Casado aún no ha aprendido a hacer oposición

Asier Martiarena
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Pablo Casado se ha embarcado en batallas cortoplacistas para intentar tomar un atajo hasta Moncloa.
Pablo Casado se ha embarcado en batallas cortoplacistas para intentar tomar un atajo hasta Moncloa. (Photo by Gari Garaialde/Getty Images)

Pablo Casado está "sobrepasando los límites del estado de alarma para aplicar un estado de excepción encubierto". El PP está auspiciando "un agujero negro" para las libertades “desbordando el ámbito constitucional” mediante una “subasta con pujas de votos” autonómicos para forzar el estado de alarma con el que "mantener como rehenes" a millones de españoles.

El autor de semejantes descalificaciones no es el PSOE, ni Unidos Podemos, ni ERC, ni el PNV, ni Vox, ni Cs ni Bildu. En realidad es el propio Pablo Casado. Todo lo que han leído pertenece al argumentario que el líder del Partido Popular empleó hace apenas dos meses cuando acusaba al Gobierno de secuestrar el país por prolongar puntualmente el estado de alarma durante las rampas más duras del coronavirus.

Sin embargo, 8-12 semanas después, y un varapalo electoral en Euskadi al que sumar un desaire de Feijóo a sus políticas después, Casado se ha vuelto de la noche a la mañana en el mayor defensor de que España vuelva a encerrarse. Por ello, ha pedido en las últimas 24 horas “responsabilidad” y ha acusado al Ministerio de Sanidad de “pasividad” a la hora de emitir protocolos de prevención sanitaria, frente a las órdenes dictadas por “Andalucía, Murcia y, ahora, la Generalitat Valenciana” para convertir en obligatorio el uso de mascarillas. El volantazo es de tal magnitud que, empezando por lo último, se olvida de que Madrid, dirigida por su pupila Isabel Díaz Ayuso, es quien tiene la autoridad sanitaria para decretar la obligatoriedad de la mascarilla y, a estas horas, aún no lo ha hecho.

Toda esta improvisación demuestra que Pablo Casado aún no ha aprendido a hacer oposición. Eso le pasa porque sus gurús demoscópicos le hicieron creer que estaría muy poco tiempo en el cargo. Por eso se negó a apoyar hace un año, junto a Ciudadanos, un gran acuerdo de gobernabilidad pensando que una repetición electoral le devolvería al PP las llaves de Moncloa en una bandeja de plata. Por eso en marzo y abril trato de descoser la unión del país frente al virus en busca de una de una sobretensión de los dos socios de Ejecutivo -PSOE y Unidos Podemos- que obligara a Pedro Sánchez a buscar nuevos socios o a dar por concluida casi sin empezar la legislatura. Y por eso ha estado remando contra corriente para que fracasara el gran pacto de la Unión Europea para afrontar la crisis provocada por la pandemia postergándolo a septiembre para limitar y asfixiar el margen de maniobra de Pedro Sánchez.

Entre medias, purgó al candidato del PP en Euskadi, Alfonso Alonso, que en 2016 obtuvo 9 escaños en la Cámara de Vitoria, para obtener apenas 5 escaños –y compartidos con Cs- tras colocar a un candidato prejubilado como Carlos Iturgaiz para devolver al PP a su versión más radical y rancia orquestada en los años de Jaime Mayor Oreja de hace 20 años.

Entre medias se vende como hombre de Estado mientras fomenta la pérdida de peso de España en el reparto de las ayudas europeas. Unos vaivenes que van a alargar aún más el eterno viaje al centro del PP. Que lleva ya 30 años de travesía tomando rutas secundarias, y enrevesadas, alejándole del supuesto objetivo fundacional.

Porque sí, apropiándose de la abrumadora victoria de Alberto Núñez Feijóo en Galicia, Casado, el mismo que en las últimas elecciones se subió al carro de la “derecha sin complejos” defendió su estrategia para no quedar en evidencia con un líder regional que ha ampliado su poder ensanchando el partido hacia el centro y, cuyo aliento, Casado ya siente en la nuca como aspirante a sucederle tanto en la presidencia del partido como en la próxima candidatura a unas elecciones generales.

Pero ahora, con la aprobación en Europa de un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros financiado con la emisión de deuda común y un presupuesto de 1,074 billones de euros para el periodo 2021-2027, el horizonte electoral en España parece alejarse permitiendo a Sánchez e Iglesias agotar los cuatro años de legislatura que comenzaron enero. Tres años y medio en los que Pablo Casado tendrá tiempo suficiente para aprender a hacer oposición y dejar de fiarlo todo a las ventanas cortoplacistas que conllevan volantazos ideológicos de difícil explicación para su electorado.

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