La historia de apropiación cultural detrás del origen de Betty Boop en una mujer negra

·8 min de lectura

Mucho antes de Jessica Rabbit, Lola Bunny o la Esmeralda de Disney, Hollywood nos dio al primer sex symbol animado con Betty Boop, icónico personaje que cumple este año nada más y nada menos que 90 años. Representante de una época del cine en la que las normas eran más laxas y la sexualidad se presentaba de forma abierta y provocativa, Betty Boop arrasó entre el público y se convirtió en el símbolo de las chicas flapper, mujeres de los años 20 directamente asociadas al mundo del jazz que lucían cabello corto y vestidos poco recatados.

Aunque durante mucho tiempo se creyó que el personaje estaba inspirado en la actriz del cine mudo Clara Bow, arquetipo de la chica flapper y la primera it-girl, su imagen ha sido tradicionalmente asociada a la cantante y actriz Helen Kane. Sin embargo, con el tiempo se descubrió que el estilo y apariencia de Betty Boop no se originaban en ella, sino en una cantante negra de la que ella misma tomó prestada su imagen y su peculiar forma de cantar. Esta es la historia de Esther Jones, la mujer negra detrás de Betty Boop que cayó en el olvido.

Imagen de la serie animada de Betty Boop (Dominio Público)
Imagen de la serie animada de Betty Boop (Dominio Público)

Betty Boop nació en 1930 como creación conjunta de los animadores Max Fleischer y Grim Natwick. Su primera aparición tuvo lugar en el cortometraje Dizzy Dishes, séptima entrega de Talkartoons, exitosa serie de cortos de Paramount Pictures. Originalmente, Betty presentaba la apariencia de un caniche antropomórfico, con nariz negra y largas orejas colgantes, pero su imagen cambió en cuestión de apenas un año, pasando a ser completamente humana y adoptando la imagen definitiva por la que se la conocería mundialmente desde entonces y hasta nuestros días.

Con su mezcla de sensualidad e inocencia, su figura curvilínea y su característica voz aniñada y nasal, Betty Boop se convirtió en la estrella indiscutible de Talkartoons y en 1932 recibió su propia serie de cortometrajes centrados en ella. A partir de ahí, el personaje experimentó una etapa de inmensa popularidad entre el público que duró el resto de la década de los 30, pasando a la posteridad como uno de los personajes animados más famosos y también más sensuales de la historia, y llegando a protagonizar algún que otro escándalo por blasfema.

Como adelantaba antes, la inspiración detrás de Betty Boop eran las flapper girls, un nuevo prototipo de mujer liberada y sexual que predecía al Hollywood del Código Hays -serie de normas estrictas que determinaban qué se podía mostrar o no en pantalla y nacían como respuesta al libertinaje de Hollywood auspiciando una era de puritanismo y censura. Las flapper girls desafiaban las convenciones con faldas por encima de la rodilla, sin corsé y con peinados muy cortos. También usaban mucho maquillaje y su comportamiento se alejaba del canon tradicional de la feminidad. Fumaban, bebían, conducían y bailaban y cantaban jazz en los cabarets, desafiando así las normas de corrección de aquella época.

Si bien Clara Bow y Helen Kane son a menudo citadas como inspiraciones para la creación del personaje, no hace mucho se descubrió que en realidad fue una mujer negra la que originó el estilo de Betty Boop, Esther Jones, una cantante de jazz de Harlem que actuaba en el famoso Cotton Club de Nueva York en los años 20. Jones adoptó el nombre artístico Baby Esther y destacó en la escena neoyorquina con su voz única y su singular forma de cantar, usando sonidos infantiles y “boops” que más adelante se convertirían en una de las señas de identidad principales de Betty Boop.

El estilo de Jones atrajo a Helen Kane, que decidió adoptarlo como suyo propio y empezó a usar los “boops” en sus canciones. Cuando Max Fleischer presentó a Betty Boop en su primer cortometraje, Kane lo acusó de haber robado su personalidad artística. Esta controversia dio paso a una batalla legal en la que la actriz alegó que el animador la había usado como referencia para la caricatura sin ser compensada económicamente. En mayo de 1932, Kane presentó una demanda contra Paramount y Fleischer por $250.000, citando competencia desleal y apropiación indebida. La actriz argumentó que Betty Boop imitaba su estilo, voz aniñada y acento de Brooklyn, y que estas características fueron clave en el enorme éxito del personaje y sus altos beneficios económicos.

