Los Óscar y la nominación que esconde una de las historias más desoladoras de Hollywood

La actriz nominada al Oscar Catherine Burns en la película televisiva de ABC 'Two for the Money' (Disney General Entertainment Content via Getty Images)
La actriz nominada al Oscar Catherine Burns en la película televisiva de ABC 'Two for the Money' (Disney General Entertainment Content via Getty Images)

Una tarde buscando sobre rarezas cinematográficas, llegué por casualidad a un título de finales de los años 60 llamado Last Summer. Se trata de una historia sobre el despertar sexual en la adolescencia que, en su día, ante su carácter independiente, el número limitado de copias con el que fue lanzada, su fracaso comercial o enfrentarse a la censura por una escena muy explícita de violación, terminó casi por desaparecer por completo.

Aunque de difícil acceso, ha conseguido perdurar gracias a su edición en VHS, su emisión en televisión con metraje cortado o una única copia superviviente en celuloide que fue encontrada en 2001 en Australia. Y desde luego, es una pena que corriera semejante suerte, porque hablamos de un título adolescente evocador que, con un tono que se mueve desde lo tierno y amable hasta la más absoluta oscuridad, retrata con un realismo apabullante la naturaleza del ser humano y las convulsiones de la juventud. Además, estamos ante una película que dio que hablar en los Premios Oscar en 1970, donde una de sus jóvenes actrices, Catherine Burns, fue nominada a Mejor Actriz de Reparto.

Viendo la película, que encontré tras una búsqueda exhaustiva en la que di con una copia en baja calidad obtenida de un VHS, me interesé mucho por saber de la vida y carrera de Burns, puesto que nunca había escuchado hablar de ella y su trabajo en Last Summer, donde actúa de contrapunto a la sexualidad desatada de los jóvenes protagonistas interpretados por Barbara Hershey (Cisne Negro), Richard Thomas (The Waltons) y Bruce Davison (Vidas cruzadas), era toda una sorpresa. Sin embargo, al investigar sobre ella, me encontré con una historia devastadora sobre lo cruel que puede llegar a ser el mundo de Hollywood.

Catherine Burns nació en Nueva York en 1945. Su intención era dedicarse a la enseñanza, pero su interés por la interpretación la llevó finalmente al mundo teatral de Broadway. Su carrera se expandió y en 1967 debutó en televisión con la película The Crucible para CBS y en 1969, cuando tenía 22 años, en la gran pantalla con Last Summer, por la que fue nominada al Oscar. Sin embargo, el reconocimiento de la academia de Hollywood no se tradujo en un ascenso meteórico en la industria, puesto que en los años posteriores se limitó a un par de películas menores y a pequeños papeles en series y películas de televisión.

A finales de los 70, su nombre despareció por completo de la historia del cine, dejando un misterio que hasta 2020, cuando The Hollywood Reporter indagó sobre su vida y destino, había estado sin resolver. Gracias al artículo publicado por el citado medio, se pudo conocer que la vida de Burns no fue precisamente un camino de rosas, y la culpa la tuvo una película como Last Summer, la dificultad que le plantearon sus secuencias sexuales o los muchos comentarios despectivos sobre su físico que surgieron tras este trabajo.

En entrevistas de la época, Burns reconocía que el ambiente del rodaje no fue nada idílico. Su personaje se mantenía más apartado del trío que conformaban Hershey, Thomas y Davison, lo que le generaba la frustración de estar sola y sentirse como una extraña en el set. Además, el tener que compaginar sus actuaciones en Broadway con la grabación de Last Summer o la presión añadida de rodar una escena explícita de violación, donde ella actuaba como la víctima, no le facilitó las cosas. “Solo quería terminar de una vez. Estar sentada y preocuparme por eso fue malo. Confié en Frank (el director), pero no fue fácil hacerlo”, declaraba al Chicago Sun-Times.

