Oviedo, resumida en 1 día, para descubrirla y salir de fiesta

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Conviene empezar con energía el paseo por la capital asturiana, y para ello, nada como un buen desayuno con algunas especialidades de la repostería local. Los moscovitas y princesitas de la confitería Rialto (moscovitas.com), los croasanes y carbayones de Camilo de Blas (camilodeblas.es), la misma que Woody Allen mostró en Vicky, Cristina, Barcelona) o de la confitería Ovetus (confiteriaovetus.com)son una buena muestra de la tradición pastelera ovetense.

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El paseo puede empezar por la plaza de Alfonso II el Casto, que todo el mundo conoce como la plaza de la Catedral, con su elevada aguja presidiendo el centro histórico. A primera hora, cuando acaba de abrir sus puertas, el silencio es el mejor acompañante para caminar bajo las bóvedas góticas del mayor templo de Asturias y entrar en su Cámara Santa, donde se guardan algunas de las reliquias más veneradas de la cristiandad.

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Antes de que el reloj de la catedral anuncie el mediodía, se puede pasear por el barrio antiguo, empezando por la plaza de Porlier, visitando el interior de la universidad, subiendo por la plaza de Riego hasta llegar a la plaza de la Constitución. A sus espaldas queda El Fontán, el mercado de abastos de la capital, cuyos puestos son todo un muestrario de lo que crece en los valles asturianos o llega a las lonjas del Cantábrico.

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Por la calle Cimadevilla se llega al Museo de Bellas Artes, donde merece detenerse un rato para contemplar algunos de sus tesoros artísticos, como la colección de telas de pintores asturianos, el Apostolado de El Greco o el lienzo de Jovellanos pintado por Goya.

Tanto arte abre el apetito y para saciarlo, buena idea es pasar por La Taberna del Zurdo (Cervantes, 27) para probar su cachopo de ternera, que ha obtenido el premio al mejor de España 2019, o Casa Chema (casachema.com), cuya fabada también es de premio. 

Para bajar la comida, nada mejor que acercarse a conocer los edificios que forman el tesoro prerrománico de la ciudad, declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. A 15 minutos caminando desde la catedral, en el Parque de Santullano, está San Julián de los Prados, el mayor templo prerrománico de España, que conserva el mejor conjunto de pinturas murales de toda la Alta Edad Media, y a 45 o a 15 en coche, en el monte Naranco, las iglesias de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, fechadas en el siglo IX. 

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De vuelta al centro, la tarde es un buen momento para conocer la ciudad moderna, tomando como punto de partida la plaza de la Escandalera, a dos pasos del Teatro Campoamor. A su alrededor se encuentran las calles más comerciales de la capital, especialmente la calle Uría, que arranca en el Campo de San Francisco, el pulmón verde de la ciudad, donde disfrutar de alguna de las esculturas contemporáneas diseminadas por un entramado callejero concebido a escala humana.

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A la caída de la tarde, nada mejor que volver a los alrededores de la calle Mon, entre la plaza de Trascorrales y la del Paraguas, para despedir la jornada en sus numerosos bares y tabernas (El Gato Negro, El Olivar, La Mar del Medio…), como uno más de los privilegiados ovetenses.

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