La odisea tras el éxito de Melyssa Pinto

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Melyssa Pinto es uno de los rostros televisivos de moda. Tras meterse al público en el bolsillo en la segunda edición de La isla de las tentaciones, la joven ha dado una lección de supervivencia, pero emocional, en Supervivientes 2021. Y si bien le flaquearon las fuerzas al comienzo de la aventura, la de Gerona permaneció en Honduras 106 días superándose a sí misma con su fortaleza mental. Tanto es así que se proclamó líder en varias ocasiones y rozó con los dedos el premio económico del concurso que finalmente recayó en Olga Moreno.

Sin embargo, la joven mantiene las luchas personales que ya había confesado en el concurso, tal y como acaba de revelar a la revista Lecturas, dando a conocer que todavía "no está curada al cien por cien de la anorexia". No obstante, Melyssa se enfrenta a la enfermedad desde el lado de la valentía, sirviendo de inspiración para muchas personas.

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La expareja de Tom Brusse ha estado a punto de ganar Supervivientes 2021 y, aunque no ha sido posible, se ha convertido en una de las figuras más queridas del programa. Si bien Melyssa tiene muchos seguidores (acumula más de 1,2 millones en Instagram) y una vida televisiva prácticamente resuelta si así lo desea, alberga dentro suyo una situación muy personal. Y es que la joven, que ya había revelado en el concurso de supervivencia que sufrió trastornos de la alimentación, acaba de confesar que no está cien por cien curada de la enfermedad. Y pese a que la odisea tras el éxito mediático parece evidente, cabe subrayar que la protagonista sigue intentando salir de ese pozo con esperanza.

Si bien la catalana ya había abordado otros problemas de salud en su canal de Mtmad, donde confesó que nació con una dificultad en el riñón que requirió hospitalización, Supervivientes ha sido el formato en el que reveló abiertamente sus problemas con la alimentación. Durante el puente de las emociones relató su historia, pero no para generar un contenido extra al programa, sino con la intención de que quienes están en su misma situación vean que hay salida.

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En pleno directo, Melyssa no solo pidió perdón a sus padres y a su hermana por el daño que les ha podido causar sino que además emprendió un camino valiente, mostrándose más empoderada que nunca en la pantalla. La concursante comentó que a los 14 años empezó a tener problemas de alimentación, narrando que en plena adolescencia se obsesionó con el físico hasta que acabó enferma. Además, se desahogó sobre su problema de celos, argumentando que son derivados de la falta de autoestima que ha marcado su vida.

Lo más destacado de que Melyssa expusiera su vulnerabilidad con valentía es el hecho de que tras contar su verdad ha continuado su propósito de concienciar. Sin ir más lejos, ya en Supervivientes 2021, la catalana recalcó que había compartido su testimonio con la misión de ayudar a quienes tienen un problema de este tipo, subrayando que cualquier enfermedad se puede superar y es que muy importante ponerse en manos de profesionales.

Pues bien, después de desnudar su alma con el público, agradeciendo a Supervivientes lo mucho que le ha ayudado a empoderarse, en la mencionada entrevista a Lecturas ha añadido que en realidad todavía no está 100% recuperada de estos problemas alimenticios que comenzaron en la adolescencia. De hecho, ha dado detalles de que primero le diagnosticaron bulimia y luego anorexia.

Tras comentar que su confesión en Honduras “quería que llegara sobre todo a la gente joven que tiene este problema que se ve en el mundo de la pasarela, de la moda y el estereotipo que hay de la mujer perfecta...”, la tercera finalista de Supervivientes 2021 ha sentenciado que “este problema se tiene toda la vida, hay que aprender a sobrellevarlo”.

“Antes, si no me veía bien, no comía. Ahora, si no me veo bien, como un poco mejor, pero como, y no me privo de las cosas que quiero comer. Eso significa que hay una evolución, ha explicado orgullosa por sus avances, antes de desvelar que le diagnosticaron primero bulimia y luego anorexia cuando estaba en el instituto.

“Llegué a pesar 45 o 44 kilos, tenía 15 o 16 años”, ha explicado recalcando que se puso en manos de un psiquiatra de Barcelona que le dio la clave psicológica de su problema: la falta de autoestima.

Si bien en la revista Melyssa reconoce que no está del todo recuperada, de sus palabras se extrae su particular viaje de valentía, dado que ahora vive su recuperación frente al escrutinio del público y sobre todo como influencer de las redes sociales exponiendo su belleza y cuerpo a diario. Claro que al compartir su historia con tanta honestidad también se expone a la terrible plaga de los haters (que Rocío Flores está destapando últimamente a diario en sus stories e incluso Violeta Mangriñan, quien reveló públicamente el mismo problema en 2020, también suele mostrar las bestialidades que le envían), sin embargo lo más importante es que la catalana da visibilidad a una realidad que puede ayudar a muchas jóvenes a no sentirse solas y lo hace con la valentía de hacerlo a través de la exposición mediática, empoderándose así por partida doble.

Al compartir su desorden y realidad con la naturalidad de quien conoce la experiencia, Melyssa se expone a vivir su problema frente al ojo crítico de las redes sociales. Y, hoy en día, eso es de valientes.

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