Opinión: La petición de una mujer católica para que las jóvenes dejen de llevar leggings es desacertada

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Una madre católica ha escrito una apasionada carta dirigida a un periódico estudiantil sobre lo que considera el tema más apremiante para las jóvenes modernas: los leggings.

En la carta que Maryann White le escribió a The Observer, el periódico impreso y online dirigido por los estudiantes de Notre Dame y Saint Mary’s College, expone su desacuerdo con las jóvenes y sus modas inspiradas en el deporte.

“No quiero insultar a nadie ni infringir sus derechos”, escribió White. “Solo soy una madre católica de cuatro chicos con un problema que solo las jóvenes pueden resolver: los leggings”.

Como madre, White dijo que se había cansado de que las jóvenes tentaran a sus hijos con sus “leggings ajustados” que “exponen voluntariamente sus partes más íntimas”.

Para White, todo comenzó el otoño pasado, cuando ella y sus hijos se sentaron detrás de un grupo de jóvenes que llevaban leggings que “parecían pintados en sus cuerpos” y “tops cortos”.

Tras reflexionar sobre el incidente, White dijo que sentía que los leggings son solo otra forma de cosificar a las mujeres.

“En un mundo donde se sigue representando a las mujeres como ‘muñecas’ en las películas, videojuegos y vídeos musicales, las madres católicas nos enfrentamos a la ardua tarea de enseñarles a nuestros hijos que las mujeres también son hijas y hermanas de alguien”, explicó sobre su difícil tarea de criar a hombres sensibles. “A las mujeres se les debe considerar como personas, y todas las personas merecen ser tratadas con respeto”.

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White dijo que se sentía “avergonzada” por las jóvenes en misa.

“Pensé en todos los otros hombres que se encontraban a nuestro alrededor y detrás de nosotros, que no podían evitar ver sus traseros. Mis hijos saben que no deben mirar el cuerpo femenino y no miraron fijamente, ni hicieron comentarios después. Sin embargo, era imposible no ver esos enormes traseros desnudos”, escribió. “No querías verlos, pero era inevitable. Para los jóvenes era más difícil ignorarlos”.

A pesar de la moda, a White no le convence el argumento de que las mujeres lleven leggings por comodidad, y considera que no deben usarse en público por respeto a los demás y a las madres católicas que quieren “proteger” a sus hijos de las mujeres que los llevan.

“Los leggings son muy ajustados, exponen el cuerpo y te desnudan”, dijo. “¿La próxima vez que vayas de compras, podrías pensar en las madres de los chicos y decantarte por unos vaqueros?”.

Allá vamos.

No está bien censurar la ropa de las mujeres o sugerir que la forma en que se viste una joven invita o atrae la atención masculina. No importa si la mujer lleva leggings, vaqueros, pantalones cortos o una minifalda, el hombre es 100% responsable de su comportamiento. Si no te gustan los leggings, no los uses. Así de simple.

Seré amable con White al decir que su carta tiene “buenas intenciones”, aunque la lente a través de la cual expresa sus sentimientos es defectuosa y, definitivamente, anti-feminista. Sin embargo, lo que más me molesta es la perpetuación de la idea de que la fe de una persona de alguna manera le prohíbe ser feminista.

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Al identificarse como una “madre católica” en su carta, White se hace un flaco favor a sí misma y a su comunidad religiosa. La superioridad moral que White infiere de su rechazo por los leggings demuestra las trampas de su fe y sugiere que su disposición a aceptar el derecho de las mujeres a llevar lo que quieran solo llega hasta el banco de enfrente de la iglesia el domingo por la mañana.

Incluso la Biblia afirma que no es responsabilidad de una persona complacer a sus semejantes.

“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. (Gálatas 1:10)

También hay múltiples referencias a mirar más allá de la apariencia de una persona, aunque no se mencionan los leggings por razones obvias, como en 1 Samuel 16: 7, “Pero el Señor dijo a Samuel: “No mires su apariencia ni la altura de su estatura, porque lo he desechado. Porque Dios no ve como el hombre ve: el hombre mira la apariencia exterior, pero Dios mira el corazón”.

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La carta de White solo es la opinión de una mujer sobre la moda de otra generación, pero plantea un tema importante que plaga la conversación sobre religión e igualdad.

No soy experta ni especialista en el tema, pero creo que es posible que las personas sean fieles servidores de la religión que elijan a la vez que aceptan los derechos y las elecciones de otras personas. Adentrarse en la vida religiosa no es fácil, pero tampoco lo es ser feminista. Con frecuencia llegan momentos de reflexión sobre la encrucijada, el privilegio y las oportunidades educativas.

Ahora White tiene la oportunidad de cambiar, rectificar la facilidad con la que juzga a los demás y hacer una búsqueda profunda en su alma en la que su ego y prejuicios se han tomado libertades con su identidad como católica.

Trabaja en ti mismo y en lo que crees. El resto de nosotros llevaremos leggings con gusto y estaremos muy cómodos.

Elizabeth Di Filippo