Otro verano sin Grand Prix: el concurso que no vuelve por miedo a los grupos animalistas

Los meses estivales no son iguales desde que el Grand Prix no forma parte de la parrilla televisiva. El mítico concurso originalmente designado Cuando calienta el Sol se mantuvo durante más de una década en antena, desde 1995 a 2009, marcando a toda una generación.

Todavía hoy esbozo una sonrisa recordando los troncos locos, la cucaña, manos a la carta o la patata caliente, cuatro de mis pruebas preferidas en esta gymkhana televisada que enfrentaba a pueblos de toda la geografía española.

(©Gtres)

Tras catorce temporadas liderando el prime time, la mayoría de ellas en la cadena pública, no hay verano que los seguidores del programa no pidamos, a través de campañas en redes sociales con hashtags como #QueVuelvaElGrandPrix y hasta con firmas en Change.org, el regreso de este concurso que amenizó nuestras calurosas noches estivales.

Este mismo año la nostalgia colectiva se activó fugazmente gracias a laOtra, segundo canal autonómico madrileño, que con motivo de los 30 años de Telemadrid permitió que el espacio regresara durante un día con la reposición de un programa que produjo Europroducciones TV para FORTA. Un título repetido, pero que hizo las delicias de los fans.

Sin embargo, este 2019 ha desdibujado por completo la ilusión compartida por los seguidores de que se produzca nuevamente uno de los programas más recordados de la programación española. Por fin sabemos que el Grand Prix no vuelve por el miedo a los grupos animalistas.

Ramón García ha desvelado recientemente el misterio tras la pregunta del millón formulada por el experto en televisión Borja Terán. El maestro de ceremonias, que se metió al público en los bolsillos con sus chascarrillos y cercanía años atrás, ha asegurado en En compañía, el programa que conduce en Castilla-La Mancha Televisión, que desde hace tres años está preparado un proyecto renovado del popular programa, pero ninguna cadena se atreve a lanzar el formato. "Hay un Grand Prix preparado para salir, renovado perfectamente desde hace tres años. No se ha hecho porque las televisiones tienen miedo de los grupos animalistas, que les van a hacer imposible por el maltrato a la vaquilla, cosa que no es así", ha asegurado primeramente.

El presentador bilbaíno se ha apresurado a defender que nunca ha habido maltrato a los animales que participaban en las pruebas. Es más, el comunicador ha asegurado que las vaquillas se cuidaban perfectamente: "Partimos de que la vaquilla es un animal, y esto es una defensa que hago porque era mi programa. El Grand Prix es un hijo mío, lo dirigí dos años, además de presentarlo. Las vaquillas se cuidaban perfectamente, venían en sus camiones, tenían su corral apropiado y nadie las tocaba".

El que también fuera productor y director del formato ha desvelado además que aquellos que se quejaban del trabajo con animales fueron invitados para ver el estado de las vaquillas: "Les invitamos y nunca fue ninguno a visitarnos. Y nunca nadie, curiosamente, preguntó si las personas que salen en el Grand Prix y les pega un golpe la vaca tienen alguien que los cuide o cure. A veces nos pasamos de vueltas y pensamos más en los animales que en las personas".

Como muchos recordarán, varias de las pruebas características del espacio tenían como protagonistas a las vaquillas, el verdadero símbolo del programa, que además tenían nombres propios con rima fácil que provocaban la carcajada de los más pequeños como aquella Augusta, la vaquilla que asusta.

Seguro te acuerdas también de Los arcos, uno de los desafíos que solía abrir cada entrega del programa y que consistía, básicamente, en construir un arco de distintas piezas en medio de la plaza mientras los participantes esquivaban al animal que después debía atravesar la construcción. O también me viene a la memoria aquel otro reto en el cual los vecinos de los pueblos luchaban para preparar el postre más delicioso sumergiéndose en una piscina de espuma para encontrar una fresa gigante y llevarla hasta el recipiente de cada equipo sorteando, una vez más, a la vaquilla.

Me considero una apasionada de los animales y es cierto que la conciencia por el cuidado de estos seres vivos es mucho mayor ahora que hace veinte años. Si el formato fuera el mismo, y regresara en la actualidad, imagino a muchas asociaciones de protección animal y espectadores sintiéndose ofendidos con la imagen de una vaquilla corriendo bajo la luz de los focos. En definitiva, es comprensible que los productores no quieran dar luz verde al mismo espacio ante el cambio de la conciencia social de los últimos años.

Sin embargo, si quitamos el elemento animal de la ecuación, este entretenido programa con grandiosos decorados fomentaba valores como el compañerismo en esta especie de torneo televisado donde la cultura general y las habilidades físicas establecían la localidad ganadora. Pero además servía para generar turismo a pueblos de España con población inferior a 50.000 habitantes. La dedicación era tal que los propios alcaldes y habitantes de los distintos puntos geográficos, un total de 328 en las catorce temporadas, que se dice pronto, llegaban a formar parte de este concurso.

Cabe recordar que el conocido como Ramontxu condujo el concurso, que por cierto incorporó una canción que era tan tarareada como difícil de olvidar, desde 1995 hasta 2005. Tras once temporadas el formato dio el salto a las autonómicas de FORTA y se pusieron al frente Bertín Osborne y Cristina Urgel quien fue sustituida por Natalia Rodríguez en 2008 hasta su última edición. Ahora bien Ramón García, quien también fuera la estrella de las Campanadas en Televisión Española, intentó resucitar el concurso en 2017 junto a un equipo que ha trabajado en un proyecto actualizado que quizás algún verano pueda ver la luz.

Hoy en día es casi impensable disfrutar de un programa en familia y quizás, si apostaran por eliminar la participación animal, el regreso de este refrescante espacio propiciaría nuevamente la reunión en torno al televisor de todos los miembros, desde el abuelo al niño, como decía la cabecera.


Los tiempos han cambiado, estoy de acuerdo, pero también es posible que el Grand Prix, que antaño fue imprescindible para el público y un auténtico referente para los espacios venideros que han apostado por diversión segura y fácil para estos meses estivales como El pueblo más divertido de España o Me lo dices o me lo cantas, podría tener su espacio todavía. Influido seguramente también por el simple hecho de no desgastarse, ya que permanecía en antena pocos meses consecutivos.

Podrían plantearse el adaptarse a los nuevos tiempos y eliminar la figura animal de la pantalla, creando otras pruebas que no necesiten una vaquilla. De esta manera evitarían las críticas y simpatizarían con la sensibilización social de muchos espectadores amantes de los animales, devolviendo el formato al público familiar.

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