Así es la vida de los surcoreanos en los sótanos de Seúl que salen retratados en "Parásitos"

Parásitos ha sido la gran triunfadora de los Oscars 2020. La producción surcoreana se ha llevado el premio a la mejor película poniendo además de relieve la difícil situación en la que viven las personas con menos recursos en la ciudad de Seúl.

Al igual que la familia Kim en el film, muchos otros se ven obligados a vivir en semisótanos pequeños y oscuros, a los que se les conoce popularmente con el nombre de banjiha.

En Parásitos la familia Kim vive en un sótano (Neon)

El grave problema de la vivienda en la ciudad, con mucha más demanda que oferta y unos precios astronómicos, ha provocado que estos alojamientos precarios, que representan algo más del 10% de la vivienda, sean la solución para las personas jóvenes o con salarios bajos.

Tal y como cuenta BBC Mundo, se caracterizan por la escasa luz solar, la poca privacidad (debido a que las ventanas están a ras de suelo) o los penetrantes olores a causa de la humedad. Algunos son más precarios que otros, pero todos suelen compartir unos techos muy bajos que en ocasiones se convierten en un suplicio para sus moradores. El precio mensual del alquiler de este tipo de viviendas se suele situar en torno a los 400 euros.

La mayor parte de los pobladores de estos banjiha se toman su estancia como algo temporal. Un lugar precario en el que vivir un tiempo, mientras que se va ahorrando para mudarse a un espacio mejor. Sin embargo, no todos lo consiguen.

Su origen

El origen de este tipo de viviendas se remonta a hace unas décadas, cuando el conflicto entre las dos Coreas vivía su máximo punto de tensión. En 1970, el Gobierno surcoreano exigió que todos los edificios de apartamentos de baja altura contaran con sótanos en los que refugiarse en el caso de que fuera necesario, convirtiéndose así en improvisados búnkeres.

En Seúl se combinan las viviendas precarias con los rascacielos (AP).

Alquilar estos lugares para residir en ellos era ilegal, pero la crisis de la vivienda de los años 80 cambió esta situación y el Ejecutivo se vio obligado a legalizar estas casas subterráneas. Corea del Sur es la undécima economía mundial, pero mucha población sufre la pobreza y la precarización.

En este sentido, los informes señalan que los menores de 35 años destinan en torno al 50% de sus ingresos económicos para pagar el alquiler. En un contexto semejante, los banjiha se convierten para algunos en su única opción, mientras que para otros en la posibilidad de ahorrar durante un tiempo antes de poder permitirse una vivienda mejor.

Uno de los grandes problemas a los que se suelen enfrentar los residentes de estos semisótanos es el estigma social que representa residir en un lugar tan precario. Su oscuridad y su supuesta falta de seguridad pesan mucho en una sociedad tan competitiva como la surcoreana, pero la necesidad hace que poco a poco se vayan normalizando unas viviendas que cada vez forman más parte del paisaje de la ciudad.

Más historias que te pueden interesar: