'Osama', la película afgana que supo retratar el horror vivido por las mujeres con valentía

·7 min de lectura

Desesperanza. Es la palabra que más se repite en las declaraciones que muchas mujeres afganas están vertiendo anónimamente a medios que logran hablar con ellas (como BBC). Mientras algunas se juegan la vida plantando cara al Talibán con protestas valientes, otras se resguardan en sus casas acechadas por las historias de represalias confirmadas por la ONU, las pesadillas de un pasado marcado por la opresión absoluta y el temor a la pérdida de los derechos conseguidos ante los cambios evidentes que ya empiezan a percibirse.

Desde periodistas a ejecutivas, cineastas, diplomáticas, empleadas y estudiantes. Muchas mujeres han pedido ayuda a la comunidad internacional en los últimos días al verse despojadas de sus trabajos, viéndose obligadas a llevar burka de nuevo, buscando formas de huir o encerrándose completamente en sus casas ante el temor de represalias entre aquellas que tuvieron empleos relacionados con el arte o la política internacional. Y fue al pensar en ellas que quise recordarles la primera película rodada allí cuando el país recuperó su libertad artística, después de que el Talibán controlara el país bajo una rigurosa lectura de la ley islámica entre 1996 y 2001. Hablo de Osama (2003), un largometraje valiente que permite que Occidente sienta y palpite esa desesperanza tan injusta que tantas mujeres afganas están viviendo nuevamente.

Cartel promocional de Osama
Cartel promocional de Osama

Osama (cuyo nombre no tiene relación alguna con Osama Bin Laden) fue una coproducción de varios países (Holanda, Japón, Irlanda, Irán y Afganistán) y la primera película que se rodó en Afganistán en su totalidad desde 1996. Tanto su director, Siddiq Barmak, como sus actores, eran de origen afgano y el relato partía de una historia real que el cineasta conoció durante el control talibán.

Osama nos coloca en el centro de Kabul, viviendo bajo el estricto dominio talibán, donde las mujeres transmiten el miedo constante y los hombres cercanos juegan un papel cómplice humanitario. Pero donde, al final, es la tierra de sálvese quien pueda. Cada uno está a merced de su destino y la ayuda es escasa o nula.

Y esa desesperanza que apuntaba al principio se palpita en cada secuencia. Cada plano de la película. Es una sombra constante que acecha a su protagonista continuamente. Y esa protagonista es una niña que vive con su madre y abuela, sin ningún hombre en la familia que aporte un sueldo con el que salir adelante. Su padre y familiares masculinos murieron durante la invasión soviética y según la ley islámica impuesta por el Talibán, las mujeres no podían estudiar, trabajar, ni salir de sus casas sin un escolta masculino. Algo tan sencillo como volver a sus hogares ponía en riesgo sus vidas, pidiendo a vecinos o conocidos que las acompañaran, mintiendo ser familiares cada vez que el talibán los detenía en las calles.

Precisamente en este sentido, hay una secuencia punzante que resume todo esto en una imagen. Se trata de un plano centrado en los pies de la madre mientras la llevan en bicicleta. Va tapada por completo con burka, mientras el plano se centra en sus pies y sus sandalias, relajados, cómodos, dejándose llevar. Algo tan natural como la vida misma. Pero sin moverse del plano, la bicicleta se detiene y la voz de un talibán le exige que se tape, regañando al vecino que las traslada por permitir que su mujer muestre los pies, excitando a los hombres que puedan verla.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Como la necesidad y el hambre puede llevar a medidas desesperadas, la abuela y madre deciden cortar el cabello de la pequeña en etapa pre adolescente y cambiar su ropa para hacerla pasa por niño. De esta manera puede ir a trabajar y alimentarlas, una alternativa extrema tomada en una situación de vida o muerte. Y es esa niña, de la que nunca conocemos su nombre, la que permite que palpemos el pánico y el terror en cada minuto de su existencia.

Como niño puede trabajar y andar sola por la calle, transmitiendo el miedo constante a consecuencia de su verdadera condición como mujer, oprimida durante su corta vida. A lo largo de su historia nos hace palpitar el pánico a ser descubierta, pero también las diferencias que descubre al ser reclutada para asistir a la escuela talibán. Allí los varones son libres, juegan, ríen y son completamente inconscientes de la opresión que ella vive. Son dos realidades opuestas, extremadamente injustas.

