Pablo Rivero: "Escribir me permite hablar de las cosas que me interesan y sacar mi lado gamberro"

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Photo credit: Romero de Luque
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Lleva dos décadas colándose en la casa de millones de españoles como Toni Alcántara gracias a la serie Cuéntame cómo pasó. Pero Pablo Rivero es también escritor, y con su última novela, La cría (Suma de Letras), demuestra que su talento va más allá de la pantalla y llega hasta el campo de la novela negra.

En un thriller que se desarrolla en apenas 24 horas, Rivero se sumerge en el mundo de las redes sociales y reflexiona hasta dónde puede llegar el amor de una madre, qué precio está dispuesta a pagar por darle lo mejor a su hijo, mientras nos sumergimos en la historia de Lucas, el niño más famoso de España, con un millón de seguidores, que de repente desaparece de su propia casa.

En La cría has dado forma a un thriller en la que la desaparición del niño más famoso de España es el eje y las redes sociales juegan un papel protagonista, ¿Cómo nació la idea de este libro?

Nace de mi propia experiencia hará unos seis años, cuando abrí mi cuenta de Instagram y me descubrí como un verdadero novato. Me gustaba la fotografía, libros y demás… y empezaron a contarme lo que hay que hacer para que funcione una cuenta de este estilo. Me di cuenta de lo complicado que era llegar a seguidores incluso saliendo en televisión o teniendo una imagen pública. Y partí de la idea de hasta dónde estarían dispuestos incluso los padres a exponer a sus hijos para alcanzar fama.

La reflexión sobre el 'sharenting' es dura. ¿Crees que a los padres que lo practican les falta conciencia de los peligros que entraña?

Parto de que es novela negra, thriller, misterio, y todo lo tengo que llevar al extremo. Lo chulo de la novela negra es que a través del género puedo hablar de lo que me inquieta y muchas veces el terror está en las cosas cotidianas. La exposición en redes conlleva algunos peligros y cuando investigas y tienes contacto con policías y gente que se dedica a a ello, descubres la Deep Web en la que se trafica con todo, el material pornográfico… En el libro enfrento a dos tipos de mujeres muy distintas que han dado a sus hijos dos tipos de educación respecto a las redes sociales y mi intención es no llegar a los extremos. No pretendo decir cuál es la mejor manera de hacerlo porque ni yo la sé, pero sí plantear sobre la mesa esos peligros, porque se ha hecho tan cotidiano que la gente lo hace por sistema. Se trata de tener conciencia, 'Oye, subo esta foto pero estando alerta'. Es algo que siempre he tenido presente en mi profesión, cuando he tomado decisiones pienso 'esto lo haría el tipo de actor que me gusta, la gente que respeto'... Al subir algo pienso: esto lo va a ver la profesora de mi hijo.

Ahora que tienes un hijo, ¿tuviste claro desde el principio que protegerías su imagen, cómo lo ibas a gestionar?

Nunca he sacado a mis padres ni a mis mejores amigos. Siempre he tenido claro que en mi trabajo me desnudo, tanto actuando como escribiendo, no tengo máscaras, y suelo estar muy abierto porque también lo disfruto, me encanta el contacto con la gente, pero necesito mi parcela. Sobre todo porque me gusta mucho el misterio, la ambigüedad y no saber todo de todo el mundo. Cuando nació mi hijo lo decidí así. Los hijos de gente conocida ya lo tienen complicado de por sí, mi mejor amiga pertenecía a una familia conocida y los chavales la machacaban solo por ser pariente, tienes un foco que te viene implícito así que cuanto menos lo alimentes, mejor. También porque yo actúo de manera muy normal, considero la interpretación un trabajo normal e intento que mi hijo sea como los demás. Y también por respetarle. Ahora veo fotos y vídeos de adolescente de mí y no las quiero compartir.

Photo credit: Romero de Luque
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Como actor, casi es una obligación tener presencia en ellas, ¿cómo vives esa ‘parte’ de tu trabajo?

