Opinión: 'La vida es poco más', por Jacobo Bergareche

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Photo credit: John Springer Collection - Getty Images
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Bautizar a un hijo sensatamente comporta pocos riesgos. Uno le pone a su hija de nombre Lucía y sabe que da igual que Lucía tenga ojos negros o azules, sea abogada o jardinera, no hay nada en el nombre que obligue a Lucía a ser de una determinada manera. Bautizar a una columna en una revista, sin embargo, se me hace más complicado, el nombre ha de contener una promesa de algo. En esta que hoy comienzo yo quisiera hacer una pequeña promesa de alegría, casi como quien nombra un bar o una finca de recreo.

He pasado un rato pensando en frases con las que se atrapan momentos de felicidad antes de que se evaporen o con las que se describe la buena vida. Me entusiasma la de un amigo de Bilbao, cuando se encuentra en la gloria –normalmente el resultado de anular un saludable esfuerzo deportivo en la mañana con un prolongado exceso gastronómico a mediodía–, suele elevar su copa para proclamar «qué bien tienen que estar los que estén mejor que nosotros». Elegante manera de identificar ese momento en que uno siente la certeza de que difícilmente podría estar mejor. Pero la frase es demasiado larga para un título y tiene quizás un punto frívolo que no conviene.

Los alemanes tienen una curiosa expresión para hablar de alguien que está viviendo bien: «Leben wie Gott in Frankreich» (vive como Dios en Francia). Se ve que a los alemanes de antaño les debió de parecer que el Todopoderoso, puesto a darse la buena vida, elegiría aquel país vecino en que se satisfacían placeres que ellos no eran capaces de imaginar. Como Dios en Francia sería un buen nombre de columna, pero una vez más se me escora demasiado hacia la glorificación del hedonismo.

Mi amigo Juan tiene una frase que suele proferir ante esos pequeños placeres de la vida que están al alcance de casi todos en cualquier momento: el primer sorbo de una cerveza fría, el inicio de una partida de mus, un paseo al atardecer cuando unas nubes inofensivas reflejan la luz anaranjada del sol, ese momento en la cama en que descubres que un libro ha logrado engancharte. Juan certifica estas alegrías tan asequibles, que son las que nos hacen la vida habitable, con la frase «la vida es poco más». Yo se la tomo prestada para bautizar esta página.