Pérez Villalta: cuatro décadas de pintura, objetos imposibles y laberintos

Agencia EFE
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Madrid 18 feb (EFE).- Guillermo Pérez Villalta, uno de los grandes nombres de la Nueva Figuración Madrileña y Premio Nacional de Artes Plásticas, mete de lleno al visitante en su universo creativo con una retrospectiva en la que pinturas, objetos imposibles y hasta una fuente recrean el laberinto de su proceso creativo.

“¿Por qué un laberinto? Así es como funciona mi pensamiento, es como las ramas de un árbol, no soy de pensamiento lineal sino ramificado y sinuoso”, señala el artista en una entrevista este jueves con motivo de su nueva exposición en Madrid.

“El arte como laberinto”, como la ha bautizado, ocupa la Sala Alcalá 31 hasta el 25 de abril. El espacio se ha convertido justo en eso, en un laberinto.

Es un exposición sin pasillos lineales, con recovecos, espacios muertos y sorpresas a la vuelta de la esquina, como las que aparecen en muchos de sus enigmáticos cuadros que ha ido creando a lo largo de más de cuatro décadas.

Pérez Villalta (Tarifa, Cádiz, 1948) resume en esta muestra cuatro décadas de trayectoria. “Hay que ver la cantidad de cosas he hecho en mi vida!”, dice él mismo con sorpresa al enseñar la exposición, que reúne pinturas de todas sus etapas y objetos que parecen arrancados de los mundos de Escher.

“He sido siempre una persona con unas manos muy entretenidas, no me gusta decir trabajador -aclara- porque para mi crear ha sido siempre un placer”.

Humilde y cercano, Pérez Villalta es uno de los grandes nombres de la pintura española, su obra está en los principales museos de España y también en colecciones internacionales como el Museo Marugame Hirai en Japón o el Guggenheim de Nueva York.

Comenzó a pintar en los setenta, de forma autodidacta y aunque anticipó muchas de las premisas de renovación que se impondrían durante los ochenta, su obra es muy personal, no encaja en un único estilo.

Sus denominadores comunes son el color, el análisis de la luz, las geometrías y el juego de perspectivas. Siempre con el laberinto y una serie de elementos figurativos que recrean un ambiente con un toque místico y mágico.

“Para mi casa de Tarifa diseñé dos rejas, una de ellas es Atenea y otra Dionisio. La razón frente a la locura, la libertad absoluta y la imaginación desbordada. Así es mi proceso creativo” sentencia.

El pintor ha transformado la Sala Alcalá 31, que antiguamente era una iglesia, con cierto aire sagrado: “Es totalmente intencionado, el sentido religioso o lo trascendente es muy importante en mi obra. Hemos convertido la sala en una especie de templo, con capillas alrededor”, dice orgulloso.

En esta peculiar arquitectura, con forma de laberinto, se ubican alguna de las obras más famosas del autor y también algunas a las que más cariño tiene. “Autorretrato por la mañana”, por ejemplo, es la primera pintura plana que hizo y es en ella en la que por primera vez sintetizó su peculiar idea del eclecticismo y la combinación de diversos lenguajes.

Se nota una evolución en el color de sus pinturas, más vivo en las de los primeros años, y más sutil en las más recientes: “Me gustan los colores extraños, hago mis propios colores y me encanta”.

Sigue activo, trabajando todos los días. Además de diseñar objetos y pintar, ha creado una colección de joyas y tiene multitud de proyectos en cola, aunque reconoce que no le dará tiempo a acabarlos todos: "Tengo que elegir, la vida se va apagando".

Uno de los que más le apasiona es un encargo del Ayuntamiento de Tarifa para la Isla de las Palomas, “un lugar mágico”. “Me gustaría crear espacios laberínticos -explica-, que la gente lo pueda recorrer como si fuera un lugar de meditación, de belleza, sagrado”.

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