¿Por qué Oliver Stone sigue buscando al asesino de JFK?

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Photo credit: Bettmann
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¿Por qué mataron a Kennedy? Es lo que se pregunta Oliver Stone (Nueva York, 1946), y no quién le mató, para acorralar, sin embargo, al asesino del presidente más querido de EEUU. Lo hace 59 años después del trágico suceso con la obsesión que ha tenido siempre por arrojar luz a los capítulos más oscuros de la política de su país, a través de un análisis abrumador que raya la extenuación sobre la base de más de dos millones de documentos e informes secretos que fueron desclasificados en 2017 por orden del presidente Trump. Si en anteriores trabajos la ficción o la subjetividad empaquetaron sus teorías –JFK: caso abierto (1991) y The Untold History of the United States (2012)–, en el documental JFK: caso revisado (en cines) Stone saca pecho con un arsenal de pruebas demoledoras bajo el brazo, hoy al alcance de cualquiera en los Archivos Nacionales de Maryland.

Photo credit: Jon Elswick
Photo credit: Jon Elswick

A lo largo de dos horas de metraje intenso, el director de Platoon (1986) –una de las mejores películas bélicas de la historia– muestra informes desclasificados, coteja informaciones ahora reveladas con comunicados oficiales del momento, entrevista a historiadores, testigos y patólogos forenses, cuyas declaraciones confronta con las dubitativas respuestas dadas entones; desmonta la “absurda teoría” de la famosa bala mágica; “demuestra” que no se guardó la cadena de custodia de las pruebas y que fueron manipuladas; que la Comisión Warren “fue un teatrillo” y que aquello fue un “golpe de Estado encubierto” y planeado al milímetro. Y todo para estrechar el cerco en torno a Allen Dulles, director de la CIA, el supuesto autor intelectual del magnicidio más famoso del mundo.

Photo credit: Pascal Le Segretain
Photo credit: Pascal Le Segretain

Kennedy, sentenciado por su política exterior aperturista

Pero ¿qué errores cometió John Fitzgerald Kennedy para ganarse ese ejército descomunal de enemigos? El exhaustivo relato filmográfico apunta a su política exterior aperturista y conciliadora. El 35.º presidente de EEUU alzaba la voz por los derechos civiles y en contra de la segregación racial, abogaba por el fin del colonialismo, quería acabar con la guerra de Vietnam, trabajaba para abrir un diálogo con la Cuba de Castro, planeaba una misión espacial conjunta con la URSS... Y a contracorriente y por debajo de la mesa actuaban los sectores más conservadores y rancios de la CIA, el FBI y los servicios de inteligencia –si te gustan las películas de espías, echa un vistazo aquí–, que no solo no le respaldaban, sino que le respondían con descaro ocultándole información, algunas veces inventándosela y la mayoría operando por libre con hechos que demuestra la historia: el desastre de bahía de Cochinos, el asesinato del primer ministro del Congo, Patrice Lumumba, al que Kennedy protegía, o los informes que le pasaron sobre un presunto golpe de Estado en Francia para derrocar a Charles de Gaulle. ¿Qué más que seguir apostando por sus ideales podía hacer un presidente confiado en medio de ese nido de víboras?

La vulnerabilidad de un presidente

Es obvio que ni él ni los suyos calcularon el riesgo, aunque tampoco eran tontos. Sobre el engaño del supuesto golpe contra De Gaulle, Kennedy trasladó al embajador francés unas palabras muy reveladoras para dejar clara su posición y confesar de paso su vulnerabilidad: “Yo no tengo nada que ver con esto. Apoyo totalmente a De Gaulle. Pero tampoco controlo totalmente a mi Gobierno. No controlo a la CIA. No puedo hablar por ellos”.

El presidente que prefería hacer el amor –de este capítulo se puede hablar otro día, porque del estilo atemporal de John F. Kennedy ya lo hicimos – antes que la guerra murió el 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas). La versión oficial asegura que su muerte la causó el impacto de dos balas (más un tercer disparo, fallido): una en el cuello –la famosa bala mágica que hirió, además, al gobernador de Texas, John Connally– y otra, la certera, que le reventó el cráneo, supuestamente disparadas todas desde la retaguardia. Los documentos desclasificados apuntan, sin embargo, a un fuego cruzado desde varios puestos de tiro. ¿Quiénes apretaron esos gatillos?