En mi profesión y en todas cada vez es más importante, porque todo se reduce a que generes interés, es un escaparate. Por eso planteo la duda de que mantenerse al margen tampoco es bueno, te quedas un poco fuera. Yo lo intento llevar con equilibrio, no hacer nada que me resulte incómodo y no sea yo. Para mí las redes sociales tienen un uso maravilloso aparte del informativo, en mi caso es un vehículo directo para hablar con los lectores. Anoche mientras escribía me escribió una chica que se acababa de terminar el libro y me viene genial tener esa conversación con un lector que si no no tendría.

En el libro también tocas la transexualidad en la infancia y el bullying, y las redes juegan un papel macabro. ¿Nos falta cuidar más la infancia? ¿Vivimos en una sociedad que avanza pero que aún falla en estas cosas esenciales?

Vivimos tiempos complejos en los que nos está pasando de todo, la juventud lo tiene más difícil tanto en vivienda, sueldos, calidad de vida, y estamos muy expuestos… Se dice que eso ha pasado toda la vida pero eso no significa que no haya que ponerle remedio. Algo que quiero señalar con la transexualidad y el cyberbulling es que cuando tenemos mucha difusión nuestros mensajes calan, se abren causas y se politizan y no tenemos en cuenta la repercusión que puede tener en los menores. En el caso del personaje que yo propongo ni siquiera entiende el discurso. Es una persona que luego actúa de una manera terrible pero se permite aleccionar, es algo establecido, y ocurre con muchos aspectos. Vivimos en una democracia y con libertad pero cada vez somos más intransigentes, y si no eres una cosa eres otra. Eso me preocupa y se ha enfatizado con las redes sociales y el titular que plantamos y sentenciamos.

La reflexión sobre cómo se obsesionan los jóvenes con las redes también da mucho que pensar… ¿Es una adicción que pasa más desapercibida que otras? ¿Crees que está menos penalizada socialmente?

Aún no ha pasado el tiempo suficiente, lo vemos a corto plazo. Hablo de los adolescentes y los niños porque me parece que son carne de cañón y maman lo que están viendo, pero creo que la adicción es de todos los adultos. No solo es exponerse, también es vivir en un mundo paralelo donde todo es maravilloso y que a lo único que lleva es a la frustración, nos comparamos con modelos de gente que no son reales. Me preocupa, por ejemplo, cómo ha caído el déficit de atención. Cuando hablo con los lectores comentamos cómo antes los adultos hacíamos jornadas enteras concentrados, y ahora vas mirando Instagram sin buscar nada, como un tic, y esto se lo transmitimos a los chavales, leemos titulares en lugar de textos largos. El día de mañana los exitosos serán los que sepan leer y concentrar su atención.

¿Cómo fue el proceso de escritura de 'La cría'? ¿Eres de los que te obsesionas con la historia, le dedicas mucho tiempo…?

Compartir comparto poco, solo lo leen mi editor y mi pareja. Y luego quien entra a corregir conmigo. Soy muy obsesivo, culo inquieto, todo el rato estoy viendo y leyendo y llevo a rajatabla lo que he leído a muchos autores conocidos de que el escritor lo es todo el tiempo. En una conversación, en una noticia... todo el rato estoy apuntando. Normalmente me enamoro de una idea, de un concepto, 'dónde serías capaz de llegar por obtener seguidores…' en este caso, y siempre intento tener un principio y un final. Para mí es importante saber qué quiero contar y por qué cuento esta historia, aunque no esté cerrado el mensaje. Y a partir de ahí mi cabeza se dispara tanto al escribir como al idear. Apunto muchos momentos, esto es importante, esto tiene que pasar… y tengo una línea principal, la esencia de lo que va la novela, y se me van ocurriendo cosas que no tenía planeadas y por eso mis novelas terminan siendo como un laberinto. En cuanto a horarios, me voy adaptando a la agenda que tenga y no he vivido el bloqueo, lo que sí me cuesta es el momento en que tengo toda la información, ordenarla y tomar las decisiones.

La cría es tu cuarta novela, ¿soñabas con poder desarrollar una carrera de escritor en paralelo a la de actor?