La exposición que le dio la película y la nominación al Oscar, sumado a lo cruel que puede ser a veces la industria y los medios de comunicación, derivó a comentarios sobre su físico que le crearon inseguridades de cara actuar. Según recoge THR, en una entrevista con el columnista Earl Wilson en los 70 y en otra intervención con Chicago Sun-Times, la propia Burns fue muy dura consigo misma criticando sus rasgos y forma de actuar, lo que es probable que terminara por hacerla abandonar la interpretación y huir de esa industria que tanto daño le hizo. Y es que sus palabras son muy duras de escuchar.

“Lo peor de ser un cerdo gordo es la sensación de ser grotesca”, afirmaba para el Times. “Mi boca parece la ranura de un buzón de correos. Mi cabeza se mueve demasiado y tiembla. Cuando me quedo quieta vibro. Mi discurso está mal. Sueno como si me estuvieran reproduciendo en 78 en lugar de 33”, señalaba también a Earl Wilson.

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Aunque desapareciera de Hollywood, en 1989, 20 años después de hacer Last Summer, hubo noticias de ella gracias a una investigación de Los Ángeles Times, medio que encontró a Burns viviendo en el Upper West Side de Nueva York e informó que había emergido como escritora. En este periodo de tiempo, escribió libros infantiles, obras de teatro y guiones para televisión. De hecho, su rastro fue encontrado después de que vendiera su primer libreto a CBS para la telenovela Luz de Guía. Además, ese mismo año, Burns se había casado con un compañero escritor y declaró al medio que no cerraba puertas a volver a actuar. No obstante, nunca más se supo de ella.

En 2020, con motivo del 20 aniversario de su nominación al Óscar por Last Summer, The Hollywood Reporter trató de investigar sobre su devenir, tarea que, como bien reconocen, no fue nada sencilla. No había noticias sobre su vida, ningún medio de contacto, ninguna cuenta en redes sociales, ninguna información en los servicios de salud y ni siquiera personas que trabajaron con ella tenían información sobre su paradero. Fue gracias a una búsqueda en los registros públicos cuando encontraron que podría estar viviendo junto a su marido en una comunidad de jubilados en Lynden, Washington, lugar al que se desplazaron para obtener respuestas.

Tras llegar a la dirección, nadie quiso abrir la puerta de su domicilio. Vecinos y cuidadores del lugar advirtieron de que eran personas muy reservadas y que no iban a querer hablar, especialmente con la prensa. Sin embargo, tras la visita, el esposo de Burns contactó con el medio exigiendo saber cómo habían dado con su paradero y negándose rotundamente a aportar algún tipo de información. “Mi esposa ha estado fuera de la industria durante décadas”, escribió en un correo electrónico encriptado. “Ella es una noticia antigua. Estamos en nuestra octava década. Dejamos ese negocio podrido hace mucho tiempo. Es hora de tener un poco de paz. Tal vez alguien más quiera este tipo de recordatorio de quiénes fueron alguna vez, pero nosotros no”.

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No obstante, la información terminaría llegando. Con más datos en su haber, THR se puso en contacto con el Departamento de Salud de Washington, donde descubrieron que por un error en el registro de su fecha de nacimiento sus datos médicos no habían aparecido en búsquedas previas. Corregido el fallo, se encontró un certificado de defunción que reveló que Catherine Burns había muerto el 2 de febrero de 2019, a los 73 años, y que su cuerpo fue donado para la investigación médica. El fallecimiento fue causado por un golpe en la cabeza, aunque venía padeciendo problemas de salud debido a una cirrosis.

El marido de Burns finalmente terminó reconociendo el fallecimiento de su esposa y hablando sobre la voluntad de su esposa, admitiendo que “odiaba la película que la hizo conocida” y que quería “ser recordada como una escritora de novelasy no como una actriz de Hollywood. Desde luego, un muy triste devenir para una actriz que, con apenas 20 años, demostró tanto talento en pantalla en una película que ni siquiera es recordaba ni fácilmente accesible.

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