Dos orejas de consolación en otra tarde de chubasqueros y paraguas

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Sevilla, 3 may (EFE).- Los diestros Álvaro Lorenzo y Ginés Marín cortaron, gracias a una excesiva generosidad presidencial, sendas orejas de poco peso en la corrida de hoy de la feria de Sevilla, donde la tormenta volvió a azotar la Maestranza en una tarde de toros desrazados y escasa brillantez sobre la arena.

Esos dos trofeos, al igual que el que, en un agravio comparativo, no concedió el presidente a Daniel Luque en el cuarto, fueron una especie de premio de consolación, no tanto para los toreros como para el público que soportó impasible el aguacero sin poco que aplaudir y que los pidió quién sabe si para luego tener algo bueno que contar en la feria...

Porque hasta que salió el cuarto la corrida transcurría entre el tedio provocado por la falta de casta de los "juanpedros" y la excesiva parsimonia y "facilidad" con que actuaron los tres toreros, como si la mansa pero permanente lluvia que cayó desde el inicio de la corrida hubiera atemperado los ánimos de todos.

Pero al salir ese cuarto se aclaró el cielo, se cerraron los paraguas y la terna le puso algo más de fibra a la cosa, tal y como sucedió ya con Daniel Luque ante un toro que se desfondó rápido y con el que el sevillano buscó el lucimiento a través de parones y pases por la espalda, metido entre los pitones de un animal muy apagado.

Solo por eso, aunque la emoción fuera mínima, se le pidió una oreja que el presidente, con buen criterio, no quiso conceder, en una acertada decisión que él mismo acabaría por convertir en injusta dada la ligereza con que asomó el pañuelo a la muerte de los dos toros restantes.

Porque tampoco Álvaro Lorenzo mereció el trofeo que paseó del quinto, que fue, entre el bajo nivel de bravura de la corrida, el toro de más duración y posibilidades, por su movilidad y prontitud, a pesar de que se partió la vaina del pitón izquierdo al rematar de salida contra un burladero.

El diestro toledano optó por aprovechar la inercia de las embestidas en la primera parte de la faena, limitándose a pasarlas en paralelo y sin mucho gobierno, solo que por eso mismo el toro se creció y fue por delante del matador, que pocas veces acertó a ser él quien pusiera el ritmo de unos pases casi siempre tropezados.

También se movió mucho el sexto, con el mismo hierro de Parladé, aunque en este caso más por bravuconería -la aparente violencia del manso- que por verdadera bravura, pues siempre amagó con salirse rajado en busca de la puerta de toriles.

Ginés Marín se afirmó de plantas e intentó siempre atemperar esas oleadas sin clase, sacando la muleta por debajo de la pala de los pitones para evitar los enganchones en un largo empeño de desiguales resultados y en el que solo la voluntad pudo justificar la concesión de esa otra oreja de poca trascendencia.

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FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Juan Pedro Domecq, cuatro y quinto con el hierro de Paladé, de muy buena presentación, con volumen pero de buenas hechuras, y de juego descastado y a menos, salvo los dos de Parladé, que, aunque sin clase y con aspereza, al menos tuvieron movilidad.

Daniel Luque, de blanco y oro: estocada delantera (ovación); estocada (ovación tras petición de oreja).

Álvaro Lorenzo, de pizarra y oro: pinchazo hondo y descabello (silencio tras aviso); estocada honda contraria (oreja).

Ginés Marín, de nazareno y oro: dos pinchazos y estocada desprendida (silencio); estocada delantera desprendida (oreja).

Noveno festejo de abono de la feria de Abril, con más de medio aforo cubierto (unos 6.000 espectadores), en tarde de tormenta y con lluvia constante durante la lidia de los tres primeros toros.

Paco Aguado

(c) Agencia EFE

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