo que era. ¿Cuál es para ti su mejor versión?
Ahora tenemos la oportunidad de ser diferentes y abandonar esa masculinidad tóxica y tópica. Ahora hay muchas maneras de ser hombre. Que cada uno busque su mejor versión... Y todo lo que te han contado ¡es mentira! [risas].

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Paco es un hombre que va ligero de equipaje porque no le gusta cargar con culpas. Si hace falta, pide perdón: “Es fácil, solo hay que decirlo de corazón”. Y así continúa su viaje por este mundo de lágrimas y maravillas que le ha conducido esta vez, y de nuevo sin proponérselo, a Ciudad Esmeralda. No va a interpretar a Dorothy, ni tampoco a Totó, sino que ha dirigido Rainbow, una versión libre repleta de canciones –“no es un musical”, aclara–, que parte del libro de Frank Baum y que protagoniza la debutante Dora Postigo, hija de su amiga Bimba Bosé. Le gustaría estrenar en septiembre, en el Festival de San Sebastián. “Yo buscaba una estructura en la que desarrollar un universo de fantasía pero realista, y El maravilloso mago de Oz me pareció un cuento de hadas actual porque no hay príncipe, no hay historia de amor, es una protagonista femenina que lidera una pandilla, que habla de diversidad, de ser tú mismo, del desencanto, de que al final del camino no hay nada, porque lo único que hay es el camino”. El suyo le ha llevado estos días a Candanchú para rodar como actor la comedia Mari(dos), de Lucía Alemany, y en noviembre le veremos en un registro dramático que sorprenderá: No mires a los ojos, una adaptación de la novela de Juan José Millás “muy loca, muy random”. Así que seguiremos hablando, seguro, pero ahora le dejamos marchar. Ya nos tropezaremos con él otro día.

Asistente de fotografía: Enrique Escandell. Maquillaje y peluquería: Rubén Mármol. Asistente de estilismo: Frank Jiménez. Producción: Asha Martínez. Agradecimientos: manomano.es

* Este artículo aparece publicado en el número de abril de 2022 de la revista Esquire, a la venta desde el 25 de marzo.

Photo credit: Javier Biosca - Esquire
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