Omar Montes: "Quería hacer mi 'Lágrimas negras', no solo petarlo"

Javier Herrero

Madrid, 24 nov (EFE).- Omar Montes, el exconcursante de "reality" que empezó a conquistar números 1 con temas de reguetón y trap que hacía "en dos horas", presenta este viernes su "obra maestra" fruto de dos años de trabajo: un disco en el que gira 180 grados su estilo para modernizar el flamenco y, como dice a EFE, "reivindicarse".

"No quiero sonar pretencioso, pero quería que fuese una música que se tenga que estudiar el día de mañana; quería hacer mi 'Lágrimas negras', no solo petarlo", ha explicado el artista superventas a la prensa sobre sus ambiciones con "Quejíos de un maleante" (Sony Music).

A diferencia de aquel disco emblemático multipremiado, Montes (Sevilla, 1988) no ha contado aquí ni con Bebo Valdés ni con Diego El Cigala, pero el peso de las colaboraciones seduce sin siquiera entrar aún en el fondo con algunos de los grandes del flamenco actual, entre ellos, Tomatito, Duquende, Israel Fernández, Capullo de Jerez, Estrella Morente o La Tana.

"Todos tenían buena predisposición porque me conocen y, aparte de que entre gitanos nos entendemos, ellos ven si está el talento o no. Y Estrella Morente no se montaría en una canción ridícula. Los he convencido con la música", afirma orgulloso en privado.

Su propósito era echar mano de un arte que ha escuchado desde pequeño cuando su abuelo le ponía cintas de Camarón de la Isla en el coche, "desde lo más hondo" como las complejas bulerías de Jerez, y "adornarlo con lo más moderno para darle otra visibilidad", como el reguetón, el trap con sus "drops" electrónicos y su evolución posterior, el "drill".

No ha sido fácil. Hasta se compró un colchón para dormir en el estudio que tiene en medio de la montaña y poder darle aún más vueltas a cada tema, en los que como novedad en su trayectoria se reduce drásticamente el uso de correctores de la melodía. "El autotune no entiende de quejío flamenco", aduce.

Sus letras, algunas muy personales y biográficas, descubren anécdotas como que realmente posee una armadura de oro por su fanatismo por la serie manga "Los caballeros del zodiaco" ("Armadura de Cartier") o que una vez hizo un "catfish" o suplantación de personalidad que se le volvió en contra ("Siempre fui él", donde la réplica se la da Malú, otra de las sorpresas).

En cortes como "Placa alemana", Montes revitaliza asimismo la épica del cine quinqui y aborda temáticas clásicas como los robos. "Pero esto no es apología de la delincuencia. Mario Casas, cuando hace una película de que pasa paquete, no hace apología de la venta de drogas. Es una historia. Esto es lo mismo", defiende.

"ME HARÍA ILUSIÓN GANAR UN GRAMMY".

De alguna manera, "Quejíos de un maleante" es lo que "El madrileño" de C. Tangana (que también participa en este disco) era en su rehabilitación y reacondicionamiento de formas y motivos musicales españoles en desuso, aquí con la mirada puesta en la periferia de su madrileño barrio de Pan Bendito y Los Chunguitos.

"Compararme con Tangana igual no, pero con Los Chunguitos...", concede Montes, que reconoce que "este disco es un riesgo al cien por cien" por el cambio de rumbo (temporal) que ha dado a su carrera, pero convencido de que será el que consiga "reivindicarle" frente a quienes aún hoy le miran por encima del hombro.

"Puedo haber sido número 1, pero la gente aún dice: 'Ha llegado porque es muy majo'. Los discos de platino no te los ganas por la cara, pero salí en 'realities' de televisión y me he expuesto mucho, porque hablo igual de cosas turbias, que no me callo nada, y por eso hay quien me quiere mucho y otra gente que no", reflexiona.

Así, no le duelen prendas confesar ante los periodistas que hasta ahora hacía música "para ganar dinero, aunque fuese para ir al cine".

¿Por qué renunciar súbitamente a la máquina de hacer caja en la que estaba instalado el autor de "Alocao" junto a Bad Gyal? "Mi abuela tuvo cáncer y pensé: 'Si me faltan ella y mi abuelo, que son mi inspiración, para qué quiero seguir haciendo música. Por si acaso, voy a hacer un disco de respeto", relata.

Sus voces aparecen de hecho en la "Intro" del álbum y, a través de ellos, medio barrio ha escuchado ya el álbum. "Están como locos. Allí ya sé que ha gustado, ahora solo falta ver qué pasa a nivel mundial", apunta Montes, que confiesa uno de los sueños que tiene en mente: "Me haría mucha ilusión ganar un Grammy y ponérselo a mi abuela en la cocina".

(c) Agencia EFE