Photo credit: National Archives - JFK
Photo credit: National Archives - JFK

También se revela que a la tercera fue la vencida, ya que existen pruebas de que hubo dos intentos más para acabar con su vida: el 2 de noviembre en Chicago y el 18 del mismo mes en Tampa (Florida). Unos días después, el 22 noviembre, se alcanzó el objetivo. Ese día fue Lee Harvey Oswald el hombre que cargó con la culpa, pero se aporta información sobre otros dos perfiles similares diseñados a conciencia para correr la misma suerte en caso de haberlo logrado antes.

Oswald, ¿un agente doble incómodo?

¿Y qué se dice de Oswald, el sospechoso de matar al presidente y que casualmente fue asesinado dos días después del trágico suceso por un gánster llamado Jack Ruby, cuando trasladaban al arrestado a declarar en los tribunales? Oliver Stone le dedica un capítulo profuso en datos y conexiones con los servicios de inteligencia y con la CIA, que dibuja el perfil de un agente doble incómodo, peligroso y en el que ya no se podía confiar. A Oswald se le consideraba un comunista de manual que había vivido en Rusia, se había casado con una joven soviética e incluso había intentado renunciar a su nacionalidad estadounidense. Tenía formación militar porque había sido marine y, en lo referido a sus ideales, tampoco escondía su admiración por el régimen cubano de Castro. Sin embargo, fue el encargado de entrenar a un grupo de cubanos exiliados que formaban parte del Directorio Revolucionario Estudiantil, financiado y dirigido por la CIA. Si Oswald era comunista, ¿qué hacía entonces apoyando a la resistencia? Otro dato que llama la atención es el trabajo que Oswald había encontrado hacía pocos meses en Dallas como empleado del almacén en el Texas School Book Depository, el edificio desde donde, según la versión oficial, se dispararon las tres balas contra la limusina de JFK. ¿Le facilitó alguien ese nuevo empleo para ubicarle justo en la escena del crimen?

Photo credit: National Archives - JFK
Photo credit: National Archives - JFK

El informe final aseguró que fue Oswald el que disparó contra el presidente con su fusil Carcano M91/38 de 6,5 milímetros desde el sexto piso de la biblioteca. Dos empleadas dijeron que el sospechoso no estaba allí, sino en la segunda planta. También la filmación de un sastre de Dallas que grababa el desfile presidencial, un hombre llamado Abraham Zapruder, sembró de dudas la versión oficial. Nada de esto se tuvo en cuenta.

Una foto de Oswald con su fusil demuestra que no es el mismo, aunque sí parecido, al que la policía presentó como arma criminal. Médicos y especialistas, después de estudiar los últimos informes desclasificados, aseguran que los retratos post morten de JFK realizados tras la autopsia fueron manipulados. O que los médicos usaron el cerebro de otro fallecido para presentar los partes forenses porque el del presidente estaba destrozado (recuerden a Jackie Kennedy volcada en la parte trasera del Lincoln Continental de 1961, alcanzando con la mano parte de la masa cerebral de su marido). También se habla del tercer casquillo sin señales de impacto que apareció por arte de magia bajo la camilla de JFK para supuestamente certificar esa otra bala fallida. Y se preguntan por qué Kennedy fue trasladado al Hospital Naval de Bethesda, en Maryland, cuando en Washington había especialistas reconocidos.

Photo credit: National Archives - JFK
Photo credit: National Archives - JFK

Es cierto que el documental es una declaración de amor de Oliver Stone a JFK, pero también un trabajo minucioso para dilucidar unos hechos que siguen, aunque cada vez menos, envueltos en sombras. De hecho, aún quedan por desclasificar 200 documentos considerados el quid de la cuestión, pero habrá que esperar. Puede que entonces se haga justicia, aunque ya no quede nadie para saborearla.

* Este artículo aparece publicado en el número de junio de 2022 de la revista Esquire, a la venta desde el 25 de mayo.

Photo credit: Charlie Gray
Photo credit: Charlie Gray



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