La obstinación de Stephen King desemboca en una de sus peores series

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Los amantes del género de terror debemos reconocer que Stephen King siempre ha sido muy generoso con sus historias. Desde que Carrie abriera la puerta a las adaptaciones de sus obras hace 45 años, hemos sido testigos de infinidad de series, películas y cortos adaptados a través de la visión de cientos de directores y guionistas. Pero esa generosidad tenía excepción: La historia de Lisey, una de las novelas favoritas del autor que no podía imaginar en manos de otro guionista.

Su pasión por esta novela, una de las más personales de su carrera, lo llevó a empecinarse en ser él mismo quien la adaptara en forma de serie para Apple TV+. Pero esa misma pasión y empecinamiento han dado como resultado una ceguera artística que desemboca en una de sus peores series hasta la fecha.

La historia de Lisey (cortesía de Apple Tv+)
La historia de Lisey (cortesía de Apple Tv+)

Los dos primeros episodios de La historia de Lisey aterrizaron en la plataforma de Apple TV+ el pasado viernes, presentándonos una serie compleja con un trasfondo interesante, pero con tantas referencias dramáticas en forma de metáforas disfrazadas que consigue convertirse en uno de los somníferos más efectivos de la pequeña pantalla.

La serie parte de la novela publicada en 2006 que cuenta la historia de Lisey Landon (interpretada por una actriz aclamada como Julianne Moore), la viuda de un escritor de éxito llamado Scott Landon (Clive Owen) que comienza una especie de búsqueda del tesoro siguiendo las pistas que su marido le deja antes de morir. Un hombre con cierto halo oscuro y traumas de la infancia que lo llevan a desarrollar una extraña conexión con un universo paralelo llamado ‘Boo’ya Moon’ donde habitan seres extraños y de una belleza mortal.

En teoría, La historia de Lisey debería ser una de las series del momento: cuenta con un reparto de lujo que completan talentos como Joan Allen, Jennifer Jason Leigh y Dane DeHaan, con un director tan aclamado como el chileno Pablo Larraín (Jackie) a cargo de sus ocho capítulos, con un peso pesado como JJ Abrams como productor y con una novela inédita en la pantalla de Stephen King. Y, para ponerle la guinda, el propio escritor adapta el guion siendo la primera vez que realiza esta labor desde que escribiera la miniserie de El resplandor en 1997. En teoría debería ser apabullantemente maravillosa. Pero solo en teoría porque los dos primeros episodios disponibles nos descubren una serie tediosa, pérdida en su propia maleza artística, que juega con metáforas y secretos hasta el punto de ser incomprensible. Y en lugar de despertar curiosidad, nos termina dejando dormidos.

Stephen King escribió La historia de Lisey después de estar hospitalizado por una doble neumonía. Cuando estaba internado, su esposa Tabitha decidió que era momento de rediseñar su estudio y, al volver, al escritor le impactó ver sus trabajos y libros en cajas, pensando en su muerte e imaginándose cómo sería la habitación cuando él no estuviera. Y así comenzó a gestar la historia de otro escritor de éxito y las pistas que deja a su esposa en el camino hacia la comprensión de su propia existencia, dando como resultado una de sus novelas más románticas pero sin perder los elementos fantásticos y de terror que lo caracterizan como escritor. Más tarde, durante una sesión de preguntas y respuestas de Reddit en 2013 (vía Cinemablend), sentenció que era la favorita de todas las novelas que había escrito hasta el momento. Y si bien es posible que su opinión haya cambiado desde entonces, sí podemos sentenciar que estamos ante una de sus novelas más mimadas. Y él mismo quería llevarla a la pantalla.

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Así lo dijo previamente en 2017. "Me gustaría ver La historia de Lisey hecha en miniserie o serie limitada. Es una a la que me he aferrado porque podría intentar hacerla yo mismo" dijo a Yahoo! Movies, añadiendo que pensaba en reflotar el proyecto si otras series que se estaban gestando por entonces tenían éxito.

Y ahora, cuatro años después, repite a New York Times: "Me he aferrado a ella de la misma manera que te aferras a algo que amas", que nunca pensó que haría nada con la historia pero que "ama este libro", recordándonos aquellas declaraciones previas donde ya dejaba claro que, de hacerla, la haría él mismo.

Sabía que no podía adaptarla en forma de película porque es un “libro largo” con “muchas capas”, y le gustaba poder estirar la historia un poco más gracias al formato de las series. Afirma a la publicación que cuando se hacen adaptaciones suyas, si se hace un buen trabajo, puede decir que “estaba basado en mi material”, pero si la cosa sale mal, puede echarle la culpa a otro. Por lo tanto, en este caso, deberíamos decir que la culpa es suya.

Y para tratarse de un maestro del género que lleva décadas aterrorizándonos y cautivándonos con sus páginas, que su novela mimada falle en su narrativa televisiva, es tan impactante como decepcionante. Evidentemente las expectativas iban a estar altas, sobre todo cuando él no suele adaptar sus propias historias. Su visión debería ser la principal y la más efectiva, y en este caso aún más todavía si tenemos en cuenta que la novela ha ganado premios y es de sus favoritas.

Sin embargo, creo que es probable que la adoración que Stephen King siente por ella haya nublado su creatividad a la hora de presentar la historia a ojos nuevos. El escritor se enfoca demasiado en destacar los elementos esenciales, como son los secretos, lo fantasioso y la metáfora central sobre la salud mental, pero en su esfuerzo por destacar las claves más importantes de su obra, pierde la fluidez narrativa que necesita el formato audiovisual.

La narración visual es exquisita gracias a la sensibilidad en imágenes de un director como Pablo Larraín, pero la historia en sí misma -es decir, su guion- cojea constantemente al no terminar de desarrollar su trama con una corriente inteligible. Esto es habitual en sus historias. Ya sucedió en la fallida adaptación de The Stand de Amazon, en la flojísima En la hierba alta de Netflix o en la fracasada versión de La torre oscura, pero por lo general en la otra gran mayoría, varios guionistas y directores pudieron encontrar el punto de transformar las páginas en obras audiovisuales de disfrute general, como fueron las recientes dos entregas de IT, El visitante, Doctor Sueño, Mr. Mercedes, Castle Rock, etc.

Quizás hasta el propio Stephen King haya encontrado difícil adaptarse a sí mismo, pero creo que es probable que la auto adoración que siente por la historia haya nublado su poder creativo, dejándose llevar más por la pasión de aquello que él conoce internamente que por presentar una idea fresca y comprensible a ojos nuevos que desconozcan la novela. Lamentablemente, La historia de Lisey falla. Y no lo digo solo yo. La mayoría de las críticas circulan por la misma corriente negativa, al pecar de una dependencia exagerada sobre la novela y olvidar al espectador que no la conozca. El resultado es una serie tediosa y lenta, cuya narrativa petulante consigue perdernos en el camino.

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