Escribir e idear para mí es un motor, es algo que me encanta. Como yo lo vivo así como lector, me encanta transmitirlo. Para mí la novela negra tiene algo de liberador, eso que busca la gente en Twitter a mí me sucede escribiendo. Tengo el poder de hablar de las cosas que me interesan a través de la escritura y luego está la parte canalla y gamberra que tengo yo de 'esto no te lo esperas, a qué te voy a dar un susto, esto no se te va a olvidar'… En una profesión como la mía que siempre dependo de ser elegido, las decisiones no las tomo yo y cumplo órdenes (que es algo que me encanta, que el director quede contento con mi trabajo), ser yo el que toma las decisiones es algo que me gusta mucho. Ojalá pudiera seguir escribiendo y que se publique los libros.

Como lector, ¿qué abunda en tu biblioteca?

De todo, menos autoayuda, que no leo nada. En cambio sí de educación infantil, novela negra… Leo mucho thriller pero entre medias necesito oxigenarme y leo, por ejemplo, Sara Mesa, que tiene como misterio.

¿Qué es lo que más te gusta de ambas profesiones?

Al final se trata de evadirte y jugar y yo es algo que me lo he aplicado mucho a mi profesión como actor, hacer cosas que nunca harías y disfrutar y divertirme. Me encanta juntarme con el equipo, hablar con maquillaje, sonido, cámaras, directores, me dejo llevar y mandar, me disfrazo… Me encanta discutir y llorar, mi vida es bastante tranquila, me gusta hacer todo eso que no hago en casa. Y como autor me pasa todo lo contrario, poder trabajar en casa, tranquilo, planear, maquinando cosas nuevas... Y luego hay algo que me gusta de las dos y es que te hacen estar presente en general, tener contacto con la gente y con el mundo.

Sabes lo que es llegar a la fama con apenas veinte años, que todo el mundo te conozca en la calle, ¿cómo es convivir con el fenómeno fan?

A veces se me olvida que la serie ha sido un fenómeno. Yo no hice prensa juvenil, que podía haber hecho, y la gente siempre me ha tratado con mucho respeto y ha sido cariñosa. No he vivido el fenómeno fan de acoso, lo único incómodo es que me roben una foto. Si me la piden, no me importa. Pero no me gusta sentir que te la roban, sobre todo si hay alguien alrededor que no tiene por qué salir en la foto.

¿Volverías a embarcarte en un personaje que has interpretado durante dos décadas? ¿llegas a cansarte?

Soy muy disfrutón y también radical en el sentido de que si no estuviera contento o de acuerdo, no lo hago. Me fui una temporada porque iba a escribir mi primer libro, tenía dos proyectos teatrales y necesitaba tiempo. No me había cansado del personaje pero sí del enfoque. Estaba muy al límite, y tenía la sensación de que lo que hacía ya lo había hecho y empezaba a repetirme. Pensé que era bueno oxigenarnos, y volví la siguiente temporada y nos vino bien a todos.

Si cierras los ojos, ¿qué sueño te gustaría ver realizado?

Yo creo que tener una familia y un hijo feliz el día de mañana. Que mi hijo esté orgulloso de lo que hemos hecho, más allá de lo profesional. El proyecto más bonito y que me tomo más en serio es la paternidad, es lo que dejamos y es el futuro. Y es esa dosis de responsabilidad, pensar que lo he podido hacer bien y he formado una persona de la que me siento orgulloso creo que es lo más bonito.

¿Sientes que la paternidad te ha cambiado mucho?

Lo que noto es que dejas de ser una prioridad, y a los actores nos viene bien, te dejas de mirar tanto. Es verdad que soy más fructífero, necesito menos descanso y doy más de mí. Con menos horas de sueño estoy más activo, antes me dormía más en los laureles, tengo energía y vitalidad. Y me ha llevado a centrarme en la escritura más que en el físico, el gimnasio. La paternidad me ha puesto en otro orden de prioridades, tengo poco tiempo y prefiero estar con mi hijo o escribiendo. Pero tengo que recuperar un poco también esa parte.

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