Olga Moreno se boicotea a sí misma en la primera gala de 'Supervivientes 2021'

Teresa Aranguez
·5 min de lectura

Casi 11 meses después del cierre de la palapa en unas circunstancias muy tristes, Supervivientes arrancó potente y con un casting de lo más variopinto. El estreno dio para mucho y algunos de sus participantes también, pero la realidad es que todos los ojos estaban puestos en Olga Moreno. El desprestigio de su marido Antonio David con la puesta en marcha de Rocío: contar la verdad para seguir viva y su cese en Telecinco la convertían en la gran protagonista. Tenía dos opciones: o bien darse a conocer por sí misma y alejarse del escándalo, o encasillarse como 'la mujer de'.  

Así de primeras parece que optó por el segundo, porque la defensa a ultranza de los suyos en un discurso muy ordenado a apenas horas de empezar el reality da que pensar si viene bien aleccionada de casa.

Olga, cortesía de Mediaset
Olga, cortesía de Mediaset

Estaría en todo su derecho de hacerlo. Su hogar y su familia, a la que siempre ha defendido con uñas y dientes se está resquebrajando ante el ojo público. El estreno del documental de Rocío Carrasco coincidía con el anuncio del casting de Supervivientes. Mientras la hija de Rocío Jurado hacía un retrato demoledor del padre de sus hijos, Olga se preparaba para la aventura hondureña. Pasó de la ilusión a no querer ir, pues el panorama que dejaba en casa era de todo menos bonito. El video de presentación emitido en el primer programa de SV mostraba a una mujer destrozada y arrepentida de estar allí.

Al escucharla y, sobre todo verla, es inevitable no empatizar con ella. Olga siempre se ha mantenido en un discreto segundo plano mientras su marido hacía de las suyas en los platós de televisión. Su imagen y su comportamiento en intervenciones y entrevistas concedidas en televisión era el de una mujer cándida, serena pero también fuerte. Hay que serlo para estar casi dos décadas lidiando con un panorama nada alentador para Antonio David, siempre en el ojo del huracán. 

Esa era la Olga que, de alguna manera, esperábamos en la isla. La de una mujer dolida por lo sucedido, pero con ganas de emprender esta aventura en primera persona y sin estrategias organizadas desde fuera. Como ha hecho hasta ahora en la vida real, defendiendo su manada pero con prudencia. Queremos conocerla lejos de su papel de 'mujer de' o 'madrastra de'. Nos interesa la Olga independiente y superviviente decidida a darse a conocer sin títulos ni etiquetas. Jorge Javier Vázquez lo explicó muy bien cuando se dirigió a ella en la primera gala. El presentador no ha escondido nunca su apoyo a Rocío Carrasco, así que había mucha expectativa con la interacción entre ambos. "Para mí eres única y exclusivamente concursante de Supervivientes", le dijo con voz conciliadora y dejándole claro que su posición con Antonio David no influiría en su percepción sobre ella.

Unas palabras con las que, de alguna manera, muchos nos sentimos reflejados. No es justo juzgar su paso por la isla por las acciones de su pareja. Sería bueno que las reflexionara y actuara de forma consecuente a partir de ahí. Sin embargo, su entrada y su discurso casi inmediato sobre su familia nada más arrancar no ha dado esa impresión. En un 'de tú a tú' con su compañera Lara Sajen se vació y soltó bomba tras bomba. 

No han hecho falta más galas para que contara, sin venir mucho a cuento, que en su casa suena Rocío Jurado y que su marido la adoraba.

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Esas declaraciones precisamente no encajan con las supuestas amenazas y actitudes que según Rocío Carrasco tenía el exGuardia Civil y el miedo que decía tenerle su madre. Era demasiado pronto y precipitado empezar con un tema tan peliagudo y cuestionado en los medios. Aún así, Olga se despachó a gusto y puntualizó desde el minuto uno cuál es su posición en esta historia. Obviamente, como era de esperar, está del lado de Antonio David, su pareja de casi dos décadas. Hasta ahí comprensible. Lo que no entendimos tanto es que hiciera hincapié en cosas que no venían a cuento y que respondían a temas que se habían planteado estos días en el famoso documental. Demasiada casualidad.

Quizás hubiera sido necesario y más acertado que hubiese esperado un poco más antes de hablar tan alto y claro porque, desde fuera, uno percibe que llega con un discurso estructurado. Tiene todo el derecho a sacar la cara por los suyos y dar a conocer sus vivencias, en parte, para eso ha sido fichada. Pero el cómo lo haga y qué diga definirán rápidamente si lo que cuenta es sincero y nace de forma natural o si hay un libreto perfectamente organizado.

Se nota que no tiene experiencia en televisión, al menos no la de su marido. Y eso le beneficia. Ya sabemos por otros realities que la espontaneidad y naturalidad gustan más que la sobreactuación. Todos esperamos que en algún momento explote y saque todo lo que lleva dentro, nadie la va a juzgar por ello, pero sí por cómo utilice la información y la intención con la que diga las cosas. Todos podemos llegar a entenderla como la mujer que apoya a su marido, pero no como la que ataca a los demás para evadir responsabilidades.

De igual manera, como espectadores no deberíamos juzgarla ni señalarla por lo que habría podido hacer su marido. Y yo creo que el público, por lo general, va a saber discernir y separar quién es ella de quién es él. Olga tiene una baza a su favor, cae bien y, hasta cierto punto, muchos la ven como una víctima más de esta historia. Las supuestas infidelidades de Antonio David hacia ella, su papel de madraza con sus hijos y su absoluta discreción la convierten en un personaje más querido que repudiado. En ella está seguir por esa línea o estropearlo.

El reality apenas ha dado el pistoletazo de salida y no podemos adelantarnos a los acontecimientos. Queda todo el programa por delante para conocerla más y descubrir qué camino decide tomar. A nosotros nos encantaría que fuera el suyo propio, sin influencias externas ni monólogos aprendidos de memoria. Todo depende de ella y de si el público la salva de la primera nominación.

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