Sin embargo, su inocencia la destapa y el talibán la descubre, vendiéndola a un señor mayor del régimen, cruel y con varias esposas, llevando a una conclusión tan desesperanzadora como al principio, retratando esa época que ahora las mujeres afganas temen que vuelva.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Osama fue la primera producción que aprovechó la furia de la libertad de expresión silenciada durante cinco años, para contar una historia que desenmascaraba el sufrimiento de las mujeres bajo el yugo del Emirato Islámico. Fue una película valiente, desde su director a todos sus actores: hombres, mujeres y niños amateurs fichados en las calles de Kabul, rodando la película con un diálogo prácticamente improvisado entre ellos. Y es que todos sabían lo que estaban contando porque lo habían vivido en carne propia, y esa honestidad forma parte de la magia de Osama, porque no es un documental pero por momentos lo parece. La tristeza en las miradas, el retrato físico en los andares y posturas, las voces apagadas y dolidas, son de las más reales y sinceras que he visto en una película de ficción. Y es por eso mismo, porque todos ellos eran seres humanos que cargaron la opresión tan solo un año antes del rodaje.

Sin ir más lejos, la niña protagonista -Marina Golbahari- apenas tenía 13 años cuando rodó el filme, siendo descubierta por el director cuando la vio vendiendo revistas en la calle. Su inocencia y un pasado reciente, habiendo sufrido el yugo talibán sin poder estudiar, la llevaron a sentir el rodaje como si fuera la vida misma. Años más tarde confesó que creía que los talibanes del filme lo eran de verdad, viviendo el miedo ante las cámaras. Que el viejo que la fuerza en matrimonio era su marido real, pasando noches enteras llorando hasta dormirse. Fue cuando la película se estrenó y recibió el aplauso internacional, que todo cambió. Osama ganó premios en festivales como Cannes y el Globo de Oro a la mejor película extranjera.

Marina Golbahari siguió trabajando, aunque pasó gran parte de su vida recibiendo amenazas de extremistas islámicos por señalarla de infiel al mostrar su rostro en pantalla. Sin embargo, en 2016 tuvo que huir de su país y buscar asilo en Francia al recibir amenazas de muerte al ser fotografiada sin cubrirse la cabeza en un festival de cine de Corea del Sur. Pasó un tiempo viviendo en un centro de refugiados en las afueras de París con su marido, padeciendo depresión e intentos de suicidio. Pero afortunadamente pudo salir adelante. Si bien no es muy activa en sus redes sociales, Marina dio una entrevista hace unos meses revelando que tiene una hija de 4 años mientras sigue trabajando como actriz en el país vecino.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

En cuanto a la historia real en que se inspira la película, su director reveló hace varios años que la conoció a través de un artículo mientras vivía en Pakistán (al ser cineasta, y con la libertad de expresión artística prohibida en su país, se había refugiado allí durante el mandato talibán). La historia versaba sobre una niña que se había hecho pasar por varón para poder ir al colegio. En su caso se trataba de una escuela clandestina que fue descubierta por el régimen, ejecutando a su director y revelando públicamente el nombre de la niña. Aunque no relata qué fue de ella.

Osama -que solo puede encontrarse legalmente a través de la compra de DVD (solía estar disponible en Filmin)- fue una de las películas más valientes del nuevo siglo. Una producción que plasmaba ante el mundo no solo la realidad que ya conocíamos a través de las noticias, sino a sentirla y palpitarla. A sentir el miedo de esas mujeres, el horror de la opresión, la persecución y el riesgo diario de sus vidas por equivocarse o vivir libertades que todo ser humano debería dar por sentado. En un principio, el director pensó en darle un final esperanzador dándole libertad al personaje, pero le resultaba irrealista a pesar de la derrota del Talibán al momento de producirla. Básicamente porque al rodarla, las mujeres todavía no eran verdaderamente libres. El cambio era muy reciente y haría falta tiempo para alcanzar los derechos de los que disfrutaron hasta hace unos días.

Más historias que te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente