Olena Zelenska: “Les daría a las mujeres el título de heroínas”

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Photo credit: LISOWSKI STEFAN
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Hay fechas que todos tenemos grabadas en nuestra memoria. La mayoría, por motivos felices y, desgraciadamente, otras marcadas a fuego por el curso más infame de la historia. El 24 de febrero la palabra Guerra estalló en todos los titulares de la prensa libre del mundo. Mientras, en casa de la familia Zelenski, en Kiev, el sonido de las explosiones supuso un antes y un después. Olena Zelenska (Krivói Rog, Ucrania, 1978), esposa del presidente Volodímir Zelenski, recuerda aquellas primeras horas apelando con humildad a sus compatriotas: «Puedo contar lo mismo que cuentan millones de ucranianos. Toda nuestra familia estaba en casa. Nos despertamos con explosiones a las cuatro de la mañana. Desde esa noche mi marido vive en la calle Bankova, en su oficina. No nos vemos desde entonces, sólo hablamos por teléfono», nos relata en exclusiva la primera dama.

*En este punto aclaramos que, por razones de tiempo y seguridad, esta entrevista la realizamos por mail. Asimismo, las fotos que ilustran esta entrevista están tomadas poco antes de que estallara la guerra. Un conflicto que sigue marcando el latido de la barbarie y el horror para más de 40 millones de personas –entre ellos, nuestras colegas de ELLE Ucrania–.

“La guerra es lo que ocurre cuando fracasa el lenguaje”. Esta cita de Mark Twain cobra especial sentido para esta arquitecta, guionista, escritora y Primera dama de Ucrania, empeñada en seguir defendiendo el valor del diálogo y la verdad como herramientas para alcanzar la paz.

Photo credit: LISOWSKI STEFAN
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Mientras su esposo se enfoca en la defensa militar de su país contra el avance del ejército ruso, ¿qué papel esencial debe jugar usted?

El mismo papel que le asignan a la primera dama de cualquier país, aunque ahora estoy más volcada en proyectos humanitarios. Lo que ha cambiado es que durante la guerra estas tareas se han vuelto aún más relevantes. Gracias a la Cumbre de las Primeras Damas y Caballeros del Mundo, que puse en marcha el año pasado, estamos ayudando activamente a los ucranianos en el extranjero. Con la ayuda de los participantes y sus gobiernos, más activistas y voluntarios, organizamos la evacuación de niños enfermos y huérfanos a lugares seguros en el exterior, niños cuyos tratamientos médicos han sido amenazados por la guerra y que necesitan paz para recuperarse. Hasta la fecha, muchos de esos convoyes han transportado a más de 450 niños ucranianos con cáncer que hoy continúan su tratamiento en clínicas de Europa –incluyendo España–, Estados Unidos y Canadá. Cada vez que un grupo de autobuses acompañados por médicos cruza la frontera polaca sabemos que hemos salvado docenas de vidas más de esta contienda.

Otra gran iniciativa es la evacuación de orfanatos completos e instituciones especializadas donde residen huérfanos con enfermedades complicadas. Por ejemplo, llevamos un grupo de 112 niños al Tirol en Austria y dos grupos a Suiza. Y, aparte, junto con el Instituto del Libro de Ucrania, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Cultura y Política de Información, estamos lanzando un gran proyecto cultural. Hemos encontrado socios para imprimir y distribuir literatura infantil en ucraniano para niños refugiados. Ya se han impreso los primeros libros en Polonia, República Checa, Suecia y Noruega. Espero que pronto en España encontremos colaboradores y amigos para poner el proyecto en marcha en vuestro país.

Asimismo, apoyamos a familias numerosas, a los ancianos que se han quedado y viven en los territorios de la zona de Kiev y en las demás regiones liberadas: con electrodomésticos y sistemas informáticos, alimentación, productos esenciales que espero fervientemente que lleguen a tiempo y a quienes más lo necesitan.

Otra de las necesidades urgentes del conflicto es transmitir información veraz. Algo a lo que usted como comunicadora y guionista ya estaba acostumbrada. Pero ¿cómo ha reconducido ahora esa tarea?

Tratando de transmitir la verdad sobre la guerra en Ucrania a través de discursos, entrevistas y conciertos en Europa. En su momento dudamos mucho sobre si la música era apropiada en estos tiempos. Pero después del primer concierto nos ha quedado claro que sí, que el arte resiste a la destrucción. Además, estos conciertos suman de manera eficaz: los fondos recaudados se destinan a ayuda humanitaria enfocada a orfanatos y hospitales en Ucrania. En estos hace falta de todo, desde medicamentos hasta alimentos.

Usted siempre ha mantenido un perfil bajo en sus apariciones e intervenciones, pero la guerra lo ha trastocado todo y el conflicto ha vuelto a ponerla en el foco público. ¿Cómo gestiona esta situación?

Ya dije una vez que definitivamente no quería tal atención por la tragedia de mi pueblo. Pero no la percibo como atención hacia mi persona. Quiero pensar que es una respuesta hacia Ucrania, así que trato de transmitir todas sus necesidades y todo su dolor.

Su cuenta de Instagram (@olenazelenska_official) es un claro ejemplo de cómo la vida cambia en apenas unos días. Echando la vista atrás, en ella aparecen imágenes muy felices e inspiradoras... Sin embargo, ahora es una poderosa herramienta de concienciación y denuncia. ¿Qué repercusión cree que está obteniendo a través de las redes sociales?

Como he comentado, me gustaría no tener que pagar un precio alto por esta repentina atención. Me encantaría continuar con nuestros proyectos de alimentación saludable infantil o sobre accesibilidad. Pero esta es ahora nuestra realidad. Desde que se inició la guerra, mis redes sociales han aumentado en más de un millón de seguidores. Y no son sólo aquellos que entienden ucraniano, porque la mayoría de mis publicaciones ya las traduzco al inglés. De este modo, es una buena herramienta para transmitir nuestras necesidades a los seguidores de todo el mundo y para difundir la verdad sobre todo lo que está pasando en Ucrania, donde Rusia ha desatado una ofensiva agresiva y criminal, una guerra que no tiene piedad con los civiles. Empecé a enfatizarlo desde los primeros días, cuando quedó claro que Rusia mentía y que iba a seguir haciéndolo, ya que ataca deliberadamente a civiles y lo niega. Por lo tanto, mi misión es decir la verdad para que se escuche en todo el mundo.

Photo credit: LISOWSKI STEFAN
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Otra cosa que llama la atención de sus mensajes es la visibilidad que da a mujeres combatientes, voluntarias, artistas o escritoras, listas para luchar en la guerra, demostrando que son igual de capaces que los hombres de defender su país. ¿Cuál es el papel más importante que juegan ellas en este momento?

El fenómeno de las ucranianas es que están en todos los ámbitos, no sólo en el ejército –aunque tenemos defensoras empuñando las armas–. Nuestro país es muy femenino: las mujeres predominan en muchas áreas, desde la medicina y la educación hasta los servicios públicos.

Por desgracia, el rostro de nuestra emigración también es de mujer. Y, aunque estoy a favor de la igualdad de género, oportunidades y salarios entre ambos sexos, admito que por ahora está bien que no todas las ciudadanas vayan al frente, porque ¿quién llevaría a niños y ancianos a un lugar seguro? Por lo tanto, entre sus papeles principales ahora no sólo están la protección y la seguridad, sino también el rescate.

Conocerá de primera mano muchas historias de mujeres…

Conozco infinitas historias de ucranianas que han rescatado a niños –propios y extraños–, padres, vecinos en coches acribillados, incluso mientras eran atacados... Y sin desmerecer a los hombres, sinceramente, en esta guerra les daría a las mujeres el título de heroínas. Porque lo que hacen ellas son auténticas misiones de rescate.

En el otro extremo, también resulta desolador ver cómo muchas de sus compatriotas han sido torturadas, violadas o asesinadas... ¿Cómo las defendemos en la guerra?

Me cuesta decir lo siguiente, pero en la guerra nadie puede sentirse seguro. Ni mujeres, ni niños, ni ancianos. El enemigo no respeta ningún código de honor. Como hemos visto en las tragedias de Mariúpol y en Bucha, los bombardeos de Járkiv, Chernihiv y Odessa, los civiles están siendo asesinados y torturados de forma artera y deliberada. Y estos cientos de casos de tortura y decenas de casos de violación de mujeres y niños son sólo algunos de los que conocemos. Este es el destino aterrador de los que han permanecido bajo la ocupación. Y los rusos están matando no sólo en las ciudades ocupadas, sino a cualquier objetivo que alcancen con sus misiles.

¿Han oído hablar de la tragedia en Odessa? Allí murieron tres generaciones de mujeres de la misma familia. La más pequeña, una bebé de tres meses y, junto con la niña, su madre y su abuela. ¿Conocen el bombardeo de la estación de trenes en Kramatorsk? Más de 50 personas murieron allí, entre ellos cuatro niños, esperando su turno para ser evacuados... O la historia del anciano que fue prisionero de Auschwitz y que ha resultado muerto por el bombardeo en Járkiv. Sobrevivió a los invasores alemanes en la Segunda Guerra Mundial, pero no a los rusos. Del mismo modo, decenas de coches marcados claramente con el distintivo “Niños” han sido atacados por los rusos en las carreteras de todas las regiones. Familias enteras han sido asesinadas en sus vehículos. ¿qué puedo decir sobre cómo proteger a nuestra gente? ¡Lo único que hace nuestro ejército es tratar de detener a Rusia! Por eso estamos pidiendo al mundo ayuda para poner fin a esta barbarie.

Usted siempre ha sido una defensora del soft powery de la diplomacia cultural. Especialmente ahora, ¿cree que parte de su responsabilidad es no llegar a olvidarnos de las herramientas de diálogo?

Lo creo y abogo por ello. Un ejemplo de soft power es la Cumbre de las Primeras Damas y Caballeros, fundada en Kiev el año pasado cuando la ciudad aún estaba en paz. Esta asociación está respondiendo de manera muy necesaria, mis colegas nos apoyan con información, se ocupan de los refugiados y su integración. En tiempos de guerra, no sólo se habla de armas sino de sentido común y empatía. Y ese es el espíritu del soft power.

En cuanto a la diplomacia cultural, también trato de coordinar los esfuerzos de muchas de nuestras embajadas, que organizan conciertos en apoyo a Ucrania. Cada entrada equivale a una comida para varios bebés o medicamentos u otra ayuda vital para los ucranianos. Sin mencionar que el arte, la música, la cultura en sí misma también es una batalla, donde la armonía y la belleza superan al caos y la destrucción.

Hace unas semanas aproveché la oportunidad para hacer un discurso en la inauguración del Pabellón de Ucrania en la Bienal de Venecia: cada uno de nuestros expositores transportaba consigo cenizas de esta guerra y cada artista que participaba por nuestro país había sufrido algún ataque hacía él o su familia. Incluso en una ciudad tan idílica como Venecia hemos podido testificar sobre la guerra en Ucrania, acerca de los museos y bibliotecas que están siendo destruidos por los rusos. Así que la diplomacia cultural sigue funcionando.

Mi colega, la directora de ELLE Ucrania, Sonia Zabouga, ha estado participando en charlas digitales para informar a la gente de su país y concienciar al resto del mundo. ¿Cuán importante ha sido y sigue siendo el papel de la prensa en estos terribles días?

Hace poco hice una publicación reflexionando sobre los periodistas asesinados: hay más de 23 [datos a 1 de mayo]. En ella no sólo quería honrar el valor de los ucranianos, también el de otros informadores, como Max Levin, que fue a fotografiar la intrusión de los rusos a su pueblo natal y lo mataron; o Victor Dedov, operador de Mariúpol TV y un verdadero cronista de esta ciudad, cuyas imágenes reflejaban una Mariúpol pacífica, todavía intacta. Victor murió bajo los escombros de su propio apartamento... También quería resaltar el trabajo de periodistas extranjeros heroicos, como el estadounidense Brent Reno, asesinado en Irpin.

En esta guerra, la verdad es un arma especialmente peligrosa para el enemigo. Hoy el papel de los periodistas honestos es más importante que nunca. Y sufren el mismo peligro que los soldados. Pero no olvidemos que hoy en día todos nosotros somos periodistas. Todos tenemos acceso a las redes sociales, todos podemos dar testimonio de lo que vemos, recopilar y publicar historias que están pasando a nuestro alrededor. Lo principal es transmitir la verdad y sólo la verdad.

Hay un dicho que asegura que la historia siempre la cuentan los ganadores... Pero mientras el conflicto perdura, el mundo entero lo está contando. ¿Cuál es la mentira más grande que le gustaría desmontar?

Hay tantas de Rusia que la lista sería larguísima, pero no la quiero enumerar porque cada repetición de una mentira la intensifica. Simplemente me gustaría refutar la principal distorsión de Rusia, que intenta convencer al mundo de que atacar a otro país es lo correcto, que la invasión se puede justificar de alguna manera. Mucha gente está expuesta a esa especie de lógica irracional. «Nada es tan obvio», dicen. Para mí esta frase es la señal de que se está contagiado con el virus ruso. Pongamos otro ejemplo: si alguien viera a un criminal apuñalar a otra persona en un callejón, nunca diría «¡nada es tan obvio!». Alguien sensato comprendería que lo que está mal es el ataque e intentaría defender a la víctima. Entonces, ¿qué hay de ambiguo en la situación de Ucrania?

Photo credit: LISOWSKI STEFAN
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¿Y hay algo que a usted le haya sorprendido especialmente, lo más inimaginable?

Me parece que todos los ucranianos estamos igual de conmocionados por la guerra. Siempre hemos sido gente pacífica. Nadie podría haber imaginado que nos veríamos obligados a dormir en refugios antibombas, a salvar a nuestros hijos o a enterrar a nuestros seres queridos. Este shock inicial sigue creciendo con cada día que pasa. Pero la verdad está con nosotros y creemos que el bien siempre triunfará ante el mal.

¿Cómo viven esta situación sus hijos? ¿Cómo les explica usted a ellos lo que está sucediendo?

A menudo respondo a esta pregunta y, créanme, no escondo ningún secreto pedagógico. Hablo con mis hijos sobre todo lo que les preocupa como lo hago con los adultos. Así era antes de la guerra y así continuará siéndolo cuando termine.

Cito unas recientes palabras suyas: «Para aguantar, sólo debes seguir adelante y hacer lo que debes hacer». Apelar a esa resiliencia es también un acto de valentía.

Valentía no significa no tener miedo. Porque el ser humano no es un robot. Valentía es continuar con tu trabajo. Para unos es luchar, para otros salvar y para otros proveer de alimentos. Los ingenieros, los ferroviarios, los empleados de servicios comunales... están trabajando duro para que todos los sistemas de la ciudad y del país funcionen. Los trabajadores del zoo tienen que cuidar a los animales. ¿Sabían que dos empleados del zoo de Járkiv, una ciudad constantemente atacada, murieron intentando dar comida a los animales? Eso es verdadera valentía y heroísmo. Pero este no es un acto individual y pasajero, es una hazaña en la rutina diaria del trabajo de todos para todos.

¿Hay algún mensaje que le gustaría hacer llegar al mundo desde las páginas de ELLE?

Sí, que esta no es una guerra sólo de Ucrania. Que ya ha llegado a Europa. Estamos muy agradecidos por la dedicación de los europeos, que están ayudando a nuestra gente, gente obligada a abandonar sus hogares. Pero todo nuestro país no puede mudarse a un lugar seguro, porque el enemigo seguirá adelante y no se detendrá en nuestras vidas rotas. En un mundo globalizado, las guerras también son globales. Así que le pido a ese mundo que no trate esta contienda como si tuviera lugar detrás del muro de su vecino. No hay paredes en el mapa. Y si las hay, los misiles las atraviesan fácilmente. Por favor, quédense con nosotros, esta es una lucha común.

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