Las actrices que habían puesto voz a Betty Boop (Bonnie Poe, Kate Wright, Margie Hines y Mae Questel) testificaron en el juicio, que duró más de dos semanas. Kane defendió que Fleischer había robado su estilo, pero el juez falló en su contra, concluyendo que la actriz no había originado el estilo en cuestión, sino que lo había copiado de una cantante afroamericana desconocida, Baby Esther. La defensa presentó pruebas de que Kane había visto a Jones actuar en un club nocturno y había decidido apropiarse de su estilo, así como de la expresión Boop-oop-a-doo que más adelante se asociaría directamente a Betty Boop, con lo cual no tenía derechos exclusivos sobre ella.

Los argumentos de Kane se desmoronaron ante las pruebas que demostraban que, efectivamente, ella no había inventado el Boop-oop-a-doo. El manager de la actriz, Lou Walton, desveló que él mismo había la había entrenado para cantar como los cantantes afroamericanos de jazz que utilizaban la improvisación vocal conocida como scat. Artistas como Louis Armstrong o la propia Esther Jones, a la que Kane había visto actuar en el Cotton Club en 1928, como se demostró en el juicio. Fleischer y las actrices que pusieron voz a Betty Boop argumentaron que el personaje no estaba basado en Kane, sino que era una mezcla de varias figuras, entre ellas Baby Esther. La actriz no solo perdió la batalla legal, sino que fue públicamente humillada por haber robado el estilo a otra mujer.

Es decir, Betty Boop no existiría sin Baby Esther, legalmente considerada una de las inspiraciones del personaje. Sin embargo, hoy en día nadie recuerda a la cantante de Harlem.

Su vida es un auténtico misterio y no hay datos oficiales que confirmen su fecha exacta de nacimiento, así como la de su muerte. Baby Esther desapareció sin dejar rastro y se cree que murió muy joven, antes de que el juicio llegara a su final. En los años siguientes y a pesar del veredicto en su contra, Kane continuó siendo asociada a Betty Boop, incluso ella misma se siguió llamando a sí misma “la chica Boop-oop-a-doop original”, lo que no hizo sino provocar que Baby Esther cayera aun más en el olvido. Con el tiempo, son muchos los que ignoran por completo la existencia de Jones y el papel que tuvo en la creación de Betty Boop, mientras Kane sigue siendo citada erróneamente como su principal inspiración.

Hay quienes dicen que esta sería su voz pero lo cierto es que se desconoce si los audios de sus canciones sobrevivieron al paso del tiempo o no:

Curiosamente, Betty Boop llegó a aparecer caracterizada como una mujer negra en el cortometraje Popeye el marino, estrenado en 1933 -poco antes de que se celebrase el juicio de Kane contra Fleischer. El corto, que formaba parte de la serie de Betty Boop, marcaba el debut animado de Popeye, después de que Fleischer firmase un acuerdo por los derechos para utilizar al famoso marino creado por Elzie Crisler Segar en sus películas. Betty aparecía en una escena bailando hula, la danza típica hawaiana, y presentando una tez más oscura, lo que algunos han interpretado a lo largo de la historia como una representación del personaje en su forma afroamericana. Poco después, el corto fue retirado y el personaje volvió a ser blanco, permaneciendo así de ese momento en adelante.

La cultura afroamericana tiene a sus espaldas una larga historia de apropiación cultural, especialmente en Norteamérica, donde el racismo, la opresión racial y la segregación no impedían que el cine y la música robaran constantemente el estilo de los artistas negros, sobre todo en la primera mitad del siglo XX. Por un lado los caricaturizaban de forma ofensiva en películas y cortometrajes animados, y por otro se beneficiaban de sus innovaciones, estilos artísticos y creaciones originales en esas mismas obras. El caso de Betty Boop es uno de los que mejor ejemplifican esta apropiación, y sin embargo, a día de hoy, el público sigue sin conocer la verdad sobre su origen.

Betty Boop se inspiró en una mujer negra a la que nadie recompensó económicamente y que murió en el anonimato, sin llegar a convertirse en una estrella, mientras otros sacaban partido a su arte. El nombre de Esther Jones o Baby Esther no pasó a la historia y ya es hora de que sea reconocido, aunque sea casi un siglo tarde. El suyo es uno de los ejemplos más evidentes de whitewashing -práctica que consiste en blanquear personajes originalmente de color en el cine y otros medios-, un robo a la cultura negra que, por desgracia, sigue ocurriendo en el presente. Betty Boop es un símbolo del jazz, de las chicas flapper y en general de los años 20, una época dorada del arte, la música y el cine en Estados Unidos que no sería la misma de no ser por artistas negras moldeándola en la sombra como Baby Esther.

Más historias que te pueden interesar:

Fuentes: The Cut, PBS, Black History

Imagen de portada: serie animada de Betty Boop (Dominio Público)

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente