Ocupación de casas, abusos e incendios: la verdadera historia de 'La casa de la pradera' no era tan idílica

Si volvemos la vista hacia las series que marcaron la infancia de las generaciones televisivas entre los 70 y 90, encontramos un denominador común: La casa de la pradera’, o La familia Ingalls en Hispanoamérica. ¡Cuántas horas de lágrimas y dramas familiares nos regaló esta serie!

Pero como dice el refrán, “no todo lo que brilla es oro”, porque la realidad que escondía la historia en que se basaba la serie era mucho más cruel y trágica de lo que jamás hubieses imaginado. La casa de la pradera contó con nueve temporadas grabadas entre 1974 y 1983, conformando un total de 208 episodios, pero la versión amable que ofrecía de la sociedad de colonos que a comienzos de los años setenta tanto interesó al productor Ed Friendly -que buscaba una historia con el tirón suficiente para sustituir a Bonanza- no era ni mucho menos fidedigna.

(Portada de las memorias de Laura Ingalls/©NBC)

La casa de la pradera narraba las andanzas de la familia Ingalls, un grupo de colonos que buscaban encontrar su lugar en el mundo, y estaba basada en los recuerdos infantiles de la escritora Laura Ingalls Wilder, la hija menor del matrimonio protagonista en la ficción que fue interpretada por Melissa Gilbert. Su saga literaria está compuesta por nueve novelas que relatan su infancia, adolescencia y primeros años de vida adulta entre 1870 y 1894.

La producción se puso en marcha tras la exitosa película del mismo nombre estrenada en 1973. Sin embargo, como era una adaptación libre de los relatos originales, omitió en gran medida la cruda realidad a la que tuvo que enfrentarse la hija pequeña de esta familia ubicada en la frontera americana en el siglo XIX y que tanto nos enganchaba ya desde la cabecera.

Unos hechos escabrosos que pasaron desapercibidos hasta 2014 cuando se publicó la autobiografía que Laura Ingalls escribió en los años treinta, Pioneer Girl: The Annontated Autobiography, y que vio la luz 57 años después de la muerte de la autora fallecida a los 90 años, quien apenas pudo estudiar por la cambiante vida de sus progenitores. En este libro, la autora describía detalles que había omitido en las novelas porque de haberlos incluido no hubieran sido libros infantiles.

Fue precisamente Rose Wilder Lane, la hija de la protagonista nacida en 1867, quien animó a la biógrafa de Laura Ingalls, y editora de la publicación, a compartir con el mundo estas memorias. Así, a través de su testimonio podemos corroborar que la serie no nos mostró los verdaderos traumas infantiles de la escritora, quien no lo tuvo especialmente fácil para salir adelante en su periplo por los estados de Wisconsin, Kansas, Minnesota y Dakota.

Entre las cruentas anécdotas que no se mencionan en el drama televisivo de NBC destaca que Laura Ingalls fue víctima de abuso sexual por parte del marido de una mujer enferma a la que cuidaba, que llegó a casa en estado de embriaguez e intentó violar a la joven. La serie tampoco abordó en su día otra anotación que no sólo concernía a la autora sino también a sus cuatro hermanos (Mary, Freddie, Carrie y Grace) y a sus padres (Caroline y Charles). Y es que la familia protagonista ocupaba viviendas y no pagaba el alquiler. Esta faceta de okupas encontraba a su representante en el padre de familia que en la producción de NBC fue interpretado por Michael Landon.

Sirva de ejemplo la declaración de John E. Miller quien, en su biografía sobre la autora de las novelas originales Becoming Laura Ingalls Wilder, afirmaba que el modélico padre de familia fue bastante más canalla de lo que la ficción se atrevió a reflejar.

“En esa época la vida era dura. La violencia era algo frecuente. Era parte de la vida de los pioneros. Nada de una bonita cabaña en mitad del campo: la familia Ingalls nunca tuvo un hogar en su propiedad, y se veían obligados a mudarse continuamente de un apartamento a otro, a veces en mitad de la noche, cuando no podían pagar el alquiler. Eran unos okupas avant la lettre”, declaró a AFP (como recogió El Confidencial) Nancy Tystad Koupal, directora de la editorial South Dakota State Historical que publicó las memorias de Laura Ingalls.

Melissa Gilbert en La casa de la pradera (©NBC)

En otro fragmento del libro la autora también aborda cómo uno de sus vecinos roció con keroseno su dormitorio para después prenderle fuego y arrastrar a su mujer de los pelos por la estancia hasta la pira. Todo esto mientras le chillaba. El revuelo causado por el hombre se zanjó cuando fue detenido por el padre de la protagonista, Charles Ingalls.

La clásica serie western también omitió otro acontecimiento cuanto menos impactante ya que la familia Ingalls abandonó la pradera por culpa de una plaga de langosta, y no por un malvado terrateniente como se cuenta en la serie original. Aunque claro, tampoco es culpa de la serie. Después de todo, la versión televisiva estaba basada en las novelas infantiles escritas por Laura Ingalls, en donde ella misma omitió contarnos “la verdad” de su infancia. Sin dudas, para crear una saga literaria infantil y una serie familiar en los 70, la versión idílica era la más adecuada, aunque muy alejada de la realidad de los tiempos.

Me quedo también con otra revelación que es para no pestañear un bueno rato. Y es que Laura y su hermana Mary se divertían descuartizando a los cerdos que criaban y acababan jugado al fútbol con sus vejigas. En este punto cabe recordar que la actriz Alison Argrim, reconocida por su papel de Nellie Olleson, publicó en 2010 el libro Confesiones de una zorra de la pradera en donde destapaba las relaciones tortuosas entre el reparto, mencionando especialmente las disputas entre Melissa Gilbert y Melissa Sue Anderson que encarnaron a las citadas Laura y Mary. Así, en una aparición en The Strategy Room de FoxNews aseguró que “Melissa Gilbert y yo éramos como hermanas, sin embargo Melissa Sue estaba endiosada".

Gracias a Pioneer Girl: The Annontated Autobiography se pusieron de manifiesto no sólo un sinfín de circunstancias que, sin duda, marcaron la vida de Laura Ingalls, sino que quedó patente que a veces las producciones que deben la inspiración a hechos reales no son tan fieles como parecen. Desde luego, en este caso la existencia de la familia protagonista fue mucho más difícil de lo que décadas atrás pudo parecer en la pequeña pantalla.

Quién sabe si, en plena ola de nostalgia televisiva, esto podría dar pie a una revisión (más allá de la lanzada en 2005 en forma de remake y de la película televisiva programada de Paramount Pictures) con nuevo reparto para narrar aquellos sucesos que posiblemente hoy en día tendrían una mayor trascendencia.

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