¿Es apropiada la celebración de la vida y el alcohol que propone 'Otra ronda'?

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Por Alberto Cano - Hay que celebrar el poder disfrutar de experiencias tan catárticas como Otra ronda en salas de cine. En medio de una pandemia donde plataformas como Netflix, Amazon o HBO se han impuesto en el consumo audiovisual, el vivir la experiencia comunitaria de ver una película que celebra la vida, se siente como una reivindicación del poder sensorial del séptimo arte y de lo mucho que se ve intensificado cuando se disfruta en una sala rodeado de gente. 

Sin embargo, Otra ronda es una apuesta tan graciosa como inteligente, melancólica, pero también contradictoria. Dirigida por el galardonado director danés Thomas Vinterbeg, la gran favorita al Óscar a Mejor Película Internacional esconde un detalle problemático bajo su superficie, consecuencia de ser una cinta que no entra al juicio de sus debates y que cae rendida ante sus propios excesos.

Fotograma de 'Otra ronda' (Henrik Ohsten, Bteam Pictures)
Fotograma de 'Otra ronda' (Henrik Ohsten, Bteam Pictures)

Otra ronda nos plantea un peculiar experimento al que se enfrentan sus protagonistas, cuatro profesores de instituto de mediana edad encabezados por Mads Mikkelsen que pretenden demostrar que manteniendo una tasa de alcohol en su organismo pueden mejorar su rendimiento en el día a día. Se presentan los excesos de la vida, la crisis de la mediana edad y los duros golpes que trae consigo, el contraste con la juventud y el carácter lúdico del consumo de alcohol. Pero Vinterberg no pretende juzgar, sino que huye de las redundantes historias sobre la tragedia del alcoholismo con un enfoque más vitalista y da rienda suelta al espectador a sacar sus propias conclusiones

Pero se le acaba volviendo en su contra. Al fin y al cabo, no deja de ser una historia vista en infinidad de ocasiones en la que es fácil deducir el rumbo que van a tomar los acontecimientos, y no entrar directamente al debate de ninguna de sus cuestiones le hace quedarse en una producción superficial. 

Sí, se muestran las terribles consecuencias del alcohol mediante el transcurso de las tramas de sus personajes, pero en ningún momento hay una condena clara. Y llegado su final, parece que a Vinterberg le interesa más presentar el consumo de sustancias alcohólicas como algo vitalista y liberador que realizar una crítica de una vida centrada en excesos. Y creo que aquí reside el gran problema de Otra ronda, porque más que una celebración de la vida, se termina romantizando el consumo excesivo. 

En parte, entiendo que Vinterberg haya optado por este tono y haya huido del drama y lo trágico. Justo al iniciar la producción de la película en mayo de 2019 tuvo que hacer frente a la muerte de su hija Ida de 19 años en un accidente de tráfico. Su exmujer, quien se encontraba al volante, chocó con un conductor que se encontraba distraído con el teléfono móvil, y aunque ella se recuperó, su hija murió en el mismo impacto.

Seguir adelante, abrazarse a la vida y celebrar lo bueno de esta pese a la tragedia fue a lo que se aferró el director para realizar esta película. De hecho, Mads Mikkelsen ha reconocido que el proyecto cambió sustancialmente respecto a lo que Vinterberg le presentó por primera vez hace años. “Eran ideas sueltas sobre el alcohol, el efecto que tenía sobre la gente”, explicaba el protagonista de Otra Ronda para Cinemanía. “Pero luego cambió y cuando leí el guion resultó ser todo lo que habría esperado. No iba del alcohol, iba de abrazar la vida, de no vivir celoso con el pasado o el futuro, de estar en paz con el presente”.

Pero... ¿justifica la banalización del consumo excesivo de alcohol? Analizándolo desde la base central y la intención de su historia sí, pero examinando su mensaje de disfrute de la vida en base a los excesos es donde comenzamos a tener problemas. Al comentar la película con amigos me encontré con opiniones dispares que afirman justo lo contrario, que critican cómo el alcohol sirve de refugio para los problemas hasta el punto de normalizarlo, pero creo que esta justificación se desmonta ante la falta de capacidad de juicio que muestra película al no entrar en debates. Es decir, la relación tan estrecha que establece entre abrazar la vida al máximo y el consumo de bebidas alcohólicas termina por no justificar sus excesos. Porque, aunque Otra ronda funcione de maravilla como canto a la vida sin debates morales, es su falta de crítica ante los peligros de los excesos lo que lleva a que cuestionemos su mensaje final.

Si Otra ronda ha llegado tan lejos en la temporada de premios no es por el análisis banal que hace sobre el consumo de alcohol, sino porque resulta inevitable caer rendido ante una propuesta altamente disfrutable. Como bien decía al principio, acaba siendo una experiencia catártica para estos tiempos de pandemia. Su escena final con un entregadísimo Mads Mikkelsen bailando al ritmo de What A Life de Scarlet Pleasure y rindiéndose a los excesos seguramente permanecerá en la memoria colectiva por su extremo carácter frenético y festivo. 

Pero no deberíamos pasar por alto su problemático planteamiento: ¿para abrazar la vida a pleno hay que recurrir al alcohol en exceso? Opino que hay muchas otras formas de hacerlo.

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